Diario Judío México -

“Yo no me avergüenzo de nada. Ni me preocupa tener o no el sello de la televisión. cambió y yo también Viví -vivo- una suerte de metamorfosis. Consideré que si en había libertad había que disfrutarla y contraje la obligación de ejercerla con crítica. Veo a la crítica como a un factor de la democracia.

“En Televisa hice lo mismo que hicieron todos los periodistas de ese tiempo. Todos pasamos por situación muy parecida. Todos tuvimos que apegarnos a las reglas prevalecientes. Las cumplimos rigurosamente. En unos medios se notaba más que en otros. Pero yo -redondea Jacobo Zabludovsky– fui el más visto durante ¡30 años! Fui símbolo de lo bueno… O de lo malo.

“Diversas circunstancias externas marcan mi carrera profesional. En primer lugar el cambio en el país. 70 años lo dominó un partido. El PRI. Partido único del que dependía el Gobierno. Y los otros poderes. Y también los fácticos. Sindicatos, iglesias, organizaciones gremiales, organizaciones patronales. ¡Y los medios! En un tiempo los impresos. Y luego los electrónicos. Ahí estábamos los reporteros moviéndonos en un estrecho margen de maniobra. Existía un fuerte control. Se publicaba -y se decía- lo que se podía. Fomentó la “autocensura” ¡Lo más difícil de combatir!

“Cuando se abre a la democracia -paulatinamente, sin violencia- y ocurrieron cambios de leyes, aparecieron otros partidos políticos y hasta el origen del Presidente de la República se abrió también la posibilidad de informar. Hoy va por la ruta de la democracia. Yo disfruto esta evolución. La de la superestructura como llamó Marx a la prensa.

“Y en esa circunscripción me hallaba cuando algunas “cornadas” me alejaron del toreo. Pasé por varias operaciones graves de cáncer. El de próstata se complicó en el “postoperatorio”. Sufrí mucho en el “Andersons” de Houston. Horrorizado contemplé un coágulo del tamaño de un tabique. Enflaquecí; me consumí. Mi vida estuvo en gran riesgo. Y melanomas y carcinomas en cara y brazos. Me extirparon ganglios linfáticos de la axila derecha. Y coincidió…

Poderoso narrador, fluido, ameno conversador, divertido evocador, preciso “describidor” de escenas, perfiles y atmósferas Jacobo Zabludovsky -“nací en mayo de 1928”- relata en “EL SOL DE ” días y afanes recientes. Hace 15 días nació su primer bisnieto. Hijo de Gabriela hija de su hijo Abraham. La entrevista ocurrió en la oficina de la que amplio ventanal permite contemplar la pujanza y belleza del paisaje de las Lomas de Chapultepec hasta la Sierra del Ajusco.

“La mañana del 30 de marzo del año 2000 yo no sabía que ese día -precisó Jacobo Zabludovsky- renunciaría a Televisa. Renuncié por mi propia voluntad. Renuncié convencido de las firmes valederas razones que tuvo mi hijo Abraham para renunciar a su rango en la misma empresa. Respeté las razones de mi hijo. Días en que convalecía de operaciones de cáncer. Mi decisión tomó por sorpresa a Emilio Azcárraga Jean. Él me había pedido que hiciera desistir a Abraham de su determinación. “Yo también me voy”, le dije. Estábamos en su oficina en San Ángel. Ambos nos pusimos a llorar. ¡Cómo no! Yo había trabajado con su abuelo Emilio Azcárraga Vidaurreta. Y con su padre Emilio Azcárraga Milmo toda la vida. Relación de amistad y dependencia. Yo dependía de él. Y había visto nacer a Emilio Azcárraga Jean. Trabajé ahí ¡50 años! Salí a la calle. Antes, en el umbral entregué al policía el teléfono celular que Televisa me había confiado. Eran las cinco y media de la tarde.

“Mi hijo Abraham no necesita tutores, Presidente”, y se acabó la plática: J. Z.

“Estaba en la calle. Telefoneé a mi esposa. Sarita estaba al tanto de los sucesos conforme se desarrollaban. “Ven, platiquemos -le pedí-. Te espero en el bar del Presidente Chapultepec. Y ahí estábamos cuando sonó mi teléfono. Era Liébana Sáenz, el secretario particular del presidente Ernesto Zedillo.

“El Presidente quiere hablar contigo, Jacobo. Te espera acá en Los Pinos”.

“Llegué y el Presidente me recibió en su despacho. Fue al grano:

“¿Cómo que dejaste Televisa, Jacobo?

“Pues sí, Presidente. Renuncié.”

“¡Es que no puede ser, Jacobo! ¿Por qué renunciaste?

“Por Abraham. Por mi hijo Abraham…

“Pero tú no eres el tutor de Abraham”- alegó Zedillo.

“Mi hijo Abraham no necesita tutores. Él renunció. Y yo renuncié”.

“Ahí se acabó la plática…

“¿Cree usted que el presidente quiso conciliar, mediar entre usted y Televisa?

“No lo sé -respondió Jacobo Zabludovsky. Aquello fue una suerte de remezón nacional.

“Estaba desempleado. En plenitud. Con bríos para trabajar en mi mundo: el periodismo. Yo no conozco otra actividad. No sé hacer otra cosa. Mis secretarias Lupita y Lolita Garnica decidieron renunciar a su empleo en Televisa. La empresa las trató con largueza y generosidad. Les entregó sustanciosas indemnizaciones. ¡Pero no teníamos donde trabajar! Amigos generosos me ofrecieron espacios. ¿De arrimado yo? ¡Imposible! Se construía este edificio. Mi hermano Abraham lo adaptó a mis necesidades, gustos, y deseos. Me rodean mis libros. Aquí debe haber cinco tal vez seis mil. Quizá una tercera parte de los que poseo. ¡Ah, trabajar aquí es una de las cosas buenas que me acarreó salir de Televisa!

Juan Francisco Ealy Ortiz, generoso, el primero en amistad

“Apenas supo de mi renuncia Juan Francisco Ealy Ortiz se apresuró a ofrecerme: “Lo que tú quieras, Jacobo. La Dirección de “El Universal”. Esta es tu casa, Jacobo. Y yo soy tu amigo”.

“Usted -citó el reportero- había dirigido “Ovaciones”…

“Y “Cine Mundial”. “El Redondel”- redondeó Jacobo Zabludovsky.

“Viví un periodo de desconcierto. Los sucesos del 30 de marzo de 2000 me cambiaron la vida.

“Recibí ofertas de trabajo. La de un radiodifusor. Acepté. ¡El se rajó! Otras muy buenas. Que se “rajara” me afectó. Estaba yo muy sensible. Mi carrera periodística dura ya ¡67 años! En 1944, cuando tenía 16 de vida gestioné mi licencia de locutor. La expidieron el 3 de enero de 1945. El primer día hábil de aquel año. Me repuse de los efectos de la “rajada” diciéndome que “No hay mal que por bien no venga”. Y descubrí lo inadecuado de las condiciones en que se daba el ofrecimiento. Sopesé lo ocurrido. Di con que no tenía ninguna trascendencia. Se trataba hacerme oír en breves cápsulas. Se transmitirían cuatro veces al día.

“Pasé un año en el desempleo. Viajé, leí. Revisé y concluí mi libro de “Memorias”. Entonces se me apareció Don Francisco Aguirre, presidente de Grupo Radio Centro, para ponerme frente a una oferta total. ¡Un noticiero diario de dos horas! Contaba para ello con una estación: la 690 de A.M: Un viejo transmisor. Radiodifusora poco menos que desconocida.

“Así que pensé: ¡Qué bueno que el “rating” de la 690 se halla en cero! Más abajo no la mandaré. Me importó sobremanera saber que no desplazaría a nadie. Que no le iba a quitar el trabajo a nadie. Sé bien lo que eso significa. Lo viví. Concluía un programa. Se terminaba un patrocinio y ¡adiós! Eso también me animó.

“Don Francisco Aguirre de plano se devanó mucho la sesera. Si el noticiero va de la 1 a las 3 de la tarde ¡qué se llame de 1 a 3! ¿Te das cuenta? Y en virtud de que la estación es la 690 ¡Pues la 69! Y me ofreció un contrato largo. ¡Todavía mejor! A decir verdad yo temí fracasar. Siento que fracaso es humillante. Me quedo con Julio Jaramillo cuando dice: “…Odio quiero más que indiferencia…”

Desde hace 3 años “De Una a Tres” el noticiero más escuchado

“Me dediqué a dar forma al proyecto: “¿Con qué equipo?” ¿Tendría a mi lado a una reportera que leyera noticias conmigo? ¿Quién? Don Francisco Aguirre se opuso. “La gente quiere escucharte a ti, Jacobo. Nada más a ti”. Así que “De Una a Tres soy yo”. Tengo un colaborador. Hace la sección deportiva. Todo lo hago yo. Y ya llevó diez años. Digo que jamás me propuse atraer grandes auditorios. Me propuse trabajar. Y desde hace ¡tres años! “De Una a Tres” ocupa el primer lugar en todo el país. IBOPE es la firma especializada en esa medición de auditorio. Es enorme el que respalda a mi noticiero.

“Ten en cuenta Reyes Razo que la 69 era una estación de radio vacía. Durante mucho tiempo sólo Nino Canún y yo fuimos los únicos que transmitíamos noticias. Nino de seis de la mañana a una de la tarde. Y yo de una a tres. Fue el señor Aguirre quien ideó “las repeticiones” de mi noticiero. “Te escucharán más, Jacobo”, argumentó ante mis dudas y rechazos. Tuvo razón. Aquí es bueno aclarar que los sondeos de IBOPE considera exclusivamente la cifra de oyentes -su muestra- en el horario de una a tres. Omite la cifra de seguidores en las “repeticiones”.

“Sí, de nada me avergüenzo. Me fascina este momento. Estoy en la época más feliz de mi vida profesional. Disfruto mucho lo que hago. Conozco las herramientas de mi oficio. Sus resortes.

“¿Qué cómo veo hoy a ? -repreguntó Jacobo Zabludovsky para devolver: “¡Pues lo veo muy bien! Se vive un buen momento nacional. Con problemas; mas bien. Se ven corrientes políticas y personajes políticos. Exhiben sus facetas. Quizá discutibles. Pero nadie nos dijo que el de la democracia es un camino fácil. Hay que caminarlo. ¡Quién dijo que se hace camino al andar? Ja, ja, ja. Vamos muy bien.

Infinidad de autores se aprietan en los muros-estantes. Libros bien colocados. Por temas. La Ciudad de . Sus cronistas. Literatura. “El Quijote que coleccioné cuando “El Universal” lo divulgó por entregas semanales.” “El periodista profesional” de John Hohenberg, producido por Editorial Letras. Relatos de Artemio de Valle-Arizpe. Crónicas de Salvador Novo.

“Hubo un tiempo en que criticó muy severamente a la UNAM, acaso…

“¿Qué dices? ¿Cómo se te ocurre? ¡Jamás he levantado un dedo contra la UNAM. Sábelo, cuéntalo: “La Universidad Nacional Autónoma de México fue mucho más que escuela. La UNAM transformó mi vida. Entré a la “prepa” en la calle San Ildefonso -tan intensa, imaginada larga; eterna-. Y apenas es una sola. Entré. Ahí conocí a Sarita.

“Ocurrió en 1943. Entonces ingresé a la Escuela Nacional Preparatoria. Como todo el mundo sabe muy bien su creación fue una de las primeras disposiciones de Don Benito Juárez. A la Restauración de la República se fundó la Escuela Nacional Preparatoria. ¡Imagínate! Gratuita. Popular. Laica. Si no hubiera sido laica yo no habría podido estudiar. Laicismo acorde al positivismo francés de mediados del Siglo XIX. Dos años duraba el Bachillerato de Humanidades.

“Dejé se plantel y me crucé la calle. Entre a la Escuela de Jurisprudencia. Quedaba en la esquina de San Ildefonso y República Argentina. Desde ahí distinguí a una señorita que iba en la “prepa”. Ella me vio y “me echó los perros”. ¡Me casé con ella! Hace 57 años. Luego de -ejem- un año de noviazgo.

“Te equivocas de medio a medio -la UNAM resultó en mi vida Fun-da-men-tal! ¡Que Maestros! ¡Qué privilegio!

Fundación UNAM salva a jóvenes que acabarían limpiando parabrisas a media calle: los beca

Adopta el gesto de un célebre bronce de Rodín. Permanece ensimismado, absorto. Viaja por su tiempo. Sus muchos tiempos. Ají permanecen individuos y sonrisas. Encuentros con la envidia. “¡Bien sé lo que son las puñaladas traperas”, refirió hace años a este reportero.

“¿Tiene usted enemigos, Maestro?”

“Debo tenerlos -dijo con toda naturalidad.

“¿Los reconoce?”

“¡No! Que los voy a reconocer. Sé que existen. Y ya. -replicó irónico y distante.

“Hace muchos años Enrique González Pedrero -Director a la sazón de la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM donde ya se enseñaba periodismo- me invitó a dar clases. Para entonces mi existencia -mis estudios universitarios- se habían deshilachado. Otras prioridades me demandaron. Dejé inconclusos mis estudios de Abogado.

“Lo padecí el día que muchos meses después cobré mi sueldo de profesor en la UNAM. Descubrí que tenía el rango de: “Ayudante de Profesor”. Me quejé con González Pedrero. “La UNAM otorga la jerarquía de Profesor a quien está titulado. U obtiene la categoría “por oposición”. Dado que usted no está titulado…

“Eduardo Cesarman hermano de Teodoro y Fernando -todos grandes médicos y generosos personajes- era responsable de Servicios Escolares de la UNAM. Revisó mi expediente. Conservaba en mi memoria el número de cuenta que me habían adjudicado años atrás la propia UNAM. “Pues mira Jacobo -me dijo Eduardo- debes algunas materias. Son pocas. Quizá debas presentar algunas a “Título de Suficiencia”. Cursar alguna seriada. Ir a “Examen extraordinario”. ¡Anda recíbete! Le hice caso. Enfrenté -en algún caso- a 3 sinodales.

“Me inscribí para cursar saberes de 4º. y 5º. ¡Recuperé la Vida Universitaria! Hacía 10 años me había alejado del aula y la biblioteca. Me esforcé mucho para volver al método y el estudio disciplinado. El que urge para aprender. El útil para presentarse a exámenes. Don Andrés Serra Rojas -Profesor Emérito de la UNAM- presidió el jurado que me examinó para concederme al título de Licenciado en Derecho. Sarita y mis dos hijos hombres -todavía no nacía Diana- presenciaron el acontecimiento. Fernando Solana en su calidad de Secretario General y Javier Barros Sierra Rector de la UNAM firmaron mi título.

“¿De dónde sacaste tal ocurrencia, Reyes Razo? Hacia la UNAM yo sólo tengo gratitud. Pertenezco a la “Fundación UNAM” desde hace 15 años. Desde ahí se otorgan becas a estudiantes pobres. Importa que estudien. La fundación los rescata. Muchachos valiosos que sin ese apoyo estarían en una esquina limpiando parabrisas de automóviles.

“La “Fundación UNAM” me distinguió; reconoció. Me otorgó una medalla que recibí del Rector Juan Ramón de la Fuente. Acabemos: En ningún momento de mi vida dudé del calor, generosidad y enseñanza de la UNAM”

Critico al gobierno del presidente Felipe Calderón, él es muy respetuoso

Respiró muy satisfecho. Estaba en mangas de camisa. “¿Me pongo el saco para la foto?”, había preguntado. “Así está bien, Maestro”, oyó. Y ocupo un taburete. Muy próximo a una poltrona que evidencia la predilección del dueño. “¿Quieres café? ¿La mitad de una taza?. Jacobo Zabludovsky interrogaba y resolvía. Dispuso, ordenó. Y un joven acarreó lo invitado.

Por un momento -viéndolo ahí tan quitado de la pena- el reportero revivió otros momentos. Jacobo Zabludovsky entrevistando en la Universidad de Brown, en Rhode Island, al Honoris Causa Presidente Carlos Salinas de Gortari. Interrogándolo en la Plaza Mayor de Madrid bajo el calor de julio de 1989, arrancándole información en Tokio en Diciembre de 1993. Años de viajes. Años de Presidentes.

“¿Cómo es su relación con el Presidente Felipe Calderón, Maestro?”

“Plena de respeto. Soy crítico de su gobierno… Supongo que él lo sabe. Trato con detalles generosos. De parte de él. Hace un año, cuando se cumplieron 25 años del terremoto de 1985 él me invitó a la guardia que hizo a las 7:19 del 19 de septiembre en el asta bandera del Zócalo. Yo estuve ahí. Único invitado yo. Se cumplían 25 años de mi narración de la tragedia. Tras la guardia ocurrió una Reunión del Gabinete de Seguridad en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. Me invitó a esa junta. Y ya ahí me preguntó: “¿Quieres hablar?” Y yo acepté su invitación. Hablé en Palacio Nacional. Agradezco su actitud.”

Jacobo Zabludovsky recibió hace unos años la “Medalla Al Mérito Ciudadano”, que otorga el Gobierno de la Ciudad de México. Marcelo Ebrard -Jefe de Gobierno- se la entregó en la Asamblea de Representantes del Distrito Federal.

“Años Pasados” se llama el libro de Memorias de Don David Zabludovsky. Ahí el padre del licenciado Jacobo Zabludovsky cuenta que el recién nacido era metido en un cajón de jabón mientras sus padres vendían retazos de tela en mercados capitalinos. Por eso

En aquel tiempo todos éramos tan pobres que ninguno lo sufría

“¿Qué siente usted cuando piensa en aquellos días, Maestro?”

“Yo no me acuerdo de eso. No sé. A mi la pobreza no me importó. No sabía que era pobre. ¡Yo fui un niño muy feliz! Más tarde supe que era pobre. Pero todos los vecinos éramos pobres. Iguales. La pobreza nos hacía muy parecidos. Quizá el tono rubio de mi cabello hacía diferencia con el negro de las melenas de mis compañeritos. Güero yo. Así me decían. Morenos ellos. Mas iguales. “Chino”, “Panzón”. Los motes que nos poníamos. Entre nosotros no había problemas. Vivir la vecindad, recorrer el barrio, nos igualaba. Yo tuve mucha suerte. Sí amo a la ciudad. Pero sobre todo al “centro”. Sus tiendas. “Las fábricas universales”. “El nuevo Japón”. “El Palacio de hierro”. “El centro mercantil”.

Y Jacobo ríe. Mezcla esa expresión con cierta melancolía. Como si echara de menos aquellos días…

“¿Cómo le nació la vocación por el periodismo?”

“El Nacional” era la lectura diaria de mi papá. Teníamos un vecino que era “corrector de pruebas” en ese periódico. Él me llevaba a corregir galeras. Lo que salía del linotipo. Pronto supe descubrir palabras “empasteladas”. Me gustó ese trabajo. Leía aquellas galeras con mi vecino. Revisábamos las páginas de opinión. El editorial. Olí la tinta. Y sentía que todo temblaba, se estremecía cuando la rotativa era echada a andar. Como si un gran animal prehistórico se moviera junto a nosotros y nos compartiera estremecimientos. Y quise escribir. Y estar en la radio. Entonces estaba lleno de personalidades. Las voces de formidables locutores llenaban las casas. Uno se imaginaba a los dueños de aquellas voces. Eran tenidos casi por “estrellas”.

“Quise ser locutor y periodista. Busqué, solicité trabajo en varias estaciones. Sí trabajé en la XEQK. “La hora exacta”. Por poco tiempo ¿eh? La estación estaba en la calle de Uruguay. Pagaban 1.25 la hora. Trabajabas una. Descansabas otra. Así que para sacar unos 10 pesos te pasabas ¡8 horas! Ahí. No salía ni para el café. ¡Qué Tupinamba ni que ocho cuartos! Al Tupinamba iban toreros y artistas caros. Yo iba a uno de chinos. Uno de novilleros pobres. El Ambos mundos.”

Arthur Rubinstein era un sibarita que ejecutó magistralmente a Chopin

“Hace años se habla de que sus Memorias están listas. Carlos Monsiváis llegó a opinar acerca de esa obra. ¿Cuándo las publicará?- sondeó el reportero.

“Esas mis “Memorias” concluyen con mi salida de Televisa. Y de eso ya hace 11 años. Es preciso actualizarlas; ponerlas al día. Pero me “estresa” revisarlas. Las repaso y poco a poco me pongo tenso. A un grado insoportable. De mal humor. Las abandono muy preocupado. Tal vez tendría que seguir el ejemplo de ese gran intérprete de Chopin, sibarita inigualable que fue Arthur Rubinstein. Lo entrevisté. Conseguí su amistad. Fue el pianista del Siglo XX. Vivió de 1887 a 1982. Nunca supo lo que era la miseria. Rubinstein escribió “Les jours de ma jeunesse”. “Los días de mi juventud”. Y una segunda parte: “Los otros días”.

Rubinstein era un chaparrito genial. ¡Mujeriego a más no poder! Dueño de mil anécdotas. De pasmo, casi increíbles algunas. Luego de escucharlo le pregunté: “¿A qué hora hizo todo eso Maestro si siempre se hallaba acostado? Ja, ja, ja. Rubinstein era un judío polaco culto y rico. Igual que Kafka escribía en alemán, Rubinstein lo dominaba. Rubinstein hablaba de toros. De España. “Yo vi torear a José Gómez “Gallito”. Alguna vez en el cartel estuvieron José Gómez -el Gallo- y Juan Belmonte. No recuerdo al tercer espada. Pues Joselito era dominador; sabía todo. Belmonte, débil de pies tuvo que desarrollar otro toreo. Era un genio. Y lo que son las cosas. José fue cogido y muerto en Talavera de la Reyna. Y Juan Belmonte se suicidó.

“Rubinstein -quien estaba casado pero vivía muy distante de su esposa y era acompañado de una secretaria inglesa que lo mimaba en exceso- me contó que en el Teatro Abreu -donde está San Felipe Neri- ejecutaba un concierto de Chopin cuando llegaron los zapatistas y empezaron a apagar focos y reflectores a tiros. “A mi alrededor silbaban las balas y yo seguí tocando. Los zapatistas disparaban. Yo tocaba. Y concluí mi concierto. Entonces los zapatistas me aplaudieron hasta el delirio y me llevaron -en hombros- hasta el hotel Isabel. ¿Sabes tú, Jacobo dónde queda el hotel Isabel? Y claro que yo sabía. Y se lo dije. Ahí está. Luego fue un nido de nazis. Pero es otra historia”.

“¿Qué es lo que más le gusta hacer?”

“Leo. Platicar con Sarita. Comer con ella en casa. Mi casa es el mejor lugar para comer que hay en el mundo. Me gusta caminar en ciudades. Ir sobre banquetas de concreto, entre semáforos, automóviles y multitudes. Gozo el amanecer en una ciudad. Salir a caminar antes de que salga el sol y la ilumine. Gran placer. Aquí ya casi no lo hago. Precaución es la razón.. Salgo muy poco”

Dalí me enseño que toda la historia del arte está en un cuadro de Vermeer

“¿Extraña los días en que volaba para llegar antes que nadie a narrar un terremoto? ¿La entrada de revolucionarios al poder? ¿Qué?

“No. Todo tiene una época. Se necesita tener condición física para perseguir temblores de tierra, inundaciones, golpes de estado o asesinatos. Uno se adapta. Conoce uno sus alcances. Es cuestión biológica. Hoy me levanto a las 5. Recibo los periódicos. En el sauna los leo. Me baño con agua fría. Me tomo un café. A las 8 estoy en Radio Centro. Planeamos el trabajo. Hasta hoy -y desde hace ya 10 años- no he llegado tarde ni he faltado a mi programa. Ni una sola vez.

“Dentro de unos días iré a España. Soy Patrono del Museo Del Prado. ¡Ah, la pintura” Un día Salvador Dalí me recomendó observar un cuadro de Jan o Johannes Vermeer. Una jiven teje un encaje. Dalí detestaba el muralismo. “Vea a Vermeer “-me dijo Dalí “Aprecie ese cuadro en el que una chica hace puntas. Teje encaje. Y sentenció Dalí: En la punta de la aguja -que no se ve- está toda la Historia del Arte”.

Estaba muy emocionado Jacobo Zabludovsky al recordar esa conversación -el consejo y juicio- de Dalí.

“¿Qué opina de sus discípulos, Maestro?

“No tengo discípulos, Reyes Razo. A mí no me eches la culpa”