En la última década, un creciente número de palestinos de Jerusalem del Este, Israel, han atravesado el largo proceso de convertirse en ciudadanos israelíes, según informaron investigadores y abogados. Parte de esto refleja la pérdida de esperanza de tener un estado palestino independiente, pero también muestra un fuerte pragmatismo – el saber que tener la les facilitará obtener trabajo, mudarse, viajar al exterior y recibir acceso a servicios.

En Jerusalem del Este, que capturó de Jordania durante la Guerra de de 1967 y luego anexó, emite identidades palestinas complejas. Mientras que considera que la ciudad es parte del país, los estimados 300.000 palestinos que viven allí no piensan esto. Por ende, solo portan identificaciones que les dan un status de residentes permanentes pero no una ciudadanía. Mientras que pueden intentar conseguirla, la mayoría se niega a hacerlo.

Los funcionarios israelíes se niegan a confirmar cifras, pero datos obtenidos por el Instituto de Estudios de de Jerusalem indican un salto en la última década que va de 114 pedidos en el 2003 hasta entre 800 y 1.000 este año, de los cuales la mitad son entregadas con éxito. Encima de eso, cientos han pedido comenzar con el proceso formal.

Cifras del Ministerio del Interior de muestra que hubo 1.434 pedidos entre el 2012 y el 2013, de los cuales se aprobaron 189, 1.061 todavía están siendo procesados y 169 fueron rechazados. El resto se encuentra en un limbo.

Los palestinos que piden la ciudadanía no suelen hablar de ellos. La jura de lealtad no es algo fácil para ellos. “Me sentía mal, muy mal. Solo quería vivir mi vida. Al final del día la política no lleva a ningún lado”, dijo una maestra palestina de 46 años que juró hace un año. A pesar de sus reservas ella sabía que era lo correcto para su carrera y estabilidad.