En los últimos días hemos presenciado en México el debate acerca de los hechos durante la guerra de Independencia y su consumación. Estatuas fueron removidas, héroes fueron descalificados como tales y narrativas que habían prevalecido por mucho tiempo en la oficial se modificaron para dotar de un sentido distinto a los acontecimientos descritos en fuentes diversas. Es cierto que la se construye siempre a partir del presente y en esta ocasión fue claro cómo las necesidades políticas del régimen actual operaron a fin de consolidar un nuevo discurso afín a éstas.

Sin embargo, hay algo que no se puede cambiar sin incurrir en falsificaciones. Cuando se trata de datos duros, de fechas, cifras y personajes que de acuerdo a toda la información con que se cuenta fueron de una manera determinada, no hay excusa legítima para alterarlos porque no se prestan a interpretaciones. Por ejemplo, sería mentira pura afirmar que en México el sismo de 1985 no ocurrió el 19 de septiembre o que en 1938, cuando se realizó la expropiación petrolera, aún no era presidente del país.

Todo esto viene a colación por algo que se ha dado esta semana muy lejos de aquí. Se trata de la ceremonia de conmemoración de los 80 años de la brutal matanza ocurrida en Babi Yar, Ucrania, entre el 29 y 30 de septiembre de 1941 durante la Segunda Guerra Mundial. El horror fue ahí inconmensurable. Tropas pertenecientes a los Einsatzgruppen fusilaron a 33 mil judíos a la orilla de fosos en los que los cuerpos caían apilados unos sobre otros. Días después, el sitio fue utilizado para ultimar de la misma forma a gitanos, ucranianos, prisioneros de guerra soviéticos, partisanos y enfermos de un hospital siquiátrico, personas que, según la perversa lógica nazi, debían ser eliminados debido a su discapacidad.

Esta matanza es considerada uno de los mayores asesinatos masivos durante la Segunda Guerra Mundial, y en los días postreros a la contienda, cuando el nazismo se veía perdido, sus huestes intentaron borrar las huellas de ese magno crimen quemando los restos que pudieran evidenciarlo. A ello se añadió, contra todo lo que uno podría pensar, que tras el fin de la guerra fue el régimen soviético quien maniobró en el mismo sentido con el propósito de ocultar lo ahí sucedido. ¿Por qué? Ni Stalin ni sus sucesores consideraban conveniente revelar al mundo que decenas de miles de judíos y de ucranianos habían sido víctimas de tan dantesca orgía de sangre, debido a que, en el caso de los judíos, el antisemitismo que se había afianzado en el régimen comunista de la URSS no podía admitir el rol de víctimas de los judíos, que además podía exaltar aún más las peticiones de emigrar a Israel por parte de ciudadanos judíos de la URSS. De igual modo, tampoco se quería estimular las aspiraciones nacionalistas ucranianas al reconocer cómo miles de ellos habían sucumbido en matanzas masivas como la de Babi Yar.

Hubo una notable excepción que fue pionera en la difusión de lo ocurrido en Babi Yar. El poeta disidente soviético Evgueni Yevtushenko, quien por cierto visitó México en dos ocasiones, compuso un memorable poema que recitó en la Arena México en su primer viaje y cuyo título era justamente Babi Yar. Atreviéndose a hablar de lo callado por tantos años, los actos salvajes acontecidos en ese lugar empezaron a ser más conocidos en el mundo. La deliberada omisión de ellos, el silencio que el régimen de Moscú había impuesto en razón de sus intereses políticos, se quebró gracias en parte a ese poeta, y también después, tras el derrumbe de la URSS, cuando la investigación histórica tuvo la posibilidad de explorar archivos y lugares.

Así, el pasado jueves se llevó a cabo en la ceremonia de recordación de los 80 años de la masacre. Con la presencia del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, y del presidente de Israel, Isaac Herzog, se inauguró el Centro de la Memoria del de Babi Yar, institución encargada de recuperar la de lo ahí ocurrido, las identidades de víctimas y victimarios, de delatores y de posibles héroes dentro de ese infierno. La documentación disponible hasta ahora es muestra de esa “banalidad del mal” de la que hablaba Hanna Arendt. Muchos de los verdugos eran personas educadas —profesionistas, maestros, comerciantes etc.—, quienes asumieron la labor genocida con convicción y, en muchos casos, con entusiasmo. La matanza de sale así a plena luz, rompiendo ese silencio que fue cómplice de la mentira.

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Licenciada en Sociología egresada de la UNAM (1980), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana. (1982-1985) Fue docente en la ENEP Acatlán, UNAM durante 10 años (1984-1994). Actualmente es profesora en diversas instituciones educativas privadas, judías y no judías.De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional" tratando asuntos del Oriente Medio.Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior donde trata asuntos internacionales.Es comentarista sobre asuntos del Medio Oriente en medios de comunicación electrónica.Publicaciones:"Los orígenes del sindicalismo ferrocarrilero". Ediciones El Caballito S.A., México, 1982.En coautoría con Golde Cukier, "Panorama del Medio Oriente Contemporáneo". Editorial Nugali, México, 1988.Formó parte del equipo de investigación y redacción del libro documental "Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México en la primera mitad del siglo XX" publicado por la UNAM, Tribuna Israelita y Multibanco Mercantil, México, 1992.Coautora de "Humanismo y cultura judía". Editado por UNAM y Tribuna Israelita. José Gordon, coordinador. México, 1999.Coordinadora editorial de El rostro de la verdad. Testimonios de sobrevivientes del Holocausto en México. Ed. Memoria y Tolerancia, México, 2002.Redactora de la entrada sobre "Antisemitismo en México" en Antisemitism: A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution". Ed. ABC CLIO, Chicago University, 2005."Presencia judía en Iberoamérica", en El judaísmo en Iberoamérica. Edición de Reyes Mate y Ricardo Forster. EIR 06 Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Editorial Trotta. , Madrid, 2007.Artículos diversos en revistas de circulación nacional e internacional.