Un mundo sin palabras: el científico judío que buscaba un cambio radical en el lenguaje

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La verdad es que, sin instrucción, es difícil.

Y, sin embargo, en 1971, una profesora de niños con parálisis cerebral descubrió que era un lenguaje mucho más fácil para ellos que cualquier otro método de comunicación.

Había sido desarrollado varias décadas antes por un ingeniero químico cuyo sueño había sido reducir el odio en el mundo y lograr nada menos que la paz mundial usando sus códigos.


La experiencia le había demostrado que las palabras se podían manipular hasta convertirlas en herramientas letales, así que pensó que lo mejor era reemplazarlas por símbolos tan sencillos que cualquier persona de cualquier lugar y edad pudiera comprender su verdadero significado.

El nombre de este ingeniero químico era Karl Kasiel Blitz.

“Nací el 5 de septiembre de 1897 en una Babel de la antigua Austria donde 20 nacionalidades diferentes se odiaban porque pensaban y hablaban en diferentes idiomas”, dijo en un discurso en la Biblioteca Nacional de Australia en 1971.

“Desde mi temprana infancia quise inventar algo que pudiera ayudar a la humanidad”.

En 1938 Hitler invadió Austria y me llevaron a los campos de concentración de Alemania. Más que nunca, me di cuenta de que nuestra humanidad necesitaba una nueva idea para superar los desastres causados por el lenguaje“.

Para ilustrar cuán peligrosas eran las palabras, citaba tres en áleman: “Deutschland über alles” o “Alemania por encima de todo“.

Es la primera línea de un poema escrito en 1841, que se convirtió en el himno de Alemania en 1922.

Recordaba haber escuchado la frase para expresar una visión de unidad y paz; había sido un llamado a que todos los principados separados se reunieran en un sólo país.

“Alemania por encima de todo” significaba que la nación estaba sobre los estados, que era más importante que cada fracción.

Pero luego vio cómo los nazis convirtieron esa frase en un eslogan sobre la superioridad racial y dominación: Alemania por encima de todos.

De la oscuridad al lugar donde sale el Sol

Esos nazis lo marcaron de por vida.

Cuando lo visité en Australia en 1980, me dijo que aún se despertaba en medio de la noche empapado en sudor y gritando, pues seguía en (los campos de concentración) Dachau y Buchenwald“, contó su amigo y discípulo Brian Stride en el documental de la BBC “Symbols of Bliss”.

“En la pared de su habitación había un brazalete de las SS real montado en un marco de fotos. Al lado había una foto de una larga fila de prisioneros de campos de concentración con palas marchando hacia algún lugar de trabajo distante.

“Me vio mirándolos y dijo: ‘Sí. Los tengo allí para recordarme que no importa cuán difícil sea la vida, nunca lo será tanto como ese momento’.

“Todo lo que hizo vino de esa experiencia”.

Pero antes de hacer todo lo que hizo, tuvo que salir de Buchenwald, algo que logró en parte gracias a que era un virtuoso tocando la mandolina.

Un guardia amante de la música quedó tan impresionado que secretamente le permitió que consultara a un abogado que, trabajando con su futura esposa, Claire, logró sacarlo.

En 1939 voló a Londres y pasó su primera noche de libertad en el Ejército de Salvación.

“Un rey no podría tener una cama más lujosa”, escribió. Pero despertó preso del afán de salvar a Claire quien, aunque no era judía como él, no la estaba pasando bien.

Primero tuvo que superar un curioso obstáculo.

Había llegado justo con el Blitz, como se le llamaba a los bombardeos sostenidos de la Alemania nazi a ciudades importantes de Inglaterra.

“Los británicos me dijeron que no podía ir por ahí con un nombre como Blitz, así que cambié el bélico Blitz por el pacífico Bliss”; de ahí en adelante, se llamaría Charles Bliss, que, en inglés, significa felicidad.

Los nazis hicieron imposible que Claire viajara para estar con él en Londres.

Bliss pasó meses yendo a varias embajadas, tratando de encontrar un país que los recibiera. Fue rechazado por todos.

Finalmente, encontró la solución: Shanghái, un Arca de Noé moderna que, cuando la mayoría de los países del planeta restringían la entrada a los judíos que intentaban huir de los nazis, fue uno de los pocos lugares que los recibió sin necesidad de visa.

Y allí, en China, en 1942, encontré mi propósito en la vida“, contaría después.

Sin palabras

Bliss quedó embelesado con el chino escrito.

“Vi la nación más grande de la Tierra, constituída por una mezcla de muchas tribus y razas que hablaban diferentes idiomas. Su vínculo común era una escritura única”.

Algunos de los logogramas de esa escritura tienen cualidades pictográficas, y fue el símbolo de ‘hombre’ lo que provocó la epifanía de Bliss.

Pensó que se parecía a un hombre y se dio cuenta de que sin siquiera saber cómo se decía ‘hombre’ en chino, entendía el concepto: se estaba saltando la palabra y yendo directamente al significado.

Había encontrado la forma de crear un medio de comunicación a prueba de demagogos que retorcían las palabras para oscurecer la verdad, para asegurarse de que nunca más el exterminio fuera llamado “solución” para convencer a la gente de que aceptara genocidios.

Así nació lo que llamó Semantografía, más tarde conocido como el sistema de símbolos Bliss.

¿Emojis?

Por ser un sistema eminentemente visual, se compara con los emojis, aunque, según el experto en lingüística Vyv Evans, el de Bliss va más allá.

“Los emojis son completamente pictográficos: cualquier nuevo glifo emoji debe parecerse más o menos a lo que representa.

“Hay mucha menos relación visual tangible entre un símbolo de Bliss y lo que representa, por una buena razón: mientras que puedes representar una sonrisa con un smiley, ¿cómo representas ideas más abstractas, como ‘utopía’ en emoji? Muy difícil.

“Para desarrollar una capacidad similar a la del lenguaje necesitas ideogramas y ahí es donde realmente la simbología de Bliss brilla”.

Para entender, un ejemplo.

Esa V invertida que hace de techo, en Bliss también significa protección, así que si la pones sobre el símbolo para hombre o mujer, representará a un padre o una madre.

“Los conceptos se llevan de un elemento de símbolo a otro un símbolo, y eso permite tener esa riqueza de comunicación”, explicó a la BBC Janice Murray, experta en Comunicación Aumentativa y Alternativa de Manchester Metropolitan University.

“Una vez aprendes los símbolos fundamentales, puedes combinarlos de la manera que desees para evocar una idea diferente”.

“Bliss no solo inventó el sistema de representación visual”, agrega Evans.

“Tal vez una innovación aún mayor fue el tipo de nueva conceptualización que impregna el sistema, en términos de cómo dividimos el mundo en nuestras mentes con fines de comunicación”.

“Lo que hizo fue interpretar que la naturaleza se divide en 3: materia o cosas materiales, energía o acciones y valores humanos o evaluaciones mentales.

“Esas distinciones están marcadas respectivamente por un pequeño símbolo cuadrado, un pequeño símbolo de cono y una pequeña V o cono invertido.

Y creo que aquí radica la belleza: esos símbolos se pueden colocar por encima de cualquier otro símbolo convirtiéndolo en una cosa o una acción o una opinión“.

“Así que Bliss inventó un sistema de gramática visual”.

Decepción

Imaginarás que inventar algo así requirió un enorme esfuerzo.

Bliss tomó un trabajo manual en Shanghái para no agotarse intelectualmente y trabajó incansablemente durante las noches de 7 años para lograr publicar “Semantografía” en 1949, tras haber sido internado en un gueto durante la ocupación de los japoneses y luego emigrado a Australia.

Él y Claire enviaron más de 6.000 cartas a bibliotecarios, políticos y académicos de todo el mundo, pero a pesar de los elogios de personas como Bertrand Russell, la gran mayoría lo ignoró.

Sufrieron décadas de rechazo y penuria.

En 1961, Claire, el amor de su vida, a quien había estado cuidando personalmente mientras trabajaba y escribía, murió.

Cuatro años después publicó una segunda edición de su semantografía.

Y nada.

A pesar de todos sus esfuerzos y la belleza del sistema, el nuevo lenguaje no prosperó.

Pero aquí la historia toma un giro inesperado.

‘Te amo’

Un día de 1971, recibió una carta de Shirley McNaughton, quien daba clases a chicos con parálisis cerebral, que afecta las cuerdas vocales y el habla pero no la inteligencia.

Trabajaba en el Centro de Niños Lisiados de Ontario (hoy el Hospital de rehabilitación infantil Holland Bloorview en Toronto) y, buscando una forma de comunicación para los niños, había encontrado la única copia de su libro en Canadá.

Sus símbolos tenían una claridad y simplicidad que fueron un éxito inmediato (con los niños): se los aprendían tan pronto como se los mostraba”, le dijo a la BBC.

“¡Fue lo más emocionante del mundo!”

“Una de las madres dijo que el momento más feliz que había tenido con su hijo fue cuando él llegó a casa y dijo ‘Te amo'”.

“Para Halloween, Terry, que era muy creativo, me empezó a decir con símbolos de Bliss de qué quería disfrazarse.

“Apuntó a los símbolos de ‘criatura’, ‘noche’, ‘bebe’, ‘sangre’… había encontrado la manera de expresarse: quería ser Drácula”.

Hasta entonces, sólo habían tenido imágenes de un baño, otra de comida, de bebida, de una cama para señalar lo que necesitaban.

Con el sistema de Bliss tenían pronombres, verbos, adjetivos… hasta forma de expresar opiniones y hacer bromas.

Era la primera vez que se podían comunicar realmente con el mundo.

A una madre se le salían las lágrimas al contarme que su hija se había caído de la cama por la noche y le contó, con Bliss, que había soñado que podía caminar, que por eso se había intentado bajar de la cama“.

Fue por eso que McNaughton y sus colegas quisieron contactar a Bliss, y cuando lo lograron, él fue a visitarlos.

Llegó con su mandolín, cantó, festejaron… todo fue dulce, pero no por mucho tiempo.

El dolor, la soledad y las dificultades económicas le habían pasado la cuenta de cobro: Bliss ya no era el personaje excéntrico, alegre y soñador.

Medido de acuerdo a sus ambiciones, su sistema era un fracaso: nunca se adoptó como una forma de evitar conflictos internacionales.

Murió en 1985 frustrado, a pesar de que su creación ayudó a pacientes de todo el mundo con discapacidad del habla, incluidos autistas, afásicos y víctimas de accidentes cerebrovasculares.

Uno de ellos, Peter Zain, que tiene parálisis cerebral y se comunica a través de Bliss, le contó a la BBC que cuando usó el sistema por primera vez “sentí que ya no estaba discapacitado porque podía usar un inglés normal”.

“Si no tuviera ese lenguaje, posiblemente estaría en un centro de asistencia. Me ha dado una vida hermosa”.

¡Ah! Para que no te quedes con la duda, la frase que aparece en la imagen al principio del artículo significa: “Pienso luego existo”.

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