Diario Judío México - se describía en Twitter como un profesional del marketing y un consultor de negocios y social media “cuando no defiendo a exponiendo las mentiras y reforzando la verdad”. El domingo 16, un terrorista palestino le apuñaló en un centro comercial de Gush Etzion, un asentamiento al sur de Jerusalén. Fuld, nacido en Queens, Nueva York, y padre de cuatro niños, murió como consecuencia de las heridas, no sin antes perseguir a su asaltante y neutralizar la amenaza que representaba para otros civiles.

Fuld dio así la completa medida de la devoción que profesaba al pueblo judío. Tenía 45 años.

Este suceso es un tétrico recordatorio de lo acertado y justo de la dureza de la posición de la Administración Trump hacia los palestinos.

Empezando por la Taylor Force Act, que debe su nombre a otro ciudadano norteamericano víctima del palestino y que corta el flujo de dinero del contribuyente estadounidense a los programas civiles de la Autoridad Palestina (AP). Aunque sea un magro consuelo para la familia de Fuld, los norteamericanos pueden darse el pequeño respiro de saber que no están poniendo el dinero que la AP utiliza para mantener a las familias de terroristas muertos, presos o heridos, como el que asesinó a Ari.

Ningún principio de justicia o sentido de Estado exige que Washington gaste 200 millones de dólares –el monto de la ayuda a la AP interrumpido el mes pasado por la Administración Trump– en una entidad que induce financieramente a los palestinos a cometer actos terroristas. El presupuesto incitador de la AP –“pagar por asesinar”, como dijo Douglas Feith– se mueve entre los 50 y los 350 millones de dólares anuales. Aportar siquiera una fracción de esa cuenta equivale a que el Gobierno norteamericano financie el contra sus propios ciudadanos.

Si no pagamos a los palestinos, aduce la corriente principal de pensamiento, la frustración les llevará a perpetrar más, y más sanguinarios, actos de terror. Pero la asistencia norteamericana a los palestinos se remonta al establecimiento de la AP, como consecuencia de los Acuerdos de Oslo, y desde entonces los terroristas palestinos no han dejado de derramar sangre norteamericana a israelí. ¿Qué dice de los líderes palestinos el que desencadenen más terror si nos les llenamos los bolsillos de plata?

El presidente Trump merece también reconocimiento por expulsar a diplomáticos palestinos de territorio norteamericano. Recientemente el Departamento de Estado revocó la visa a Husam Zomlot, el oficial palestino de más alto rango en Washington, aduciendo los años que llevan los palestinos negándose a hablar de con los israelíes. La mejor razón para expulsarlos tiene que ver con lo comprometido que es adjuntarles la etiqueta de enviado, dados los vínculos entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la facción Fatah del presidente Abás y varias agrupaciones terroristas. Fatah, por cierto, celebró el asesinato de Fuld. Como reportó el Jerusalem Post, “las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, ala militar de Fatah, (…) saludaron el ataque resaltando la necesidad de resistirse a ‘los asentamientos, la judaización del territorio y los crímenes de la ocupación’”.

Ya es hora de que los líderes palestinos decidan si quieren ser terroristas u hombres de Estado. Pretender que pueden ser ambas cosas es el colmo de la estupidez occidental, como sin duda sabía Fuld, bendita sea su memoria.