Diario Judío México - A pesar de que gran parte de la población de los países en desarrollo está involucrada en la agricultura, la seguridad alimentaria está prácticamente fuera de su alcance. A menudo, el único recurso es la compra de una vaca, un búfalo, u ovejas, para proporcionar un suministro constante de leche fresca, elemento básico nutritivo de una dieta diaria, pero ¿Cómo conservarla de forma segura? La refrigeración y ebullición son costosas y frecuentemente imposibles, debido a la esporádica electricidad.

Las respuestas pueden encontrarse en una nueva investigación sobre tecnología de la Universidad de Tel Aviv, que considera que los campos eléctricos pulsados cortos se pueden utilizar para matar las bacterias de la leche. A través de un proceso llamado electroporación, las membranas celulares bacterianas se dañan selectivamente. De acuerdo con el investigador principal, el Dr. Alexander Golberg, de la Escuela Porter de Estudios Ambientales de la UTA, la aplicación de este proceso, de forma intermitente, impide la proliferación de bacterias en la leche almacenada, potencialmente aumentando su vida útil.

Según el estudio, los campos eléctricos pulsados son una tecnología emergente en la industria alimentaria que han demostrado que sirven para matar con eficacia múltiples microorganismos nacidos de alimentos y podrían proporcionar un proceso de pasteurización alternativo no térmico. La leche almacenada se expone periódicamente a alta tensión y los campos eléctricos pulsados cortos, matan a las bacterias. Requiere que la energía provenga de fuentes convencionales o del sol. La tecnología es tres veces más energía-eficiente que hirviendo y casi dos veces más eficiente que la energía para refrigeración.

Una alternativa para los países más pobres.
“Estamos en una búsqueda constante de nuevas tecnologías, libres de químicos y de bajo costo para la conservación de la leche, especialmente para los pequeños agricultores de los países de bajos ingresos”, dijo el doctor Golberg. “Para 1,500 millones de personas sin acceso adecuado a la electricidad, la refrigeración no es una posibilidad y la ebullición no conserva la frescura de la leche con el tiempo”.

En los países desarrollados, el crecimiento de bacterias en la leche se evita con la refrigeración, pero ciertos patógenos como Listeria monocytogenes son menos sensibles a bajas temperaturas, por lo que pueden proliferar durante el transporte y el almacenamiento. “Frigoríficos ralentizan el metabolismo de las bacterias, pero los campos eléctricos pulsados los matan”, dijo el doctor Golberg. “Se trata de un enfoque fundamentalmente diferente al control de microorganismos durante el almacenamiento.

“Nuestro modelo muestra que la tecnología de los campos de la conservación eléctrico- pulsante, no requiere un suministro constante de electricidad, sino que puede ser alimentado por sólo 5.5 horas al día, usando pequeños paneles solares caseros”, dijo el doctor Golberg. “Creo que esta tecnología puede proporcionar un sistema de conservación de la leche robusta simple, y energía-eficiente que disminuya la cantidad de leche perdida, aumentando así los ingresos de los pequeños agricultores en los países en desarrollo”.

El Dr. Golberg está explorando alianzas con organismos interesados para desarrollar un dispositivo práctico y económico para reducir el desperdicio de alimentos y aumentar los ingresos de los pequeños agricultores.

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