Diario Judío México - ‘Antes del Anschluss, los austríacos ya llevaban la insignia nazi oculta en la solapa de la chaqueta’. Marko Feingold, superviviente del de 104 años, cuenta la anexión de su país por Hitler en 1938. Y el antisemitismo de posguerra.

‘El antisemitismo ya estaba muy presente en los años 1920’. Había tal pobreza ‘que 80% de los austríacos celebraron el Anschluss’, recuerda este hombre nacido antes de la Primera Guerra Mundial y que todavía preside la comunidad judía de Salzburgo (oeste).

Para huir de la miseria él se fue a vivir a Italia en los años 1930. Marko Feinglod estaba en Viena para realizar unos trámites administrativos cuando las tropas alemanas entraron triunfalmente en la capital. Fue el 13 marzo, hace 80 años.

Con 24 años no tenía ‘ni la más mínima idea’ de lo que se avecinaba. La ciudad rezumaba una euforia propia del carnaval.

Pronto se dio cuenta de la cruda realidad. ‘Dicen que fue la que ocupó . En realidad fueron las austríacas las que ocuparon a los alemanes. Cada soldado tenía enjambres de mujeres a su alrededor’.

– ‘Tres meses de vida’ –

A partir del 13 de marzo las cosas se complican. ‘La Gestapo vino a detener a mi padre, que figuraba en una lista elaborada de antemano porque era sospechoso de actividades políticas. Como él no estaba, me llevaron a mí y a mi hermano’.

Nos pegaron y al cabo de tres semanas nos dejaron en libertad con la orden de abandonar el país.

Después de varias peregrinaciones fueron detenidos en Praga y deportados a Auschwitz en 1940. ‘De aquella, los trenes se detenían a dos kilómetros del campo. Hubo que caminar bajo los culatazos de las SS. Me dijeron que me quedaban tres meses de vida. Era verdad: al cabo de dos meses y medio estaba a punto de morir de agotamiento cuando por suerte forme parte de un convoy con destino a Neuengamme’.

Marko Feingold, con número de matrícula 11.996, fue trasladado más tarde a otros dos campos de concentración, Dachau y Buchenwald, donde salvó la vida por ser albañil.

La liberación del campo por los estadounidenses en abril de 1945 no supuso su regreso a Viena. ‘En el campo había (personas de) 28 naciones. Todas pudieron irse salvo los austríacos que tuvieron que quedarse en Buchenwald hasta mayo’.

– ‘Los judíos, no’ –

Cuando intentó volver a la capital con otros 127 supervivientes, se le impidió transitar por la zona de ocupación soviética.

‘Un soldado ruso nos dijo que tenía órdenes de no dejarnos pasar: el nuevo canciller (socialdemócrata) Karl Renner había dicho: ‘No aceptaremos de vuelta a los judíos’, asegura.

Marko Feingold, único superviviente de su familia, se estableció en Salzburgo, en zona estadounidense. Desde allí creó una red que hasta 1947 permitió a ‘100.000 judíos emigrar a Palestina’ a través de Italia.

‘Había que confabularse con las autoridades de ocupación, pero con los austríacos no hacía falta, estaban contentos de que los judíos se fuesen, tenían demasiado miedo de que regresaran’.

El antisemitismo era omnipresente en el país, que al contrario de , se acomodó mucho tiempo en el papel de ‘víctima’ del Tercer Reich, sin querer ver su rol en el . ‘Tuve que justificarme ante funcionarios exnazis por mi situación administrativa durante mi deportación’, asegura Marko Feingold.

Además ‘imposible encontrar trabajo. Alguien que volvía de los campos (de concentración) era forzosamente un criminal. Tuve que trabajar por cuenta propia’. Creó en Salzburgo un comercio de ropa que prosperó.

Y es que Marko Feinglod se negó a emigrar. ‘Me han hecho esa pregunta miles de veces. Y cada vez contesté: ‘Iré a el día que vosotros (católicos) vayáis a Roma”.

– Una oportunidad para Kurz –

Y testifica, una y otra vez, sobre lo ocurrido, como si fuese una promesa hecha en Auschwitz. A pesar de su avanzada edad encadena las conferencias e intervenciones en los colegios. ‘Creo que en total habré hablado ante medio millón de personas’, estima.

¿Resultado? ‘Sigue habiendo antisemitismo, aunque la gente no sabe por qué es antisemita. Pero tengo la sensación de que recula en las grandes ciudades’.

La comunidad judía de Salzburgo tenía 600 miembros después de la guerra. Ahora unos 30. En los años 1960, ‘muchos emigraron porque estimaban que sus hijos no hallarían su lugar en ’.

A finales de los años 1970 hubo un cambio. ‘Desde esa época, me cubren literalmente de honores oficiales’, afirma Marko Feingold.

El próximo será el 28 mayo, cuando el joven canciller conservador Sebastian Kurz y el vicecanciller de extrema derecha Heinz-Christian Strache (jefe del partido FPÖ) le reciban por su 105 cumpleaños.

La comunidad judía de Viena decidió boicotear a los dirigentes de este partido creado por antiguos nazis, pero Feingold cree que ‘siempre está bien hablar con la gente y darle una oportunidad’.