El exmandatario ha sido declarado culpable de aceptar sobornos cuando era alcalde de Jerusalén, cargo que ocupó desde 1993 hasta 2003 y ha hecho historia en Israel al convertirse en el primer ex primer ministro encontrado culpable por este delito. Se le acusaba de recibir compensación económica por permitir la construcción del complejo Holyland en Jerusalén, un mamotreto antiestético de suelos de mármol y fuentes, para los residentes más pudientes.
El juez David Rozen ha condenado a diez de los trece acusados en el mayor escándalo de corrupción de la historia del país, que salpicó directamente al que fue primer ministro de Israel entre 2006 y 2009. La carrera política de Olmert terminó abruptamente en 2009, cuando se vio obligado a dimitir por el caso Holyland y otras acusaciones de corrupción de las que ha salido mucho mejor parado.

Rozen no admitió una solicitud por parte de los abogados de Olmert para retrasar el veredicto, aunque todavía no ha dictaminado cuál será la sentencia para el exmandatario, que podría enfrentarse hasta a 10 años de cárcel.

Entre las múltiples acusaciones por corrupción, varios testigos han asegurado que Olmert recibió más de 100,000 euros en sobornos por el complejo de Holyland, así como por haber asegurado jugosos descuentos en impuestos sobre la construcción a los contratistas.

Olmert ya se libró de acusaciones parecidas el año pasado después de que el juez le declarase no culpable de haber aceptado miles de dólares en efectivo de un empresario estadounidense para financiar su carrera política. En el llamado «Caso de los Tours Rishon» el ex líder también eludió la cárcel al ser hallado no culpable de estafar dinero público durante sus viajes en el extranjero.

El veredicto del juez Rozen parece haber puesto fin a la tan cacareada vuelta a la escena política de Olmert, que ya hizo un amago en las últimas elecciones, cuando dejó entrever que estaba planteándose crear un partido político.

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