Supongamos que alguien hizo algo en contra de la ley. Y no hablamos de una ley constitucional, escrita por el hombre, por más lógica que esta sea, sino de un tipo de ley diferente, tales como “no matar”, “no robar” y demás leyes de este tipo que van más allá de la imposición por lógica estatal. Más bien, son ese tipo de leyes casi biológicas para perpetuar la especie humana, el planeta en general, todo tipo de vida y el respeto a las demás personas y cosas que existen. De ese tipo de leyes que, aún sin ser escritas, son leyes de todos modos. Si en los estatutos de nuestra Sagrada Torá están, incluso en los Diez Mandamientos, es porque Am Israel demuestra que no hay más motivo que porque así Lo ordenó y nada más. Es como aquel que pregunta por qué debemos tomar las Cuatro Especies en Sucot, o por qué hacemos Netilat Yadaim en la mañana. No hay más respuesta que porque así lo ordenó y punto. Es por eso que incluso esas “leyes lógicas” están en los Diez Mandamientos. Pero en este caso estamos hablando de otro tipo de leyes. Supongamos por caso que alguien pasó los límites de velocidad o fumó en algún lugar donde no estaba permitido u otra situación que amerita sea llevado delante de un juez. Mientras lo están llevando, los policías no pueden ni deben ser ellos quienes sean encargados de perdonar, ya que si así lo hicieren estarían yendo en contra de la ley, pues el deber único de ellos es hacer que se cumpla y se respete la ley. De nada le serviría al infractor ofrecer una disculpa a los policías.

Llegando delante del juez, el infractor se deshace en llantos quebrantando su corazón, pero ni siquiera el juez es el dueño de la ley. Su función es reprender al infractor si así lo ve pertinente. No así con Melej Maljé HaMelajím, HaKsdosh Baruj Hú.
En estos cuarenta días, desde Rosh Jodesh Elul hasta Yom HaKipurim, nosotros tenemos la posibilidad de ofrecer disculpas, de llorar, de arrepentirnos, y de esa manera no seremos juzgados como infractores, sino como benefactores, siendo sellados en el Libro de La Vida.
Abraham Avinu descubrió a Boré Olam como Jesed (Rajamim/piedad), hasta que llegó Itzjak, su hijo, y descubrió que no es Jesed, sino Gueburá (Din/que juzga con rectitud). Entonces vino Yaakob Avinu, hijo de Itzjak, y descubrió que es ambas cosas (Tif’eret/belleza, equilibrio entre ambas).

Entonces surge la pregunta al ser que decimos AVINU MALKENU. Avinu es Padre nuestro, y Malkenu es Rey nuestro, y la diferencia entre ambas es muy grande ya que un Rey no puede perdonar. Si es Rey, ¿entonces qué sentido tiene arrepentirnos? Y si es Padre, entonces no nos va a juzgar. Es por eso que tocamos el Shofar. Dice el Zohar que en la primera noche de Rosh HaShaná es Rey. Es el momento más cauteloso para Am Israel y para el mundo, ya que somos juzgados con rectitud, hasta que tocamos el Shofar implorando a con ese llanto. Es en ese momento que se para de Su Trono de Rey y se pasa al trono de Padre. Es ahí cuando nos puede perdonar.
Entonces llegamos como infractores delante del juez y éste nos lee lo que hemos hecho. ¿Acaso le podemos mentir? Si es un juez humano, de carne y hueso, puede saber o no saber la veracidad de los hechos, en cambio, si es Melej Maljé HaMelajím HaKsdosh Baruj Hú no existe mentir. ¿Qué sentido tiene esperar llegar al juicio para que nos lean la carta y pasemos esa vergüenza tan grande delante del Juez, del Rey? ¿Acaso no es mejor arrepentirse a tiempo?

Hace poco me preguntaba qué significado tiene eso que dicen los Jajamim basados en la Torá que dice que durante estos 40 días está más cerca nuestro ¿Será que nuestras posibilidades para volver en Teshuba son más fáciles por ser que algo pasa que nos cuesta menos, o será que acepta con más facilidad nuestro arrepentimiento?
Y sobre este tema tuve dudas muchos años, ya que si es que realmente nos es más fácil en estos días, ¿Cómo se entiende, entonces, que “Al ser que está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón está la posibilidad de hacerlo”? ¿Acaso eso no es todo el año? Y si es que estos días acepta más que todo el año nuestro arrepentimiento, ¿entonces cómo se entiende “El arrepentimiento de Israel llega hasta el Trono Celestial”? ¿Acaso no es igual todo el año?

Hasta que por fin comprendí la respuesta: la respuesta es que durante todo el año, el arrepentimiento no nos sirve para no ser juzgados, para ser perdonados por completo, sino para que nos de otra oportunidad de seguir. Es como una libertad condicional, como si nos dijera “Ok, te perdono, pero voy a estar al pendiente”. Como cuando un papá o un maestro nos dice “A la próxima vez, vas a ver”. En cambio, en éstos días tan cruciales, nos dice “Si te arrepientes de corazón, si reconoces quién es el Rey, entonces ni siquiera serás juzgado, sino que directamente serás escrito y sellado en el Libro de La Vida”.

Y la pregunta es, ¿para qué sirve arrepentirnos? Si la respuesta es para salvarnos del castigo, entonces demostramos que no lo hacemos por darle Najat Ruaj a Boré Olam, sino por nosotros, por conveniencia. nos da todo a nosotros. Lo único que nosotros podemos darle a Él es Najat Ruaj. No nos privemos de eso. Vamos a arrepentirnos para darle Najat Ruaj LeYotzerenu, porque sabemos que en estos días nos perdona a grado tal que ni siquiera seremos juzgados, sino escritos y sellados de manera directa en el Libro de La Vida.

 

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.