Diario Judío México - El primer ministro Binyamin Netanyahu recibió el encargo de formar gobierno, en un acto solemne y para nada digno de las teorías conspirativas y acusaciones que le precedieron. El presidente, Reuven Rivlin, llevó a cabo un proceso completamente transparente de consultas, y finalmente depositó nuevamente en Netanyahu la responsabilidad de regir el destino de todos los israelíes durante los próximos cuatro años.

La gran mayoría de los medios israelíes destacan desde entonces, el contraste entre las denuncias de Netanyahu – que llevó a hablar de la “conspiración del siglo” y acusó a Rivlin de estar buscando “cualquier excusa para encargarle la formación de gobierno al partido Azul y Blanco – y lo que sucedió en realidad.

Más allá de todo eso, Netanyahu tiene ahora por delante 28 días – con una posible extensión de 14 – para formar su quinto gabinete y seguir adelante.

Contrariamente a lo que se podría pensar a simple vista, a pesar de que cuenta con una mayoría de 65 diputados del bloque de derecha, no parece que las negociaciones que le esperan vayan a ser simples o libres de obstáculos.

En primer lugar está el antagonismo entre el partido Beitenu, de Avigdor Liberman, y los ultraortodoxos Yahadut Hatorá y Shas. Los temas conflictivos entre estas dos partes pasan por religión y Estado, especialmente la Ley de Enrolamiento a las Fuerzas de Defensa de .

Liberman busca compensar una tendencia a imponer normas religiosas, que podría darse en el próximo gobierno debido a que los partidos ultraortodoxos aumentaron su fuerza en estas y cuentan con 16 escaños. Además, el ministro de Defensa exige la aprobación de la Ley de Enrolamiento en el formato en que habían presentado el ejército y ese ministerio cuando él estaba a cargo de esa cartera.

Avigdor Liberman también exige la concreción de la reforma en la explanada del Muro de los Lamentos para todas las corrientes religiosas y la aprobación de la Ley de Conversiones, “sin que se le cambie una sola coma”. Lo cierto es que su partido ganó en estas 5 escaños, sin los cuales Binyamin Netanyahu no tiene posibilidades de formar gobierno, especialmente después de que La Nueva Derecha de Naftali Bennett y Ayelet Shaked quedará afuera.

Cabe suponer que la satisfacción de Liberman es doble, no sólo por el hecho de estar en la posición ideal para hacer cumplir sus demandas sino también por la estrepitosa caída de Naftali Bennett, que lo “ametrallaba” con críticas constantes, públicas y sonoras, especialmente contra su labor como ministro de Defensa y su desempeño para preservar la seguridad del país. Bennett aseguraba saber más y mejor sobre qué había que hacer con Hamás y la Franja de Gaza, pero no logró convencer a Liberman, ni tampoco a los votantes.

Algunos obstáculos (más) camino a la formación del nuevo gobierno

Quien creía que iba a estar en una situación electoral por la que tendría en sus manos la llave del próximo gobierno era Moshe Kahlon, el actual – y al parecer próximo – ministro de Finanzas, que logró en estas apenas 4 mandatos. Kahlon se perfilaba como quien pondría punto final al gobierno de Netanyahu en el momento en que la justicia presentara – si lo hace – demandas por delitos de soborno, fraude y abuso de confianza, después de la audiencia prevista.

Kahlon fue el único líder de los partidos de derecha que dijo durante la campaña que no seguiría formando parte de la coalición si Netanayhu finalmente es demandado, pero ahora quedan 61 diputados sin los suyos y – aunque ajustada – ésa es una mayoría con la que Netanyahu ya demostró que puede sobrevivir en el gobierno.

Betzalel Smotrich, de la Unión de Partidos de Derecha, una fusión de partidos de extrema derecha y ultranacionalistas, es quien está impulsando la aprobación de una ley que otorgue a Binyamin Netanyahu inmunidad – incluso en forma retroactiva para los casos en que ya fue acusado – de modo que no tenga enfrentar cargos y juicios mientras ejerza el cargo.

Y una vez que esté formada la coalición y llegue el mes de junio, asomará otra nube negra: el rechazo al plan de paz del presidente norteamericano Donald Trump. En el entorno de Trump ya anunciaron que su propuesta requerirá “concesiones dolorosas” de todas las partes y en el entorno de Netanyahu – más precisamente de la extrema derecha ultranacionalista – anunciaron al mismo tiempo que no estarán dispuestos a hacer concesiones y menos aún territoriales.

En ese momento Binyamin Netanyahu se enfrentará a la continuidad de su excelente relación con Trump y todas las deudas que tiene pendientes con quien reconoció a Jerusalem como capital y trasladó su embajada e incluso proclamó la soberanía israelí sobre el Golán, entre otras cosas. Del otro lado estarán sus socios en el gobierno y todos ellos esperarán que el rechazo palestino al “Acuerdo del Siglo” de Donald Trump sea instantáneo y les ahorre los dilemas y el desplante a Donald Trump, “el mejor amigo de ”.