Diario Judío México - El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se encontró, de pronto, reevaluando los crecientes vínculos de su gobierno con la República Islámica de – y antes de lo esperado.

Una de las razones por las que Turquía aceptó las demandas de y votó en contra de nuevas sanciones de la ONU, fue porque el gobierno iraní prometió que continuaría negociando con occidente. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que el Líder Supremo, Ali Khamenei, rompiera su promesa. Poco después de que la resolución de la ONU fuera aprobada, el líder iraní declaró, a través del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, que todas las negociaciones se suspenderían durante dos meses.

Esto ha enfurecido, claramente, a los turcos, que podrían no ser capaces de estar del lado de Teherán durante mucho más tiempo. ¿Y por qué habrían de estarlo? El gobierno de EE.UU. ya está respirando en el cuello de Erdogan, y se dice que el encuentro entre las dos partes en la cumbre del G-20 del mes pasado en Canadá fue tenso. Obama llegó tarde a la reunión, y no hubo declaración de prensa conjunta ni fotografías de ellos dos juntos.

Esto, además de otros informes de que EE.UU. canceló su participación en una reciente conferencia de seguridad regional en Turquía, apenas 12 horas antes de que comenzara.

El gobierno turco sabía de antemano que su decisión de respaldar a en la ONU, provocaría la ira de los estadounidenses. Sin embargo, esperaba que los méritos de su relación con Teherán compensaran eso y harían que esa política valiera la pena. La realidad prueba lo contrario. Los brasileños se dieron cuenta, poco después de aprobadas las sanciones, que no valía la pena defender la causa nuclear de . Los turcos, basados en la reacción de Washington y en el hecho que Teherán rompió su promesa de negociaciones, podrían muy bien llegar a la misma conclusión – y antes de lo que muchos esperaban.

Esto no significa que Turquía va a romper relaciones con Teherán, ni tampoco significa que se distanciará de por completo. Lo que sí significa es que Erdogan y su partido AKP, reducirán su apoyo a la causa de en la ONU. Dejarán de actuar como abogado y defensor de Ali Khamenei en Occidente, porque eso es lo que Khamenei quería de ellos todo el tiempo, y estaba dispuesto a pagar generosamente por ello, con un acuerdo de gas barato y con lucrativos contratos para las empresas turcas.

Ahora que serán impuestas nuevas sanciones por parte de las Naciones Unidas, así como por EE.UU. y la UE, al gobierno iraní le resultará más difícil comprar apoyo político en la ONU.

Una importante razón será la reducción en el valor de los incentivos iraníes. Hay pocos países en el mundo que, ahora, preferirían colocarse del lado de contra Occidente. Esto significa que será más difícil para Khamenei encontrar países de peso pesado, de los del Movimiento No Alineados (MNA) para respaldar su postura. Incluso Hugo Chávez no es tan vociferante como lo era antes; desairado por los lazos de con Brasil, no asistió a la reciente cumbre nuclear de Teherán.

Esto es sólo uno de los impactos de las sanciones. También hay implicancias nacionales. Algunos países, incluido Israel, han desestimado la última ronda de sanciones contra Irán. El gobierno iraní no lo ha hecho. Ahmadinejad ya ha comenzado una campaña de relaciones públicas nacionales para calmar los nervios. En una reciente entrevista, trató de minimizar el impacto de las sanciones, diciendo que EE.UU. e Irán no tienen relaciones económicas, por lo tanto la última ronda de sanciones no tendrá ningún impacto sobre la economía de Irán.

Esto es, por supuesto, erróneo. Aunque el comercio económico directo entre ambos países no es mucho, la nueva ronda de sanciones, sin embargo, golpeará duramente a la economía. Primero y principal, resultará más difícil para las empresas estadounidenses el usar a los Emiratos Árabes Unidos para vender sus productos a Irán. Esto se debe, en parte, al compromiso de los Emiratos Árabes Unidos de acatar las nuevas sanciones.

También está el sector petrolero. La industria petrolera iraní necesita cerca de 140 mil millones de dólares de inversión, durante los próximos 10 años, con el objeto de mantener su actual capacidad de producción. La nueva ronda de sanciones de EE.UU. y la UE, complicará la aptitud de la industria petrolera iraní para atraer la inversión que necesita para seguir funcionando. También les será mucho más costoso y difícil comprar equipamiento para este sector tan importante. Esta es una seria amenaza, una que, en el largo plazo, puede amenazar a la industria petrolera y, posiblemente, fundirla.

Armados nuclearmente o no, estos son peligros que los líderes de Irán pueden ignorar, sólo a su propio riesgo.

Meir Javedanfar es un analista iraní-israelí de y un colaborador habitual de RealClearWorld. Es coautor de “La Esfinge Nuclear de Teherán: Mahmoud Ahmadinejad y el Estado de Irán”.

Fuente:Guysen.com