Diario Judío México - Para mí, Berlín no solo representa la Capital vibrante, de una nueva Alemania reunificada. Una de las ciudades mejor trazadas urbanisticamente y ecológicamente hablando, por los espacios verdes y los lagos naturales que posee. Una ciudad destruida en un 45% durante la Segunda Guerra Mundial y cuando la conquistó el ejército rojo, durante el asalto final en Mayo de 1945. Primero se reconstruyó la parte occidental y después de la caída del Muro de Berlín, hace 20 años, la parte oriental.

Representa también para mí la ciudad capital de un Imperio malévolo que iba a durar mil años, la ciudad en la que trabajaban los que planeaban minuciosamente la desaparición física de mi pueblo.

En la que nunca descasaban, coordinando la salida de los trenes de toda Europa, que llevaban hacia los Campos de Concentración y de Exterminio. Oranienburg es un suburbio de Berlín, donde se hallaba el Telex, construido por Siemens, con el que controlaban meticulosamente las salidas y las llegadas de los transportes de judíos deportados, de toda Europa.

También es la ciudad que fue el asiento de una Comunidad Judía de 186,000 almas, un 10% de las población total. Hasta la llegada de Hitler. Lo mas graneado de la intelectualidad germana y judía de la época. Literatos, sabios, investigadores en química, en física.

En otro suburbio, Charlottenburg, se encontraban el Instituto Imperial de Investigación Científica. Los hospitales, con los quirófanos más modernos de la época. Era el lugar donde trabajaban y atendían a sus pacientes, que venían de todas partes del mundo, médicos judíos alemanes.

En los juzgados, hasta que existió el Sistema Jurídico, no impregnado de las teorías racistas e inhumanas, de los nacional socialistas, actuaban, nombrados por el Estado seis jueces de la Corte Superior de Justicia, judíos, y un número demasiado grande, de abogados judíos.

Berlín también era la sede del Instituto Planck, Escuela Superior de Ingeniería. Muy cercad de la Capital en Dessau, se encontraba la Escuela de Arquitectura Bauhaus, que fue destruida por lo nazis en 1934.

Ciudad en la que también funcionaba hasta 1936, una Universidad judía, “Hochschule fuer juedisches wissen” que enseñaba humanidades y formaba intelectuales y profesores. En sus aulas, enseñaron Martín Buber, Walter Benjamín, Leo Beck, el Oberrabiner de Berlín. De la que se graduaban escritores, filosos, jueces o simplemente intelectuales, que luego aportaban sus conocimientos, su saber a la sociedad.

Berlín era, en los años 20 y 30 del siglo pasado, un faro de luz científico que iluminaba la humanidad.

Alemania había perdido la guerra, se encontraba postrada ante los aliados victoriosos que le impusieron fuertes multas, unas reparaciones de guerra impagables y la prohibición de rearmarse a perpetuidad.

Sin embargo Hitler y sus secuaces, cambiaron todo eso cuando les fue entregado el poder, por Paul Von Hindenburg, viejo y respetado guerrero alemán, en charola de plata. En enero de 1933. Por miedo a los comunistas.

Después de la Primera Guerra Mundial, 1914-1918, Berlín se convirtió en la capital artística de Europa. Compañías de teatro actuaban, orquestas filarmónicas tocaban, de Viena trajeron la institución llamada “Cabaret” que aquí tuvo su apogeo. La recién descubierta Música de Jazz, de los negro de New Orleáns, fue transferida a Berlín antes los aplausos del público. Berthold Brecht, Kurt Weill, Ernst Abraham, y Jerczy Neufelder, tuvieron siempre público aquí, con la cacofónica y estridente música. Berlín también fue la ciudad en la que nació el movimiento artístico en la pintura, llamado Dada. Los existencialistas alemanes.

En 1926 se fundaron los estudios Cinematográficos de la UFA, dirigidos por Oscar Lemele. Se crearon nuevas posibilidades de trabajo para actrices como Zahra Leander, Hedy Lamar, Josephine Baker, Louise Reiner y Marlene Dietrich. Cantantes como Enrico Caruso. Escritores como Thomas Mann y Stefan Zweig, vivían aquí. Directores como Fritz Lang, Otto Preminger, Billy Wilder, John Zukor, May Reinhard, Josef Sternberg. Actores como Paul Mumi, Emil Jennings, Josef von Schtroheim, Szoeke Szacal, Greta Garbo y Charlie Chaplin.

Para mí, Berlín representa todo eso.

Para nosotros los judíos, tiene un significado siniestro porque fue aquí, muy cerca de aquí, en Wannsee, se planeó hasta sus últimos detalles y consecuencias, la Solución Final, “Die Endloesung”.

En la Wilhelmstrasse estaban los ministerios del interior y del exterior, el cuartel general de la SS. Lugares siniestros. Hoy destruidos.

De tal manera que visitar hoy a la capital de Alemania reunificada, en la que ya nacieron dos generaciones de jóvenes alemanes nuevos, después de la guerra, que conocen su historia, que saben más sobre el asesinato masivo y perfectamente planeado de los judíos. Mucho más que la mayoría de los jóvenes no alemanes de la Unión Europea de hoy.

Simplemente porque el Holocausto es materia de estudio obligatorio durante los tres últimos años de Preparatoria, Gymnasium, en todo el sistema educativo alemán. Aquí se considera como una ofensa criminal insultar a un judío, es un crimen desplegar la cruz gramada.

Aquellos de nosotros que en , que dicen y pregonan: “Nunca pondré un pie en Alemania”, deberían de pensarlo bien antes de actuar. Cerrar los ojos a la historia no es una forma de cultura objetiva.

Si aplicamos una continuidad histórica, tampoco deberíamos de visitar como turistas o como estudiantes a España, por su conexión con la Inquisición, a Suiza por su íntima colaboración con Alemania, para fundir los dientes, puentes odontológicos y anillos matrimoniales de los judíos gaseados en Auschwitz, y convertir el metal en lingotes.

Acabo de estar en Berlín hace un mes. Hay calles y plazas que llevan nombres como: Ben Gurion, Itzhak Rabin, Platz, Bernjamin Strasse y Reinhardtstrasse.

Pensé, ¡Qué mejor ocasión que la de asistir a un concierto!. “Die Berliner Philharmoniker”, quienes tocan en su propia Sala de Conciertos. Orquesta dirigida por Sir Simon Rattle. Este dirigente alterna con Daniel Barenboim, quien también toca el piano varias veces al año.

Nos hicieron felices, a mi esposa y a mí, al poder escucharlos en un programa que incluía la “Kammersymfonie N° 1” compuesta en 1906 por Arnold Schoenberg, compositor judío vienés, cuya música era prohibida tocar en público bajo el Régimen Nazi.

Y al “Symphonie fuer Kleines Orehester” compuesta en 1923 por Hans Krass, un compositor judío checo. La “Premiere” de esta obra fue en 1923, en el Theatre des Champs Elysees en Paris. Este mismo autor judío checo fue el compositor de la Opera “Brundibar” para niños, compuesta en Theresienstadt, mientras el autor estaba detenido allá.

Krass, nacido en Praga, fue asesinado en Auschwitz-Birkenau, donde había llegado con el llamado “Kuenstlertransport”, transporte formado por 1010 intelectuales y artistas judíos de Checoslovaquia, Austria y Alemania.

En el mismo programa la orquesta tocó la Sinfonía No° 2 de Johannes Brahms, compuesta en 1877, cuya modernidad sorprende.

Con lo relatado, quise describir el ambiente artístico musical de Berlín en la actualidad. En un concierto para abonados, normal tocan tres obras de las cuales dos son de compositores judíos. ¿Coincidencia? Puede ser. Dice el programa del concierto, tocado en Berlín el 30 de octubre de 2009 en la noche: “El hecho de que no habíamos oído a Hans Krass antes, se debe a la “locura” experimentada durantes la época nacional socialista. La locura racista que suprimía cualquier creación judía”. La Orquesta Filarmónica de Berlín es subvencionada por el Estado Alemán.

Todos los conciertos de una temporada, son grabados en forma digital, con cámaras de alta fidelidad, y se pueden reproducir en Internet en todo el mundo, durante los siguientes seis meses en todo el mundo.

Berlín bien vale la pena visitar.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.


Artículo anteriorFernando Calderón (1809-1845)
Artículo siguienteSer judío bajo Stalin