Tal vez las celebradas páginas de las revistas Vuelta y Plural no habrían llegado al ávido lector sin el empeño de Alejandro Rossi (1934-2009), un italiano desde la cuna y un mexicano por lúcida elección.

Figuras como Borges y José Gaos se presentan claramente en sus escritos, especialmente en su celebrado Manual del distraído que la editorial Joaquín Mortiz publicó tempranamente en 1978. Páginas que no admiten fácil examen pues sus voces bajan y se elevan con rapidez, desalentando al ordinario lector. No obstante, quien se empecine en seguirle acumula reflexiones y metáforas que adherirán por siempre a su memoria.

En su Mexicanos Eminentes, Enrique Krauze enhebra algunas notas en torno a sus diálogos con Rossi. …" un célebre poema de Borges, aquél de la rima teológica Golem-Scholem… nos llevó a Benjamín, Benjamín a Kafka, al teatro judío… y de pronto estaba allí, entre libros, una zona de amistad."

Apunte que cualquier pertinaz lector de sus páginas apoyará sin reservas.

En El Manual recuerda en particular a José Gaos, el filósofo español que al llegar en 1940 a México enriqueció a múltiples audiencias interesadas en el pensamiento europeo. Aquí recuerda sus virtudes… " la modulación de la voz, el manejo del gesto, la elegancia en el decir… La cátedra lo revivía… y allí fue donde saboreó la felicidad." Como resultado, no pocos de sus alumnos le deben la obsesión imparable a repensar dictámenes y creencias.

Por añadidura, los cursos y la figura del chileno Salvador Allende le abruman, particularmente " el valor, la hombría, el estoicismo" que habría revelado en el curso de su asesinato-suicidio en Chile. Sin embargo, señala también sus errores: … " el Gobierno de la Unidad Popular era un caos, no tenía ni pies ni cabeza, un juego que satisfacía impulsos morales, manías igualitarias…mientras el país se arruinaba…"

Observaciones que personalmente me tocan cuando memorizo mis días en aquel país y aquellas circunstancias.

La dialéctica del optimismo es otro de sus temas. Así se remonta a la opinión de Leibniz sobre nuestro mundo: …" es quizás el producto de un Dios cansado y distraído, pero…cualquier alternativa hubiese sido peor…" Y cuando Rossi se describe como persona y pensador el relato preserva el equilibrio: …" no soy un obrero, no soy un burócrata y tampoco soy un millonario… Sin embargo, no habito un barrio proletario huérfano de agua y luz, ni comparto el dormitorio con " con otras seis personas…"

Rossi se contenta con su departamento mediano si bien …" sus muros podrían ser más gruesos y así evitarían oír ruidos íntimos e innecesarios como los desahogos de mi vecino, sus carcajadas, sus pesadillas…"

Se autorretrata al fin como un modesto burgués que anhela amigos cercanos si son satisfactoriamente discretos. Y odia el teléfono porque   "cuando suena, la primera reacción es ocultarme, me acerco a él con desgana y si equivocaron el número siempre experimento alivio. "

Las lecturas y relecturas de Rossi aleccionan, instruyen y – también – desorientan. Su prosa toma imprevisibles vuelos y a menudo se precipita a una coma o a un punto que adhieren a otro conjunto de reflexiones. No obstante, debidamente sumados nos obsequian pistas y pautas sobre el ser moderno y la modernidad con fisonomías y modalidades muy alejadas del distraído que presumiblemente lo retrata.

En suma: un Manual nutrido de páginas que resisten el olvido.

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.