Diario Judío México - Estimados lectores de Diario Judío, el 2018 ha sido tan complejo en la internacional trascendiendo por cambios tan significativos que en años pasados ya empezaban a generarse como hechos aislados, pero que al día de hoy ya los vemos tomando mayor forma. La no se genera sin un consentimiento o respaldo de una gran cantidad de miembros de una sociedad en particular, estando o no en un país democrático. Es decir, que la decisión de mover el rumbo de un presidente, primer ministro o dictador será alineado a “cubrir” las necesidades (o al menos la idea que se tenga de ello) a la exigencia de los miembros de su sociedad. En cada parte del mundo existen estos casos y han generado más incredulidad, ya que en general (actuando desde lo local a lo regional) los bloques consolidados entre la última década del siglo pasado y el nuevo han caído en una situación de inestabilidad, derrumbe o reestructuración que anímicamente han producido también un cambio del optimismo a la decepción. Sin duda alguna muchos cambios son buenos, otros (contrario a la costumbre de decir que utópicamente si) no lo son, pero son aceptados socialmente por una falta de activismo y conformismo sin precedentes.

En las decisiones políticas son resultado de un efecto de péndulo en el que si un partido de “izquierda“o “derecha” no me da una mejor “calidad de vida”  me voy con el contrario en los próximos comicios en una tradición totalmente absurda, llamada “mesianismo político”. Al final, casos de corrupción como Oderbrecht empaparon a políticos de cualquier bando en la región y generaron un desencanto, mismo que hizo caer a un bloque al cual me refiero como “los caudillos millenials”. Aquellos quienes en su momento fueron parte de la resistencia a sus dictaduras y gobiernos autoritarios, fueron también favorables de manera posterior al periodo de transición a la democracia y dieron al pueblo una vía diferente a la moda de los 90s de que si un país caía en crisis económica, pedía recurso a  Bretton Woods y se endeudaba. Kirchner, Correa, Bachelet, Da Silva-Roussef, Morales y Umala son apellidos que en su momento dieron esperanza y que en el 2018 ya son parte de la historia tanto ellos como su fallida. Quienes toman ahora el liderazgo de estos países créanme que no son muy novedosos; en lo particular, Macri () y Piñera (Chile) vuelven a los 90s y en Brasil seguramente llegará una novedad fundamentada en los 90s de manera económica e inspirada ideológicamente por el régimen militar de décadas pasadas, patrocinada por un movimiento evangélico, lo cual todavía desconcierta aun más la situación. Estos cambios latinoamericanos en particular ya están dando la espalda al régimen dictatorial de Maduro en Venezuela y seguramente impactará en una renegociación o fragmentación de acuerdos comerciales como el UNASUR y el Mercosur.

En Europa es igual el proceso. Recuerdo bien cuando estaba en la licenciatura que se nos mostraba a la Unión Europea como un organismo sumamente consolidado y con una planeación estratégica difícilmente quebrantable a corto, mediano y largo plazo. Poco después, al haber vivido en un país miembro, me di cuenta que en realidad este organismo regional ponía sobre la mesa los beneficios de los derechos y obligaciones de sus estados miembros en una diversidad de temas que podían ponerse a debate en apego a la democracia. La Unión Europea también significó una mejora para millones de jóvenes buscando incrementar sus estudios, investigaciones y proyectos para mejora de su sociedad, de su economía, de su cultura y del medio ambiente; todo ello, en un sentimiento bastante comunitario.

Desde el 2015 Europa ha tenido cambios políticos complejos. Entre la decisión del Brexit, la cuota impuesta desde Bruselas para acoger a miles de refugiados en búsqueda de una vida digna y la simpatía de nuevos nacionalismos en estados miembro de esta organización que buscó erradicar este cáncer que destruyó a su continente en la Segunda Guerra Mundial, aquel ideal del párrafo anterior se ha ido a la deriva. Los ánimos están muy polarizados y por ende no se conforman gobiernos nacionales ante la poca oferta que se tiene para la ciudadanía. Aparecen nuevos grupos políticos “libertarians” (que irónicamente se hacen llamar así), también se forman partidos como AfD, Vox, Lega Nord y Sverigedemokraterna en Alemania, España, Italia y Suecia, mismos que comparándolos con la anticuada imagen de Le Pen (Francia) y Wilders (Países Bajos) nos llaman la atención por su extrema derecha de logo innovador y apto para cualquier audiencia moderna. Su mercadotecnia es envidiable y su aceptación a las nuevas generaciones es sorprendente (aun cuando me aterra la idea mencionarlo). Una posición nacionalista va en crecimiento y se va occidentalizando en particular en los países mencionados. Si bien Hungría y Polonia han incrementado su nacionalismo, estos países no han dejado de ser el antiguo legado de la cortina de hierro, especialmente homogéneos y desde un inicio escépticos a pertenecer a un organismo de verdaderos intereses compartidos.

Algo de lo más sorpréndete que nos ha traído el 2018 ha sido en Asia y es el diálogo obtenido entre Corea del Norte, Corea del Sur y el acérrimo enemigo de Pyongyang, Estados Unidos. Los babyboomers seguramente estarán sorprendidos que después de más 6 décadas una de los peores episodios de la Guerra Fría llegará a su fin, un conflicto de constante peligro por las tensiones entre ambos lados de la península por los programas de armamento nuclear y las pruebas militares entre todas las partes involucradas. Corea del Norte por fin cede al diálogo con el último presidente estadunidense que creíamos que lo iba a lograr; sin embargo, esto no significa un cambio en la mejora de los crímenes en contra de los derechos humanos de los Kim Jong a sus connacionales por no seguir las reglas.

Como Diario Judío también tenemos un compromiso de hablar acerca del Medio Oriente. Pero bueno, disculpen que no hemos tenido mucho cambio en esa región del mundo. Por lo contrario, solo se ha logrado un retroceso de las negociaciones entre la retórica de Netanyahu y Abbas, la constante violencia de Hamas y su conflicto político con Ramallah; un conflicto sirio que comenzó como parte de una primavera árabe y acabo en donde inició, Al Assad en el poder con apoyo de Irán y Rusia, miles de desplazados y un sueño de Estado Kurdo que se desvanece. Lamentable que impere la sobre una buena voluntad de muchos (aunque los medios generalmente no les den cobertura) de acabar con la violencia que ha dejado el derramamiento de sangre de muchas familias judías por acuchillamiento de terroristas, uso de armas químicas contra civiles en Homs, ataques indiscriminados de en Gaza (los culpables nada más son los terroristas, no los civiles) y un conflicto en Yemen, donde de un lado los saudíes acaban con la vida de miles de niños y del otro los houthies que ingresan cada vez más un armamento letal de Irán para acabar con la población sunni y la poca judía que queda en esa parte de la Península Arábiga.

El mundo se encuentra en una crisis de democracia, de valores humanitarios y de un individualismo que lejos de alejarnos de aquel precepto que desde la visión judía existe (sin perfección ni exclusividad) llamada Tikun Olam nos acerca a lo que en su más simple traducción significa, “reparar al mundo”. El mundo puede volver a empoderarse desde el individuo a lo  colectivo, desde la autocrítica a la lucha contra el prejuicio y al tan deshumanizante concepto de que “el bien justifica los medios”. Al final las políticas actuales traerán una satisfacción para la minoría más grande y el mísero concepto de la democracia que tenemos tendrá que ir más allá de lo que entendemos. La dignidad humana no es de unos cuantos, ni de algunas partes de la historia, ni mucho menos a título personal.

Gracias por su atención y espero su respetuosa opinión en el espacio de Diario Judío o en la cuenta de twitter de un servidor:  @PabloQZepeda

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Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente. En cuanto a experiencia internacional ha tenido estudios de intercambio con la Universidad de San Diego, California; y la Universidad Alberto Hurtado en Chile. Estudió el idioma alemán en la ciudad de Münster, Alemania y trabajo para el Consejo de Promoción Turística de México en la ciudad de Frankfurt. En aspectos relacionados con el judaísmo ha colaborado con el Proyecto Shagriria de Argentina (Jóvenes Embajadores de Israel en la Diaspora), con el Proyecto Judische Stammtisch en Münster, Alemania; con Jewish Experience y Honestly Concerned en Frankfurt, Alemania. También ha participado en diálogo entre árabes e israelíes en la organización YaLa Young Leaders, parte del Shimon Peres Centre for Peace Institute. En medios de comunicación ha trabajado en funciones administrativas y de producción para Radio Fórmula Guadalajara, en conducción y análisis de temas internacionales para Megaradio, y ha colaborado con Diario Judío como columnista y periodista desde Agosto del 2015, cubriendo temas de: política internacional, inclusión, innovación, juventud y negociaciones de paz entre Israel y los países árabes. Además ha trabajado en la cobertura en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.