La violencia cala en la sociedad británica. A los incidentes en numerosos barrios periféricos y los repetidos ataques con ácido a manos de bandas de delincuentes se unen ahora los crímenes de odio contra la comunidad judía. Un fenómeno que no tiene cabida en los titulares de las grandes cabeceras y en los discursos de las autoridades, pero que se encuentra actualmente en máximos históricos tras crecer por tercer año consecutivo.

Un informe del National Antisemitic Crime Audit muestra el aumento de los crímenes de odio en un 44% desde 2014, aunque sin duda el año más conflictivo ha sido 2016, cuando se registró un 15% de casos más que en 2016. La violencia es palpable en la sociedad británica, el choque multicultural en muchas zonas es demasiado pronunciado y, sumando los datos arrojados en todo el país, más de 1050 judíos sufrieron agresiones por el mero hecho de profesar su Fe.

A pesar de los datos, el número de denuncias y procesamientos por estos ataques apenas llega al 1%. El Ministerio del Interior, que lanzó un comunicado tras conocerse los resultados del informe, ha anunciado que se realizará una revisión de todos los casos para ver si “se han producido errores en el protocolo de actuación”.

Gideon Falther, presidente de la campaña contra este tipo de violencia, culpó de la situación a los cuerpos de Seguridad: “Las promesas están vacías. Nadie hace nada por ayudarnos y mientras tanto los judíos británicos estamos soportando niveles intolerables de odio”.

La realidad es que el está creciendo en al tiempo que el islam obtiene preeminencia en la sociedad. Según la organización benéfica Community Security Trust, en 2016 hubo tres episodios de este tipo al día, un 36% más de ataques que el año anterior.

Ataques con ácido en 90 minutos

Un joven británico de 16 años negó ante un tribunal haber perpetrado el pasado jueves seis ataques con una sustancia corrosiva en un período de 90 minutos en varios puntos de Londres.

El adolescente, que no puede ser identificado por su edad, fue detenido por la Policía el mismo 13 de julio por supuestamente haber rociado con ácido a sus seis víctimas desde una motocicleta, con el presunto móvil del robo.

Otro joven de 15 años, que fue arrestado el 14 de julio en relación con los ataques y que se cree que iba sentado detrás en la moto, ha sido puesto en libertad vigilada a la espera de comparecer en una audiencia judicial en agosto.

El chico, que este martes ha negado su participación en los ataques ante un tribunal juvenil en el barrio londinense de Stratford, ha sido acusado de trece delitos.

Entre estos figuran cargos de agresión grave intencionada, posesión de un objeto para descargar una sustancia nociva, robo e intento de robo.

Según los investigadores, desde su motocicleta de baja cilindrada el joven atacó a seis varones que también iban en moto -algunos eran repartidores- rociándoles en la cara con un espray, una sustancia corrosiva, supuestamente para robar sus vehículos.

El sospechoso, residente en Croydon, sur de Londres, y que se personó acompañado de su hermana, permanecerá en prisión preventiva hasta la próxima vista, que tendrá lugar el 14 de agosto.

Los ataques con ácido u otras sustancias corrosivas han aumentado en los últimos meses en , especialmente en Londres, lo que ha motivado una revisión de la legislación vigente por parte del Gobierno.

La ministra del Interior, Amber Rudd, adelantó este lunes en un artículo periodístico que pedirá a las autoridades competentes que analicen si pueden aumentarse las penas de cárcel para este tipo de delitos, planteándose incluso la cadena perpetua.

Las medidas para combatir estos crímenes se centrarán en revisar su tipificación, para que las sustancias usadas -amoníaco, lejías o ácidos- puedan clasificarse como “armas peligrosas”, restricciones en su venta y más apoyo a las víctimas, que a menudo quedan desfiguradas.

“Queremos asegurarnos de que quienes cometen estos terribles delitos sienten todo el peso de la ley”, escribió Rudd.

Según datos de la Policía, en los seis meses hasta el pasado abril se han cometido en Inglaterra y Gales unos 400 ataques con ácido, si bien el tipo de delito al que acompaña varía. Puede tratarse de un robo, ataques racistas, agresiones sexuales o incluso crímenes de “honor” (contra mujeres que supuestamente han deshonrado a sus familias).

Los expertos consideran que los ataques con ácido han proliferado porque son sustancias accesibles en tiendas e incluso en el hogar y hasta ahora su uso tenía menos consecuencias que el de otras armas, como los cuchillos.

No obstante, la jefa para ataques con sustancias corrosivas del Consejo Nacional de Jefes de Policía, Rachel Kearton, declaró a la BBC que, aunque se ha incrementado, el número de agresiones con ácido es porcentualmente “diminuto” comparado con los delitos cometidos con, por ejemplo, cuchillos.