Diario Judío México - Los carnavales son fiestas para romper los límites del decoro, del humor o de la tolerancia, pero en algunos casos pueden ir demasiado lejos. Eso empieza a pensar Bélgica​ de su antiguo  de Aalst, uno de los más renombrados del país y que se celebra desde hace al menos 600 años en esa ciudad flamenca de unos 130.000 habitantes. En la web que dedica a las fiestas, el Ayuntamiento dice que “todo es posible, todo está permitido”.

El gobierno belga ya teme que este año sea el que colme el vaso y Aalst se convierta en un escándalo internacional. En los últimos años crecen las críticas, sobre todo desde que se usaron caricaturas de judíos ortodoxos de narices aguileñas y sentados sobre unos sacos de oro. Una carroza centra tal atención que en Aalst esperan una gran concentración de medios de comunicación extranjeros, entre ellos la televisión pública israelí.

La polémica lleva años creciendo. La UNESCO amenazó con quitar esas fiestas de su lista del patrimonio inmaterial de la Humanidad y el Ayuntamiento contestó al organismo mundial de protección de la cultura diciéndole que de acuerdo, que los sacara de la lista.

La diplomacia israelí también mueve sus cartas. La Cancillería pidió al gobierno belga que hiciera algo para evitar la representación antisemita. Mientras, el alcalde, el nacionalista flamenco Christoph D’Haese, asegura que el tiene vocación de “reírse de todo. Nos reímos de la Iglesia (católica), de los reyes, de los judíos, de la política internacional, de los musulmanes. Es la libertad de expresión en su más amplia interpretación”.

Una imagen del controvertido de Aalst, Bélgica, en marzo de 2019. /AFP

El jefe del gobierno local dice que su ciudad no es antisemita y que en otras ocasiones se llegó a construir un muñeco que imitaba al jefe de su partido, Bart de Weber, y se le vistió de soldado nazi.

Bélgica condena penalmente la incitación al odio racial y el negacionismo que niegue o minimice crímenes contra la Humanidad como el Holocausto. Los expertos consultados por la prensa belga dicen que la carroza con las caricaturas de los judíos ortodoxos sentados sobre sacos de oro, por más polémica que sea, no cae en esos supuestos y sería absuelta en los tribunales por la defensa de la libertad de expresión.

El gobierno belga sí teme que la fiesta degenere y que la polémica atraiga a Aals a grupos de ultraderecha que alimenten un ambiente antisemita que quiere evitarse. En ese caso, y como la polémica estaba anticipada, sus organizadores sí podrían ser acusados de algo más que de tener mal gusto al verse envueltos en manifestaciones antisemitas.

La sátira política es parte central de de la ciudad belga de Aalst, como muestra esta imagen de 2019. /AFP

Yohan Benizri, presidente del Comité de Coordinación de las Organizaciones Judías de Bélgica asegura que teme las consecuencias del de Aalst. Para la diplomacia israelí, “en el siglo XXI, mientras el antisemitismo vuelve a crecer y a mostrar su fea cara, no puede haber ninguna tolerancia contra este fenómeno odioso”.

Jan Jambon, presidente de la región de Flandes y miembro del mismo partido que el alcalde de Alost (N-VA) visitó en enero el campo de exterminio de Auschwitz​. Entonces criticó las caricaturas de los judíos y pidió a los organizadores del Carnaval que tuvieran en cuenta los sentimientos de la comunidad judía. Este domingo empiezan los cortejos.

Bruselas, especial

FuenteClarín
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