Diario Judío México - El Parlamento de definió a Karski, que falleció en Washington en 2000, como “uno de los héroes polacos del siglo XX”.

Karski puso en riesgo su vida para informar de lo que sucedía bajo la ocupación nazi, especialmente de los crímenes perpetrados contra la población judía, y llegó a pedir al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, el bombardeo de las líneas férreas que alimentaban el campo de concentración de Auschwitz con nuevos prisioneros.

Jan Kozielewski (éste era su verdadero nombre, ya que Karski fue sólo su apodo durante la guerra) nació en Lódz, en el centro de , en 1914, en el seno de una familia numerosa de gran tradición católica, y después de graduarse en Derecho y Diplomacia sirvió como diplomático hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, cuando fue enviado al frente.

En 1940 se hizo pasar por soldado raso para evitar la masacre de Katyn, donde más de 20.000 oficiales polacos fueron asesinados por orden de Stalin.

A partir de entonces se unió a los insurgentes polacos y sirvió de enlace entre estos y el Gobierno polaco en el exilio.

Karski estuvo cerca de la muerte en varias ocasiones, especialmente cuando fue apresado por la Gestapo cuando intentaba atravesar la frontera polaca y fue torturado hasta que la resistencia logró rescatarle.

Su necesidad de contar al mundo lo que sucedía en la ocupada le llevó a infiltrarse dos veces en el gueto de Varsovia, y también se hizo pasar por un guardia del campo de tránsito de Izbica, donde fue testigo de cómo los judíos eran conducidos hacia la muerte.

Karski relató las atrocidades cometidas contra los judíos al ministro de Exteriores británico, Anthony Eden, al presidente Roosevelt y al juez del Tribunal Supremo de EEUU Félix Frankfurter, a quienes instó a tomar medidas para acabar con los campos de concentración.

Su heroísmo fue reconocido con la medalla a la Libertad de Estados Unidos y el título de “Justo entre los Justos” concedido por el Gobierno de a quienes se destacaron por su apoyo a la nación judía.

Hoy el museo de Historia de Varsovia recuerda la figura de este polaco, que tras el final de la II Guerra Mundial abandonó la ocupada por los comunistas y emigró a Estados Unidos, donde fue profesor de la universidad de Georgetown hasta su muerte.