Diario Judío México - El presidente polaco, Bronislaw Komorowski, abrió hoy las conmemoraciones del septuagésimo aniversario del alzamiento de Varsovia contra la ocupación nazi, la mayor insurrección ciudadana de la II Guerra Mundial y en la que murieron 200.000 personas, en su mayoría civiles.

Además de los cientos de miles de muertos, los dos meses de combates que siguieron a la insurrección dejaron la capital polaca arrasada.

El jefe de Estado polaco condecoró a algunos de veteranos que participaron en el alzamiento, que arrancó en el verano de 1944 con acciones organizadas de la resistencia y el apoyo de miles de civiles.

“La actual libre y el resto de Europa deben a estos hombres lo que son hoy día”, afirmó Komorowski, quien incluyó en su discurso una referencia a la defensa de la integridad territorial de Ucrania y a la importancia de que la exrepública soviética continúe su acercamiento a la UE.

Durante los 63 días que duró la revuelta (aunque los rebeldes polacos estaban equipados para combatir no más de una semana), el ejército soviético, apostado en las cercanías de Varsovia y teórico aliado de los sublevados, apenas si ayudó a los insurrectos, que se vieron solos ante las fuerzas de ocupación nazis.

Los actos comenzaron junto a las tumbas de dos de los líderes de la revuelta, el general Tadeusz Komorowski, alias “Bora”, y el coronel Aleksander Krzyzanowski, alias “Lobo”.

El presidente depositó ahí una corona de flores rodeado de veteranos, jóvenes boy-scout, representantes de asociaciones históricas, Fuerzas Armadas, policía y sociedad civil.

A lo largo del día se realizarán otras ofrendas en las tumbas de dirigentes de la insurrección, y a las 17.00 horas el sonido de las sirenas y un minuto de silencio paralizarán la ciudad para marcar la llamada “Hora-W”, la hora exacta en la que los habitantes de Varsovia se levantaron en armas contra la ocupación nazi.

En ocasiones la insurrección ha sido criticada al considerarse que se pagó un alto precio por un acto heroico llamado desde el principio al fracaso, y que de hecho se saldó con la derrota, el aplastamiento de los sublevados y la destrucción de la ciudad como represalia.

Sin embargo cada vez son más los jóvenes que afirman sentirse orgullosos de cómo la ciudad se enfrentó al nazismo sin ayuda exterior, como un ejemplo de valor, honor y lucha por la libertad.

 


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