Diario Judío México - El Asesinato

La causa por la muerte de Nisman fue “llevada adelante” (en realidad llevada hacia atrás) por la fiscal Viviana Fein, en su última –e indecorosa- actuación en la justicia antes de retirarse. Realmente, lo de Fein fue paupérrimo. O se dejó presionar completamente por el kirchnerismo para demorar y ensuciar toda la investigación, o directamente colaboró en el encubrimiento del caso. Sobrepasada o cómplice, su desempeño fue insalvable, por no estar a la altura de las circunstancias ni tener espalda para manejar la situación, o bien por prestarse a la basura que corrompía al sistema de justicia.

Cuando Fein llegó a la escena del crimen, el kirchnerista secretario de seguridad Sergio Berni ya estaba allí. Esa persona no tenía nada que hacer en el lugar, sin embargo se anticipó al personal de la justicia y llegó embarrado al edificio de Nisman para contaminar la escena del crimen y acomodarla al gusto kirchnerista. Fein no cuestionó a Berni, no lo llamó a declarar en los primeros días a pesar de haber estado allí incluso antes que ella, y lo citó como testigo cuando su posición en el gobierno denunciado, su rol sospechoso y desubicado en la escena del crimen, y su inverosímil relato acerca de la tarea que cumplió (preservación de la escena y acompañamiento a la madre de Nisman, Sara Garfunkel) ameritaban llamarlo a indagatoria. Encima, el secretario de seguridad la dejó descolocada cuando en la escena del crimen, le dijo que había que corroborar si Nisman estaba muerto o estaba agonizando, y Fein –que había dado por sentado que el fiscal estaba sin vida- trastabilló en su papel. El diálogo, captado por la cámara filmadora de la policía federal, sucedió poco antes de las 2:15 de la mañana, de la siguiente manera:

Berni: Doctora, le parece bien… por qué no primer vamos al baño para ver…

Fein: No no, estaba mirando un texto, que está escrito.

B: Por ahí está agonizando [Nisman], lo que sea, y estamos perdiendo el tiempo…

F: No, no, no me cabe duda, pero necesitamos preservar todo.

B: Pero vayamos primero por la vida de la persona que está ahí dentro.

F: Sí, ya, ya lo sé.

Así era la completa falta de seriedad en la escena del crimen, que se trasladó posteriormente a la investigación del hecho. Berni llevaba más de una hora en el departamento, supuestamente para garantizar la transparencia en la recopilación de pruebas de la policía, y todavía no sabía si Nisman estaba muerto o agonizando. Fein, por su parte, llegaba a investigar una muerte, y cuando le preguntaban, tampoco tenía certeza si el fiscal estaba con vida. Peor aún, de su comentario se desprende, para disimular el desconcierto o por terrible impericia, que la prioridad era la conservación de un texto antes que la constatación de la situación vital de Nisman. Y el papelón no termina ahí: Fein fue filmada pisando sangre en el baño donde se encontraba tirado el cuerpo inerte del fiscal, sumando sus pies a la ya mancillada escena. En base al video de la policía, la periodista María Eugenia Duffard aportó más datos sobre la contaminación en el programa Periodismo para Todos de Jorge Lanata: el arma estaba limpia de un lado y el cargador estaba limpio, lo que hubiera posibilitado conseguir huellas, pero todo fue mal preservado, ya que el perito no se cambió los guantes con sangre y manchó lo que estaba limpio. Debido a esto, la bioquímica que analizó el arma no pudo encontrar huellas por las manchas contaminantes. A Duffard le dijeron que en la fiscalía se trabajaba con lo que se tenía y como se podía. La violencia, la corrupción, y el tercermundismo, se unían para anular a Nisman.

Luego del nefasto comienzo, presenciamos el nefasto desarrollo de la investigación. Fein tuvo la causa durante casi un año –antes de ser desplazada por la jueza Fabiana Palmaghini, también de irregular y contradictoria actuación- y nunca terminó de encuadrar el hecho en una hipótesis determinada (homicidio, suicidio, suicidio inducido), procediendo con una lentitud exasperante. Y a pesar de las claras evidencias que apuntaban a un asesinato, y del elemento de contexto que rodeaba al caso indicando que un hombre en la cúspide de su carrera había muerto tras denunciar al gobierno y precisamente por sus investigaciones (un magnicidio), Fein siempre fue direccionando la investigación hacia el suicidio. Por lejos, la hipótesis más cómoda para su trabajo como fiscal. “Todos los caminos conducen a un suicidio” había dicho Berni horas después de la muerte, comunicando la posición oficial que tomaba el kirchnerismo (antes de modificarla a conveniencia como hizo después). La línea del suicidio fue la que le bajaron a Fein, y/o la que voluntariamente prefirió seguir.

Además de un absurdo abordaje de la causa, sus acciones conscientes –y hasta inconscientes- derrumbaban la imagen de seriedad que inútilmente intentaba proyectar diciendo que ella era “muy prolija para trabajar”. Tras una pericia sobre el cuerpo de Nisman un par de días después de su deceso, no se encontraron rastros de pólvora en las manos. Fein tuvo un acto fallido y dijo que el resultado “lamentablemente dio negativo”. Parecía que encontrar pólvora en las manos era algo a celebrar porque contribuía a la hipótesis de suicidio, mientras que no encontrar era algo “lamentable” porque alejaba las pretensiones personales de la fiscal y acercaba el caso a un homicidio. Igualmente, Fein no bajaba los brazos en sus intenciones y aclaraba luego de la pericia que no se descartaba que Nisman se hubiera disparado.

En otro patético ejemplo de su actuación funcional a la procuradora Gils Carbó y al kirchnerismo, la fiscal realizó una afirmación que conllevaba desconocimiento del propio expediente, por lo cual tuvo que desdecirse 24 horas después. En febrero de 2015, el periodismo dio a conocer que en el departamento de Nisman se había encontrado un borrador de su denuncia, en el cual se pedía la detención de Cristina Kirchner. Fein salió a desmentir la versión y negó la existencia del texto. Al día siguiente, tuvo que rectificar y admitir la existencia del documento, que formaba parte del expediente. La fiscal dijo que “quizás” había cometido un error, y asumió la responsabilidad por el mismo, dejando a salvo a la oficina de prensa del ministerio público de la nación, que al parecer emitía comunicados que le resultaban agradables a Gils Carbó aunque el contenido fuera falso. ¿Habrá sido ese texto con el pedido de detención el que cautivaba la atención de Fein mientras se demoraba en constatar si Nisman estaba agonizando?

Otra impresentable actitud de Fein se dio alrededor del técnico informático que cumplía servicios para Nisman, el oscuro y misterioso Diego Lagomarsino, de quien un arma fue encontrada en la escena del crimen. Según “cerebrito” (tal su apodo), el fiscal se la pidió el fin de semana de su muerte para proteger a sus hijas. Lo que fallaba en su débil versión era que las hijas de Nisman no estaban en el país sino vacacionando en Europa, y que Nisman ya tenía un arma que nunca utilizaba. Lagomarsino trastabilló con esto durante su primera conferencia de prensa luego del asesinato, saliéndose del guion acordado junto a su abogado Maximiliano Rusconi (otro charlatán siempre dispuesto a defender criminales). Con el correr de los meses, el informático se sumaría a la campaña de desprestigio contra Nisman. Exhibiendo contradicciones y puntos inexplicables en sus declaraciones, y habiendo sido utilizada un arma suya para quitarle la vida a Nisman, Lagomarsino quedaba a salvo de las sospechas por la muerte gracias a Fein. La fiscal simplemente lo imputó por facilitarle el arma a Nisman, y no fue indagado en la causa principal. Sin embargo, a Rusconi se le permitía acceso al expediente de esta última, el cual debería habérsele prohibido por no corresponder de acuerdo a la situación procesal de su defendido. ¿Dónde iba a parar la información indebidamente obtenida por Lagomarsino?

La situación de Fein al frente de la causa cambió el 17 de diciembre, cuando la jueza Palmaghini la desplazó para hacerse cargo ella misma de la investigación. Era una medida no exenta de polémica, ya que la jueza se había negado a hacer lo mismo meses antes alegando que no le correspondía. Ahora, revisando sus facultades, para tomar la posta invocaba la “paralización” en la investigación por las “desavenencias” entre la fiscal y las querellas. Fein podía seguir activa en el proceso y sugerir medidas de prueba, incluso emitir un dictamen, pero Palmaghini sería la principal que quedaría al frente de la causa. Antes de la derrota electoral kirchnerista en la elección presidencial 2015, la jueza no se hubiera atrevido a actuar de esta manera por miedo al régimen.

Después de idas y vueltas, con cambios de fuero y de personas al frente de la investigación, que denotaban el malestar institucional en la Argentina y cómo lo que debía ser un tratamiento urgente se diluía en los vericuetos de la tramitación legal, la causa quedó en manos del juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano. Ercolini fue el primer juez que concluyó que a Nisman lo habían asesinado. Esto recién se dio a finales de diciembre de 2017. Procesó a Lagomarsino como “partícipe necesario” del homicidio que introdujo el “arma amiga” en la escena del crimen con la cual dispararon contra Nisman. También, procesó a cuatro custodios que formaban parte de la seguridad de Nisman proveída por la policía federal: Rubén Benítez, Néstor Durán, Luis Miño y Armando Niz, por “incumplimiento de los deberes de funcionario público” y “encubrimiento agravado”.

En mayo de 2018 la Cámara Federal, a través del voto de los jueces Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia, confirmó lo fallado por Ercolini. Lo de Nisman era un homicidio, y estaba conectado con la denuncia presentada cuatro días antes. Irurzun escribió que se había acreditado prima facie que Nisman había sido asesinado como consecuencia directa de la denuncia, y Bruglia que debía ahondarse la investigación en el probable entendimiento de que la muerte era consecuencia de la actuación del fiscal. El fallo era importante porque confirmaba el direccionamiento de la causa hacia el homicidio. No era completamente satisfactorio ya que Cristina Fernández de Kirchner, la principal denunciada por Nisman, ni siquiera era nombrada, pero al menos servía para dejar firmes los procesamientos mencionados.

La situación en el país tras el asesinato de Alberto podía graficarse en la siguiente declaración de Perednik:

“Todos sabemos que en este Gobierno [de Cristina Fernández de Kirchner] se llenaron los bolsillos a costa de los argentinos, y que hay un nido de corruptela, pero un asesinato político es una escalada a la que ningún Estado democrático llega. Y esta escalada da escalofríos, creo que una buena parte de los argentinos siente miedo e indefensión”.

El gobierno argentino había sobrepasado los límites que imponía el buen desempeño democrático y republicano. Pero aun enterrado, Nisman luchaba para sentar a sus criminales frente a la justicia.

Conclusión

Había que enfrentar a un gobierno que se comportaba como tiranía y a un gobierno teocrático totalitario. Había que tener con qué. No cualquiera estaba a la altura de semejante tarea ni tenía las suficientes agallas para poder hacerlo y sostenerlo. Nisman no solamente que tenía lo necesario, sino que lo hizo. No se quedó sentado. Investigó, habló, viajó, expuso, denunció. Dio la vida.

Hoy necesitamos una cuádruple justicia para honrar la memoria del fiscal al máximo punto: justicia para las víctimas de AMIA y sus familiares encarcelando a los terroristas islámicos perpetradores del atentado; justicia para las víctimas alrededor del continente encarcelando las células infiltradas por Irán; justicia para los argentinos encarcelando a los criminales que quisieron encubrir el atentado a través de un pacto secreto; y justicia para el propio Nisman y su familia encarcelando a quienes lo mataron y lo mandaron a matar.

Con sus aciertos y errores, luces y sombras, pero siempre con la determinación de obtener justicia por AMIA, Nisman fue una figura heroica que merece nuestro recuerdo, nuestro reconocimiento y nuestra reivindicación. Fue héroe como argentino persiguiendo judicialmente a asesinos, doblemente héroe como judío esclareciendo un atentando contra una sede de su comunidad, triplemente héroe como hombre de ley utilizando las herramientas a su alcance para obtener castigo a los culpables.

Desde la Argentina, desde el pueblo judío, y desde el mundo del derecho, vaya mi sincero homenaje a , seguramente compartido con otros deseosos de justicia.

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Nacido en San Juan, Argentina, en 1987, cursa estudios en derecho; egresado del Majon LeMadrijim en Israel, y con diploma por trabajo voluntario e investigación periodística en Israel; egresado del Instituto de Inglés Saint Paul, y con 4 diplomas internacionales del Esol Examination; miembro y Secretario de Juventud de la filial cordobesa de la Organización Sionista Argentina; fue madrij, Rosh y Rosh Jinuj del merkaz de Córdoba de la Tnua Hejalutz Lamerjav, movimiento juvenil sionista apartidario; Peil de MASA, sociedad entre el Gobierno de Israel y la Agencia Judía, para programas de larga duración en Israel dedicado a jóevenes. Brindó capacitaciones a jóvenes líderes y educadores comunitarios. Campeón y Subcampeón de Olimpíadas de filosofía a nivel provincial en San Juan. También hizo periodismo deportivo en medios locales, trabajó para Radio La Red en San Juan, y colaboró con artículos para el diario israelí Aurora, y los distinguidos blogs de la OSA filial Córdoba y de la Fundación Hadar, entre otros.