Luego de varios elogios tras su muerte a los 96 años, la reina Isabel recibió otro muy particular. El barón David Wolfson usó un nuevo método para hablar sobre el significado del deceso: explicar un pilar del misticismo judío.

En un discurso de seis minutos en la Cámara de los Lores, un conservador que se desempeñó como ministro de justicia bajo Boris Johnson, guió a sus compañeros mediante varios aspectos de la tradición judía. En estos, se incluye la gematría, la práctica judía de encontrar significado a través del valor numérico de las palabras.

Primero discutió el término “mitzvá”, o buena acción, de esta manera: “Su difunta majestad pasó toda su vida haciendo lo correcto. Y no solo porque le dio la gana, o porque el estado de ánimo la tomó”, dijo. “Pasó sus 96 años haciendo lo correcto día tras día, fuera de un sentido del deber”.

Luego Wolfson se deslizó en el reino mágico de gematría, desarrollado por practicante de Cabalá y señaló que la suma de las letras hebreas que componen “mitzvá” suman 96. “En una de esas coincidencias, que tal vez no lo sean, el valor, el valor numérico de la palabra hebrea tzav, la raíz de la palabra mitzvá es 96 — 96 años de tzav, de deber, y también de mitzvá de hacer lo correcto, porque ese es su deber”, agregó Wolfson.

“Hemos cerrado un libro, un libro largo y bueno que hemos tenido con nosotros durante tantos años. Y estamos a punto de abrir otro”, amplió el abogado que estudió en su juventud en una jeshivá en Jerusalén. “Y todos oramos para que Dios salve a nuestro Rey. Yo también oraré para que él también pueda disfrutar de un reinado de mitzvá de hacer lo correcto, porque ese ahora es su deber”.

Y siguió su discurso: “Entonces, mañana, por primera vez en mi vida, no rezaremos en la sinagoga por el Príncipe Carlos, sino por el Rey Carlos. Empecé ayer como consejo de la reina y lo terminé como consejo del rey».

Por último, señaló lo siguiente: “Su Majestad no se inmutó. Pensé, ‘Ahí estoy yo, un hijo de un inmigrante en este país, coinvirtiéndome en miembro del Consejo Privado’. Y pensé para mí mismo, ‘qué honor y qué país meritocrático tenemos’”.