El que fuera catedrático de Historia Moderna de la Universidad de y experto del mundo judío en la provincia falleció este fin de semana a los 92 años

“Una buena persona y un sabio en su materia, un hombre afable, cercano, un erudito que compartía sus inmensos conocimientos con quien le solicitaba colaboración”.

Así recuerda Rafael Cámara, presidente de la asociación sociocultural Iuventa y uno de los referentes jiennenses en el estudio del mundo judío, al profesor tinerfeño Tejadafallecido el pasado sábado, a los 92 años, según informan desde la Academia Bibliográfica Mariana Virgen de la Capilla, de la que el docente era numerario.

Como confirma a este periódico su hijo Alejandro Coronas Vida, el entierro del respetado historiador se celebró ayer en el cementerio de San Fernando. La familia celebrará una misa de exequias mañana martes, en la parroquia de Santiago, a las ocho de la tarde. 

Una figura trascendental para aproximarse al universo judío de Andalucía en general, y de la provincia de en particular, que jugó un papel fundamental para la recuperación de la de la capital:

“Desde el minuto 1 apoyó su recuperación; fueron muchas décadas de investigación, era un señor que se perdía en los archivos a investigar, de hecho su trabajo de investigación ahora es valiosísimo, ha dejado un material importantísimo”, sentencia Cámara.

“Una pérdida importante para Jaén”, valora el presidente de ‘Iuventa’ acerca del que fuera primer profesor emérito de la Universidad jiennense, director de la Escuela de Magisterio entre 1958 y 1972 y a quien la ciudad le reconoció al rotular una calle del Bulevar con su nombre.

Casado con Araceli Vida, padre de tres hijos y abuelo de seis nietos… Fue autor de una copiosa y rigurosa bibliografía con los judíos y su devenir en el Santo Reino como protagonistas, y a sus investigaciones se debe el conocimiento de la presencia de Miguel de Cervantes en a finales del XVI.

Académico de la Historia, consejero del Instituto de Estudios Giennenses, pregonero de la Semana Santa, su pérdida viste de luto la Universidad, la cultura de aquí y la Judería, el ensolerado barrio donde se erige la Santa Capilla, la que fuera su cofradía: “ era uno de sus grandes amores, y lo demostró con creces, ojalá que no lo olvide nunca”, concluye su nuera Bellabel Garrido Hornos.