El atentado contra la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández, puso el foco en la existencia de grupos que promueven el odio y que defienden ideas vinculadas al nazismo. Ariel Gelblung, del Centro Simón Wiesenthal, dijo a Sputnik que la Justicia deberá confirmar si el atentado pertenece a “este tipo de ideología que se expande”.
Si bien Fernando Sabag Montiel, el atacante que gatilló contra Cristina Fernández, poseía en su cuerpo tatuajes vinculados a la ideología nazi, la Justicia argentina aún trata de probar si pertenecía a una organización o, por el contrario, actúo en solitario.
Por ahora, se cree que Sabag tuvo apoyos en su accionar. La Justicia Federal logró obtener fotos en las que tanto él como su pareja, Brenda Uliarte, posan junto al arma que sería empleada luego para intentar asesinar a la vicepresidenta y se conocieron fotos de la novia vendiendo copos de algodón en la esquina de la casa de la vicepresidenta unos días antes.
La posibilidad de grupos de ultraderecha estén organizando actos de violencia alarmó a muchos argentinos. Sin embargo, desde sectores dedicados a seguir la problemática aún se mantienen cautos.
Ariel Gelblung, director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal —dedicado a denunciar los discursos de odio— dijo a Sputnik que “ha existido gente fascinada o que pueda seguir la ideologia nazi ahora y en todos los lugares de la región”.
Sin embargo, aún hay interrogantes sobre Sabag: “No sabemos todavía si actuó solo, si pertenece a un grupo, si es militante del grupo, si dentro de este fue llamado o lo impulsaron a llevar adelante esta acción, eso todavía no lo sabemos”, expresó Gelblung.
Por eso, para el activista “hay que esperar un poco más el resultado de la investigación” de la Justicia.
De todas maneras, Argentina registra algunos antecedentes recientes que abonan la preocupación. Mientras Sabag y Uliarte eran investigados, en la ciudad de La Plata era detenido el dueño de un centro cultural supremacista que reivindicó el ataque contra Fernández de Kirchner.
José Derman, de 39 años, oriundo de la ciudad bonaerense de La Plata y referente del Centro Cultural Kyle Rittenhouse —un estadounidense, autor del asesinato de manifestantes contra la represión policial en EEUU—, no solo celebró el ataque sino que comentó en redes sociales que él también sería capaz de cometerlo.
Según recoge el medio argentino Página12, Derman, junto con algunos de los participantes del centro, fueron expulsados de Fuerza Unidaria, una agrupación de extrema derecha.

Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina - Sputnik Mundo, 1920, 02.09.2022

El lugar, que correspondía al garaje del domicilio del mismo Derman, contenía ilustraciones de figuras políticas como el expresidente de EEUU Donald Trump, el mandatario brasileño Jair Bolsonaro y el líder del partido opositor argentino La Libertad Avanza Javier Milei, entre otros.
En la misma línea, y bajo la consigna de “no queremos ser Cuba” y la amenaza de “no van a poder caminar tranquilos”, una agrupación radical denominada Revolución Federal hostigó a políticos del Gobierno.
El ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, y el diputado opositor de la coalición Juntos por el Cambio, Rodrigo De Loredo, fueron perseguidos por el grupo que cuenta con solo unos pocos meses de vida y se centra en el rechazo al kirchnerismo.
El 4 de julio, y tras presenciar la asunción de la exministra de Economía Silvina Batakis, Ferraresi fue agredido verbalmente por este grupo, que lo acusó de “comunista” y de perjudicar al pueblo. Días después fue el turno de De Loredo, que fue abordado por mujeres de la agrupación dentro de un restaurante.
“Basta de oposición falsa, tibia y cómplice. O frenan el apoyo indirecto al kirchnerismo o estas escenas contra políticos se van a repetir cada vez más”, amenazaron las mujeres, que también advirtieron que perseguirían a quienes votaran a favor de imponer en Argentina el ‘Salario Universal’.
Episodios similares se han dado también en años anteriores. Durante la campaña electoral previo a las elecciones legislativas de 2021 el entonces candidato a legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) Gabriel Solano, denunció que integrantes del Partido Obrero en Villa Ortúzar fueron atacados por seguidores del partido de extrema derecha Frente Patriota, acusado de defender una ideología neonazi.

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y la vicepresidenta, Cristina Fernández, juntos en el Congreso en marzo de 2021 - Sputnik Mundo, 1920, 07.09.2022

De acuerdo a sus declaraciones, los militantes fueron golpeados por ser “marxistas” al grito de “zurdos de mierda los vamos a aplastar”.
Una década atrás, un grupo de jóvenes con ideología neonazi atemorizó a Mar del Plata. Pintadas contra los inmigrantes, así como atentados a monumentos y ataques a mujeres y disidencias en la vía pública fueron algunos de los delitos cometidos por la organización que incluso incorporaba símbolos nazis y el saludo típico.
Para Gelblung “a lo largo del mundo este tipo de ideologías se expande”, algo con lo que contribuyen las redes sociales que incrementan exponencialmente la difusión de “no solamente ésta sino de todo tipo de ideología extrema”.
Estos grupos, según explicó el representante del Centro Simón Wiesenthal, “se mueven en determinado secretismo o hacen sus actividades en la clandestinidad sabiendo que no pueden hacerlas a la luz del día”.

La vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner - Sputnik Mundo, 1920, 06.09.2022

Según su perspectiva, se pueden emplear acciones para prevenir que se propagandicen ideologías que hablen de la destrucción de un grupo: “Hay que tener algún tipo de postura respecto del discurso de odio”, hacia aquel que “va apuntando a la eliminación de algún grupo por su razón de ser”.
Para Gelblung “no hay que confundir libertad de expresión con discurso de odio y con la amplitud de la discusión democrática de ideas; son tres conceptos diferentes”.
Respecto del atentado contra Fernández solo queda ser “prudente” y “no sacar conclusiones apresuradas” hasta que se pronuncie la Justicia, concluyó.