Diario Judío México - Las guerrillas, las bandas criminales o neoparamilitares son, sin duda, un escenario poco adecuado para un menor. Pero es una realidad en muchas zonas de , sobre todo en las limítrofes con Venezuela, donde los grupos guerrilleros hacen de su fuerza la ley.

“Aquí es muy poca la fuerza pública, el Gobierno, el Ejército o la Policía vienen muy poco por acá. En cambio la guerrilla pasa mucho, ellos son amables, el trato con la población es muy diferente”, comenta Alirio Reyes, habitante de un pueblo en el departamento de Arauca.

La autoridad de este tipo de agrupaciones en ciertas áreas les permite, entre otras razones, reclutar a cada vez más adolescentes. Algo que reconocen abiertamente. El último en admitir esta situación ha sido el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Su comandante, Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, mencionó recientemente en una entrevista a un medio colombiano que en sus filas había menores de 16 y 17 años.

Solo entre 2012 y 2013, las FARC y el ELN habrían sumado a sus filas 1.387 menores de edad, según datos del Ministerio de Defensa colombiano.

Pero la situación más grave viene de mano de las bandas criminales emergentes (‘bacrim’). La Defensoría del Pueblo informó que por lo menos 4.500 menores estarían perdiendo su niñez al servicio de estas bandas, que surgieron como resultado de la desmovilización de paramilitares. No obstante, la cifra podría ser mayor, pues la cantidad de menores vinculados a estos grupos aún es indeterminada.

En la costa colombiana del Pacífico, en medio de suplicas el padre Ariel González, sacerdote en Buenaventura, pueblo con fuerte presencia de neoparamilitares pide a Dios que los armados dejen crecer a los pequeños en paz.

“Estamos hablando de menores de ocho, diez, doce años de edad que son vinculados a muchos grupos ilegales. Los ponen a hacer mandados, transportando cosas o simplemente informando”, afirma el padre Ariel.

Para Óscar Bermúdez, campesino residente en la zona, la pobreza es uno de los factores clave que empuja a los muchachos a integrarse en estas bandas.

“No hay ayudas de producción, no hay ayudas a los campesinos y entre más pobreza más se nos acaba lo poco que tenemos, entonces los jóvenes o se vuelven delincuentes, se van para la guerrilla o al Ejército. Mientras no haya un Gobierno que le ponga más interés al pueblo seguiremos en el mismo conflicto”, opina Bermúdez.

Asimismo representantes de gobiernos locales sostienen que los jóvenes son seducidos por la posibilidad de conseguir dinero rápido y fácil.

“El papá bien pobre no puede darle unos [zapatos] Nike, una moto, un reloj, todas estas cosas influyen mucho en la comercialización de los productos, y estos jóvenes son seducidos por todos estos lujos de la edad moderna”, explicó el secretario del Gobierno del Valle del Cauca, Jorge Homero Giraldo.

Circunstancias que se van sumando y que dejan tras de sí un rastro de infancias que difícilmente será un buen recuerdo cuando estos chicos sean adultos, si es que llegan a esa edad para contarlo.

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