Una comunidad de judíos ortodoxos, expulsados de un pueblo indígena de Guatemala en 2014, se mudó este domingo de la capital a un municipio en el este del país tras denunciar una persecución por apegarse a su religión, informó uno de sus líderes.

Uriel Goldman, rabino estadounidense de la comunidad Lev Tahor, dijo a la AFP que apresuraron su traslado luego de un allanamiento realizado por fiscales y policías el pasado 13 de septiembre a un edificio y otros inmuebles que habitan en la periferia sur de Ciudad de Guatemala.

Las autoridades explicaron que el operativo se realizó a petición del gobierno de Israel en búsqueda de una niña que tenía prohibición de salir de su país y determinar si habían casos de maltrato infantil, lo que fue tomado por la comunidad como un hostigamiento por sus creencias.

"No podemos aguantar más. Ahora vamos a estar tranquilos, vamos a empezar de nuevo", explicó Goldman, líder de medio millar de judíos ortodoxos originarios de Guatemala, El Salvador, México, Francia, Canadá, Estados Unidos, Israel, Bélgica y Alemania, entre otras nacionalidades.

El grupo se establecerá en el municipio de Oratorio, 50 km al este de Ciudad de Guatemala, donde se han empezado a construir viviendas en un terreno adquirido por la comunidad pero por el momento pernoctarán en tiendas de campaña.

Afuera del vetusto edificio que habitaron por casi dos años, se encontraban al menos siete autobuses y un furgón cargado con camas, lavadoras y otras pertenencias.

"Todas la acusaciones (sobre abuso de niños) son falsas. Es una intimidación bárbara", agregó el guatemalteco David Sandoval, otro miembro de la congregación que incluye a 150 menores de edad.

La comunidad de judíos ortodoxos se estableció en la capital en septiembre de 2014 tras ser expulsados del municipio maya de San Juan La Laguna, 75 km al oeste de la capital en la ribera del turístico Lago de Atitlán, donde tuvieron varios conflictos con pobladores.

Según los lugareños, los judíos actuaban de forma "prepotente", no correspondían al saludo y en algunas ocasiones irrespetaron las costumbres locales de velar a los muertos.

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