Diario Judío México - No es coincidencia que, en contraste con otros medios audiovisuales, el sea considerado una forma de arte. El vínculo privado que se establece entre el espectador y la historia y que se manifiesta en la oscuridad de la sala, en la que uno está sólo, con todos los sentidos concentrados en la pantalla y en el que uno es el personaje principal, la propia historia y los sentimientos que evoca, no se logra a la ligera.

Lo conocí en el año 2009 en su oficina, ubicada en una antigua casa de la Colonia Anzures, donde el poster de “Daniel y Ana”, que adornaba el centro de la pared, entonces era su más reciente película y estaba nominada para el Festival de Cannes. En aquella entrevista, Michel Franco compartió su experiencia acerca de su éxito, lo cual lo ha motivado a trabajar con mayor responsabilidad. Con esta filosofía, casi tres años después, el cineasta regresa del magno certamen celebrado en la Costa Azul de Francia por segunda ocasión, tras haber obtenido el máximo galardón al que un joven director pueda aspirar, por su largometraje “Después de Lucía”, donde aborda la conciencia de estudiar la violencia desde todos los entornos. La temática y el desarrollo de la historia fueron catalogadas por los críticos franceses entre las favoritas para la sección “Una cierta mirada” de dicho Festival.

Después de ser aplaudida en Cannes, este filme se ha vendido en 25 países y espera llegar a las 60 copias que serán lanzadas a mediados de octubre a nivel internacional. Por ello, no cabe duda de que este cineasta judeo mexicano vaya abriéndose camino hacia nuevas oportunidades, ya que su nombre ahora es reconocido entre los grandes directores de .

A través de sus creaciones, Franco nos muestra cómo logra entender el mundo y los problemas de la sociedad que le rodea, lo que le inspira para utilizar una temática recurrente: En Daniel y Ana se expone sin tabúes el tema del secuestro, mientras que Después de Lucía surge como una propuesta diferente ante el acoso escolar y el luto familiar. Sin embargo, no desea encasillarse en un mismo tema, sino evolucionar trastocando el fondo de otras situaciones a las que se enfrenta el ser humano.

“Vale la pena hacer una película con un punto de vista crítico, que me ayude a entender todo aquello que deseo entender. Ésta ha sido la línea con la que me he manejado hasta el momento”, comenta el joven director.

En sus cintas, es capaz de adentrarse en el mundo anímico de sus personajes para mostrar los valores reales de nuestro ámbito socio cultural, el cual se ve seriamente dañado por la falta de recursos morales y la resistencia a un cambio que se vive en los distintos estratos económicos. “Después de Lucía fue como una oportunidad para hacer conciencia sobre el impacto del hostigamiento y el abuso”, recapacita Franco, autor del guión, quien ha hecho una buena mancuerna con su productor, Moisés Zonana. Pero quizá la fórmula para su éxito haya sido tocar las fibras más sensibles del espectador sin necesidad de llegar al morbo ni a sentimentalismos exagerados.

Con solo 32 años, lo imagino creativo, concentrado, situado en la locación que él elige, a veces detrás de la lente de una cámara, otras dirigiendo las escenas con temas delicados que nacieron en su mente para llevarlas a la realidad, tarea complicada para un director.

“Fue a partir de los 15 años que realmente comencé a interesarme por el y veía muchas películas, por lo que a los 19 estudié en Nueva York y comencé a hacer algunos cortometrajes que afortunadamente tuvieron cierto impacto en nuestra sociedad”, evoca Michel acerca de sus inicios en esta carrera.

Fiel a sus ideales y con la capacidad para lograr sus proyectos individualmente, se dedicó a trabajar solo: escribe, produce, fotografía, filma y dirige sin la ayuda de nadie, por lo que manifiesta: “Para formarme como director, lo importante es expresar auténticamente mis ideas, sin tener que asistir a ningún director. Tampoco quiero correr el riesgo de encasillarme en una misma temática, ya que como escritor quiero darme el permiso de evolucionar en otros temas”, confiesa, aseverando que “tengo una tercera película a estrenar en otro festival y en la cual estamos trabajando. Esta vez lo haré en co-dirección con mi hermana Vicky”.

Finalmente, surge la pregunta obligada: ¿Tu mejor experiencia en Cannes?

“La sensación de emoción, nerviosismo y felicidad que se conjugaron al escuchar mi nombre en la enorme sala, fue algo increíble. Estar al lado de grandes estrellas internacionales y directores tampoco fue una prioridad, ya que finalmente todos somos seres de carne y hueso y lo más importante es que se conozca nuestro trabajo, lo que nos motiva a ser mejores cada día. Sin embargo, la plática que tuve con el director británico Tim Roth por más de tres horas, en las que me dijo por qué le había gustado mi película, fue una de las experiencias más gratas de Cannes”.


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