Diario Judío México - El pasado fin de semana marcó el LXIII aniversario de la Declaración de la Independencia del Estado de (14 de mayo de 1948) y el fin del mandato británico (15 de mayo de 1948). Esta última fecha ha recibido el nombre del “día de la Nakba” en la narrativa palestina, que significa “desastre” o “catástrofe” —es decir, la catástrofe del exilio palestino tras la creación de —. En la última década las protestas en contra de en esta fecha han aumentado, culminando el último domingo con las marchas especialmente conflictivas hacia las fronteras entre y Siria, e y Líbano.

El “día de la Nakba” es parte de los esfuerzos de los palestinos por construir una narrativa alternativa a la historia de la creación del Estado de como consecuencia del Plan de Partición acordado por la Organización de las Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947.

Esta resolución fue rechazada por el mundo árabe. La historia muestra que la decisión de la Liga Árabe de rechazar la creación de dos Estados y combatir contra el joven Estado de ha resultado en la derrota de los ejércitos árabes y en la creación del problema de los refugiados.

En realidad, la noción de la “Nakba” es parte de la batalla de la memoria que desafía la legitimidad de de existir en su capacidad de Estado democrático-judío, tal como establece su Declaración de la Independencia.

Es decir, en realidad lo que está en juego no es un Estado palestino ni siquiera en las fronteras de 1967, sino la expectativa de regresar a una situación previa al Plan de Partición.

A la luz del reciente acuerdo OLP con Hamas y las continuas declaraciones de los líderes de Hamas en que rechazan el reconocimiento del derecho de a existir, la inquietud israelí frente a la violencia que se desató en la zona se intensifica.

Aunque el derecho de manifestar es un derecho fundamental en cada sociedad democrática, actos violentos son ilegítimos en el espacio público.

De hecho, después de 17 años de negociaciones entre Israel y los palestinos es claro que el problema de los refugiados palestinos, junto con los problemas de las fronteras y el futuro de Jerusalén, deben resolverse en negociaciones directas.

Sin disminuir la tragedia humana de los refugiados, hay que reconocer la responsabilidad árabe y no sólo la de la parte israelí en este continuo conflicto. Si los palestinos genuinamente están interesados en dar por terminada la disputa, al implementar una solución perdurable que pavimentará el camino a dos Estados, los esfuerzos de narrar la historia en modo alternativo no deben continuar.

Hemos arribado ya a los tiempos en los que la parte árabe reconozca su responsabilidad en el conflicto israelí-palestino. Por otro lado, en el marco de las negociaciones la parte israelí podría aceptar una solución del problema de refugiados que tome en cuenta sus condiciones actuales.

Es nuestro deber evitar la posibilidad de que la batalla por la memoria obstaculice un futuro de reconciliación y de comprensión. Los vientos de cambio que soplan en Oriente Medio llevan también con ellos la esperanza de que las sociedades árabes evalúen su historia en un modo sincero, abierto e incluyente.

* Artículo publicado en la columna “Ideas mediterráneas” en Excelsior el 19 de mayo, 2011.
Rodica Radian-Gordon es Embajadora del Estado de Israel en México.

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