Este es el artículo 2 de 3 en la serie Atardecer de un Gigante

Diario Judío México - Intensos Momentos

Ben Gurión y su ayudante continuaron con sus respectivas labores, en un día que para ellos había empezado muy temprano y que sin saberlo, les deparaba varias sorpresas, recuerdos y emociones.

Portando un overol azul obscuro, David salió de la casa y se dirigió al gallinero del kibutz. Con un cordial boker tov (buen día), saludaba a los trabajadores que como él se habían despertado antes de los primeros rayos del amanecer; con satisfacción comentaba la buena producción de blanquillos que se había logrado en los últimos meses y lo bien que resultaron las nuevas jaulas y luz especial con que se había dotado a la instalación.

Pasaban los minutos y en su mente aparecían imágenes y recuerdos furtivos relacionados con la conversación que había tenido con Shmuel en el desayuno. Las imágenes saltaban desde los tiempos de la Independencia del Estado, hasta una visita que realizó a un campo de refugiados palestino, apenas hace algunos años.

Se cuestionaba acerca de sus objetivos territoriales que deberían liberar el Banco Occidental y llegar al río Jordán.

…¡Después de todo es nuestra frontera natural y la conducta de miles de palestinos que huyeron con pánico ante nuestro avance, lo justificaba!

Pero también recordó que hubo peligros, como la hostilidad de una mayoría árabe, disputas sin fin ante las Naciones Unidas, además con las grandes potencias y que nuestra tesorería, de aquel entonces, se hubiera visto colapsada.

Al respecto le vino el recuerdo de una conversación que tuvo, algunos años atrás, con el general Yigal Allon, en una visita que ambos hicieron al puerto de Eilat. En el jeep que los transportaba le preguntó a Yigal:

“¿En qué forma conquistaría usted aquellas alturas?” Señalando David la cadena montañosa de Jordania.

Allon comenzó a analizar el problema explicando la ruta que tomaría y las fuerzas que utilizaría. Repentinamente se quedó callado y luego preguntó asombrado:

“¿Por qué pregunta, desea conquistar aquellas alturas?”

Haciendo un gesto con la mano, el viejo musitó:

“Yo no, pero usted las conquistará”.

En otro momento llegó a su mente el recuerdo de la guerra relámpago del Sinaí y la visita a las ciudades árabes, además de los campos de refugiados en la Franja de Gaza y el norte del Sinaí. En esas vivencias se enfrentó cara a cara con otra realidad: los palestinos no habían huido ante el avance del ejército israelí, como lo hicieron en 1948.

Los árabes, sabiendo que los soldados israelíes eran gente civilizada y no los monstruos asesinos que había descrito la propaganda de sus propios líderes en la Guerra de Independencia, cerraron, en la segunda ocasión herméticamente sus puertas e izaron banderas blancas en señal de rendición.

David desde ese momento había comprendido que de ocupar alguna vez el Banco Occidental, se enfrentaría a una población de un millón o más de árabes hostiles. Como estratega, también había percibido las consecuencias de romper el delicado equilibrio de la mayoría judía en su tierra; por ello, en adelante concentraría sus esfuerzos en preservar lo adquirido y en traer a más inmigrantes judíos al país.

Salió de la granja con paso lento pero seguro y se encaminó al granero del kibutz. Saludó a las personas que estaban presentes, pero en esta ocasión, ya no hubo mayores comentarios con los trabajadores, pues seguía enfrascado en los recuerdos del por qué no se decidió por un más grande, como lo había soñado desde antes de la fundación del Estado.

…Tuve en varias ocasiones, la oportunidad de hacerlo. Recuerdo que Dayán Laskov mi ayudante, me dijo:

“El trono de Hussein está temblando, ahora es el tiempo para crecer”; en otro momento me había dicho “el régimen de Irak ha sido derribado, Siria se encuentra en profundos problemas domésticos, ha llegado la hora de avanzar hasta el río Jordán”…Pero mi respuesta siempre fue la misma: “No, por esta vez ellos no huirán”.

Recordaba además que después de la Guerra de los Seis Días, muchos líderes del gobierno, comenzaron a dirigir sus discursos sobre las predicciones de la Biblia y arengaban a las multitudes con lemas acerca de la santidad de la tierra de y el Banco Occidental, del cual decían que “jamás nos retiraremos”.

…Pero yo, a quien muchos me creían senil y equivocado, les dije en 1967 que “por una paz real, deberíamos de renunciar a todos los territorios ocupados, excepto a Jerusalén y las Alturas del Golán”. Ello confirmaba mi decisión entre un país más grande con una minoría judía o menor tierra judía, con mayoría judía, inclinándome por lo segundo, que en esencia es lo fundamental para un estado judío sólido y progresista de tipo occidental.

Al ver la hora en su reloj, recordó la ya próxima visita de su enfermera y masajista Rajel, por lo que se dirigió a casa con pasos rápidos. Al llegar a la puerta, escuchó las voces de Rajel y Shmuel que sentía alteradas. Al entrar les preguntó:

– ¿Qué les pasa javerim (compañeros)?

– Boker tov (buen día) David, llegué un poco tarde y le estaba comentando a Shmuel lo sucedido en el hospital, poco antes de salir para acá.

– ¿Y qué es lo que sucedió que los tiene tan nerviosos y discutiendo?

En ese momento intervino Shmuel, casi gritando:

– ¡A mi no me tiene nervioso !, lo que pasa es que no entiende Rajel que eso sucede por no tomar en cuenta nuestras costumbres y preceptos religiosos. Además, lo tienen merecido por no saberse comportar y entender que somos diferentes.

– ¡Esas son palabras de personas estrechas de criterio y fanáticas! respondió Rajel

– Bueno… me quieren decir de que se trata y dejar de gritar

– Tiene razón David… yo se lo contaré, pero debe de explicarle a Shmuel, que ante todo somos humanos y que entre jóvenes que se quieren, no puede existir un rigorismo religioso y brutalidad social, como al que han sometido a esta pareja.

– Insisto en que me digas que pasa, aunque por lo último que comentaste, ya casi adivino de que se trata.

– Pues sí, creo ya lo sabe, pues esto no es nuevo… pero no con la brutalidad con que últimamente se está dando.

Cuando la enfermera empezó su relato, David tomó el álbum fotográfico que habían apartado para ella desde temprano y se dispuso a sentarse en un mullido sofá de la pequeña salita.

– En el hospital, tenemos a un joven médico judío y a una practicante de enfermería, ella de origen árabe. Resulta que los dos hará unos meses, viajaron a Chipre para casarse, pues aquí no había forma de hacerlo y están locamente enamorados.

En eso interrumpe Shmuel diciendo:

-Yo no creo que a una pareja los enajene tanto el amor, que hasta sus principios morales y las muertes que han habido se puedan olvidar, por muy cultos y estudiados que sean.

David que estaba atento al relato y a los comentarios que Shmuel decía, agregó:

– Mira Shmuel… eres joven también, tal vez igual o más que la pareja a que se refiere Rajel, pero deja que termine y sobre todo, que me aclare eso de “la brutalidad”.

– En efecto son unos brutos los padres y todos los dirigentes religiosos, llámense judíos o musulmanes.

– ¡Ahora sí que estas enojada Rajel! comentó David.

– ¿Cómo no lo voy a estar? cuando me avisan que al enterar ellos mismos a sus padres del matrimonio y la próxima llegada de un bebé, los hermanos de ella le propinan una golpiza, que la tiene al borde de la muerte y a él, lo consideran como si fuera un hijo que ya ha fallecido y hasta hacen rezos por su desaparición.

Presintiendo David una nueva intervención acalorada de Shmuel, toma la palabra con voz baja y pausada:

– Realmente me impresiona tu relato Rajel y parece increíble que en una sociedad moderna como la israelí y en pleno siglo XX, se den esos casos. Claro que esto tampoco es nuevo para mi, recuerdo que hasta los buzones para la correspondencia en donde aparecen juntos apellidos familiares de origen árabe y judío, han sido arrancados de sus lugares en departamentos de ciudades como Tel-Aviv o Haifa.

Esas parejas mixtas parecen oasis de cariño en medio del desierto; desierto de incomprensión y rechazo. En realidad no son aceptadas por ninguna de las dos partes. Es como si en este país el cariño fuese más condenable que el odio, más condenable que la opresión militar, más condenable que los atentados contra la población civil y las amenazas por ambas partes. Tanto judíos como árabes, rechazan estos matrimonios y piensan que están destinados al fracaso.

– Pero David… ¡cree usted que eso sea lo correcto o humano! La historia de estos amores difíciles, cada día van en aumento porque las dos comunidades tienen más oportunidad de encontrarse que antes.

¡Este caso es de los raros! (un hombre judío con mujer árabe), en la mayoría de ellos, la relación se da entre mujer judía y hombre árabe.

– Si tienes razón Rajel, recuerda que el hombre musulmán no infringe ninguna ley al casarse con una mujer que pertenece a una de las religiones que figuran en el libro del Corán. Si no es musulmana, puede ser judía o cristiana, pero con la única condición de que a los hijos se les eduque en la religión del padre.

Para la mujer musulmana, la situación es distinta: ella está obligada a casarse con un hombre de su misma religión.

– Por lo que puedo comprender -interviene Shmuel- definitivamente el matrimonio con musulmanes, es un tabú mayor para nosotros los judíos que para ellos y que de acuerdo a las estadísticas, nuestras mujeres son más propensas a llevarlo a cabo.

– Hay que pensar Shmuel -agrega David- que el adolescente árabe en tiene mucha más libertad que la mujer árabe. Ante la necesidad de tener que trabajar, deambulan por las ciudades israelíes y obviamente encuentra judías más liberales que las mujeres de su pueblo. Algunos andan en busca de una aventura amorosa o sexual, otros persiguen fines más serios.

Para algunos de los árabes de IsraeI, los judíos representan los valores modernos occidentales. Estar casado con una mujer judía, puede ser para algunos un factor de modernización o hasta de promoción social. Algunos intentan hacerse pasar por judíos, lo cual no es muy difícil puesto que físicamente es fácil confundir a un judío oriental con un palestino, quienes además por lo general, dominan el hebreo y pueden hacerse pasar por hijos de una familia proveniente de Marruecos, por ejemplo.

Pero antes de dar oportunidad a que el diálogo continuara, Ben Gurión se para del sillón y le dice a Rajel:

– ¡Bueno Rajel… ya es hora de que me atiendas la mano y mi ya no tan flamante cuerpo!

– De acuerdo David… pero no ha contestado a mi pregunta.

– Lo sé muy bien y realmente me pones en un gran problema al querer mi opinión… ¿acaso tengo cara de rabino?

Sonriendo los tres al mismo tiempo, Rajel y David se dirigen a un pequeño cuarto especial, ocupado por un diván cubierto por una gran toalla, algunas palanganas con agua y uno que otro aparato eléctrico.

El anciano, se coloca una bata cómoda y se recuesta en el diván boca abajo. Rajel enciende unas lámparas especiales de luz infrarroja y procede a dar sus masajes a David, en las más de las veces, sólo usando sus manos y en algunas otras utiliza algún vibrador especial.

En momentos en que la terapia no era tan intensa, el diálogo empezó de nueva cuenta; en este caso continuando David con el tema que había interrumpido en la pequeña salita de la casa.

– Rajel, hace unos momentos me pedías una opinión, que como te dije, es difícil externar por la cantidad de factores que entran enjuego, sobre todo el factor humano y de juventud.

Tú ya no eres tan joven, es más, te considero una mujer madura y pienso que la respuesta tú misma la tienes.

Debo confesarte que en mi caso personal, el amor o las inquietudes de la propia juventud, llegaron con más naturalidad o de acuerdo a los cánones sociales y religiosos establecidos.

Me casé, tuve hijos, pero mi naturaleza humana, en un momento dado en que me sentía solo por mis constantes viajes y en una cumbre llena de problemas, llegué a entablar relaciones que pudieran considerarse escandalosas, con una mujer muy especial, olvidando por varios años cualquier freno moral o familiar

También te comento que no me arrepiento de esto, pues sin esas relaciones relajantes no se que hubiera pasado con el estadista y jefe de familia, probablemente no hubiera llegado a feliz puerto.

Rajel, interrumpiendo su trabajo y un poco aturdida por lo que David le confesaba, comenta:

– Le agradezco la confianza que me tiene y aunque algo sabía de los problemas, que en algún momento tuvo con su esposa Pola, dicen que fue una etapa crítica del matrimonio Gurión, pero pienso que en cualquier familia que tiene un jefe responsable y ocupado, como en la suya, es raro el hombre que se salva de ese tipo de conflictos emocionales, máxime la vida tan intensa y de campaña en otros países que usted tuvo que llevar.

Mi madurez efectivamente me hace pensar en forma más fría, por eso mismo, sin ser abogada del diablo, el problema lo veo más profundo y casi eterno, si es que no optamos por leyes más elásticas. Imagínese usted el período de paz con los árabes, que seguramente algún día llegaremos a tener; en donde nuestros jóvenes se sigan conociendo y entren a etapas en donde las familias conscientan una “unión matrimonial mixta” y que nuestros jefes espirituales, o los de ellos se aferren a leyes o principios religiosos como los que tenemos en la actualidad. ¿Qué sera del futuro de estos matrimonios y sobre todo de sus hijos?

– En las circunstancias actuales -respondió David- y creo que por muchos años más, la solución a esta problemática no se dará en forma humana o conveniente para ambas partes. Recuerda que las fronteras de un país, no sólo se marcan por la fuerza, sino también por costumbres, intereses y comunión de las personas que viven en él. Estoy de acuerdo que en un país moderno viven personas con diferente creencia, costumbres y tradición, pero al menos la mayoría marca un estatus. Esto no quiere decir que toda una nación se sujete a esa gran mayoría, por ello es que se mantiene como país laico; pero por otra parte y dadas las circunstancias, es de lamentar que todavía no llegamos a proclamar una constitución, como la mayor parte de los países europeos y sobre todo en los del Continente Americano. Esto último también señala problemáticas como el establecimiento del voto directo del ciudadano, en lugar de representativo, como hasta la actualidad lo practicamos.

– Me quiere decir usted con esto ¿que no estamos maduros en nuestra legislación religiosa y nacional?

– No exactamente… recuerda que en materia religiosa nuestro pueblo se adelantó a muchas y además sirvió de base a leyes constitucionales y de derechos humanos de diferentes países. La realidad de nuestra nación se nos presenta aún más complicada, pues nuestro pueblo ha adquirido una cultura que puedo denominar cosmopolita o universal, que en forma individual funciona, llegando a crear en el judío como persona o pequeño grupo, una ética y normas especiales para conservar su identidad, pero que al aglutinarse con los de grandes grupos de judíos, el punto medio ideal no se logra a vuelta de unas cuantas generaciones. Como ejemplo más sencillo te puedo citar a nuestro propio folklor, que tiene de todo un poco, pero aún no llegamos a tener una personalidad propia y definida, por la cual se nos identifique plenamente.

– Créame David que sí lo entiendo, pero me cuesta trabajo aceptar, lo que para mi son injusticias. Creo que usted tiene la misma opinión que yo y no me negará que es triste y vergonzoso lo que ocurrió con esta pareja.

La enfermera terminó su trabajo y ayudó a Ben Gurión a incorporarse y vestirse, sin que David abundara más en el tema. Cuando se disponían a abandonar el cuarto David le dijo:

– Ahora que lo recuerdo, tuve el álbum que me pediste en mis manos y no te lo he mostrado para que trates de reconocer a algún pariente sudamericano.

– ¡Ya lo había olvidado!, pero hoy no tendré más tiempo para revisarlo… A propósito de la diáspora, se imagina los problemas que deben de tener sobre el tema de matrimonios mixtos. ¡Si aquí en los hay, como lo platicamos! ¿qué pasará y cómo lo resolverán los judíos de esas tierras?

– Despreocúpate Rajel del álbum y de los problemas de la diáspora, ellos sabrán que hacer. Lleva las fotografías a tu casa y con calma revísalas, por mi no hay prisa y estoy seguro que te agradará ver momentos y paisajes bellos que aún guardo con cariño en mi corazón.

El reloj de la casa de David marcaba más de la una de la tarde y acompañando a Rajel hasta la puerta, le avisó a Shmuel que él se adelantaría al comedor del kibutz para comer, encargándole estuviera pendiente de la llamada prometida de su hijo Amos. Al despedirse de Rajel le dijo:

– Mi querida Rajel… he estado pensando en estos momentos en lo de la famosa torre de Babel y en sus consecuencias, siendo una de ellas la de estos dos muchachos, pero nosotros no podemos arreglar el mundo a nuestro antojo aunque se nos fuera dado, hay multitud de factores, precisamente humanos que sólo el tiempo podrá acomodar, incluyendo a las religiones que han surgido como esas fronteras nacionales que te comentaba.

– Definitivamente como usted lo dice, no podemos arreglar todo; al menos espero que mi trabajo de este día haya servido para que usted se sienta más confortado y de nuevo le agradezco su plática y confianza.

– ¡A una máquina como la mía ya no se le puede hacer gran cosa y créeme que en realidad haces milagros con ella! Por lo de la confianza, no tienes que agradecerla y los comentarios que te externé, sirvieron en parte para recordar las largas pláticas que tuve con mi querida esposa Pola, que como tú, también fue una buena enfermera.

Continuará

Más Artículos en esta Serie

<< Atardecer de un gigante (Primera Parte)Atardecer de un Gigante (Tercera y última parte) >>
Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.
Artículo anteriorYosef Jaim Brenner y Shmuel Yosef Agnón
Artículo siguienteDe los lectores
Egresado de la carrera de Contador Público del ITAM, por varios años trabaja en la industria de la confección, transformación y la industria editorial.Es de destacar su actividad en organizaciones comunitarias judías mexicanas entre ellas la Comunidad Sefaradí y el Comité Central. Al mismo tiempo se dedica a la edición de varias publicaciones como la revista "Emet" (1984); periódico "Kesher" (1987) y "Foro" en 1989.Dentro del campo intelectual siempre ha tratado de mantener vigente la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas de México y por lo menos un medio escrito lo suficientemente amplio, con calidad y profesionalismo como lo es "Foro", para que más de 60 escritores de México y el extranjero expresen mensualmente a través de sus páginas los pensamientos e inquietudes que forman opinión dentro del gran número de lectores que hasta la fecha tiene.Dentro de esta misma práctica de edición, ha colaborado, cuidado y diseñado más de 40 libros de escritores e instituciones que se lo solicitan y tiene en su haber tres libros histórico-biográfico y de consulta, como el "Prontuario Judaico".