La oficial del continente ha olvidado o reducido la importancia del Tribunal de la Inquisición en estas tierras. Recién en las últimas décadas el tema ha comenzado a ingresar en las historias oficiales de América Latina.

Con motivo del Bicentenario de la derogación de la Inquisición en el Río de la Plata, COLOQUIO invitó al Dr.
Mario Eduardo Cohen para que haga una somera reflexión sobre la significación de este Tribunal en la América hispana en sus casi dos siglos y medio de existencia.

El 24 de marzo de 1813 la llamada Asamblea del Año XIII adoptó en Buenos Aires una histórica decisión. Decía la norma aprobada en esta fecha: “Queda desde este día absolutamente extinguida la autoridad del Tribunal de la Inquisición…”. Esta misma decisión de derogar la Inquisición se iría tomando en los restantes países hispanoamericanos con el inicio de la independencia. Quedaba extinguida entre nosotros lo que Ricardo Juan Caballero llamó “la más duradera, perfecta y recia maquinaria jurídica represiva de todos los tiempos”.(1) En el mismo sentido la investigadora Anita Novinsky explicó su larga actuación por su férrea unión con el poder político y la señaló como la mayor empresa de la corona hispánica.(2)

inquisicion

Otro prestigioso historiador, Bartolomé Bennassar consideró a la Inquisición española como instrumento de control político y control social al servicio del Estado centralista.(3) Cabe destacar que la Inquisición portuguesa (que tuvo jurisdicción sobre Brasil) fue más activa que la española pero no ha recibido todavía estudios profundos.

En las últimas décadas han aparecido historiadores que han querido justificar y explicar el nefasto tribunal.
Estos defensores se basan en el hecho de que también en otras partes de Europa hubo tribunales civiles y
eclesiásticos, incluso habrían sido más sanguinarios. Y que no fueron tantas las veces que el Santo Oficio
impuso la pena máxima (por lo menos en el período del cual se tiene estadísticas: 1540/1700). Por lo que
veremos en este artículo, estos argumentos tienen poco fundamento ya que no toman en cuenta el accionar
de la Inquisición, único en su tipo. Al respecto dice Turberville: “no es que el Santo Oficio fuese peor que los
tribunales seculares, sino que hubiese sido mejor. Es una horrible incongruencia que semejante sistema haya
sido aplicado por ministros de Cristo y en su nombre”.(4)

Persecución

La Inquisición española se caracterizó por haber tenido una increíble capacidad de adaptación a los tiempos y a los lugares. Comenzó tímidamente con apenas dos Inquisidores en 1480 para llegar, un siglo después, a
cubrir casi todos los dominios españoles con centenares de funcionarios y colaboradores; constituyendo un
factor de poder en sí misma, para recién desaparecer en el siglo XIX. En las primeras etapas persiguió
especialmente a los conversos judíos y conversos musulmanes, luego lo hizo con los protestantes y
alumbrados, para finalmente ocuparse de combatir (sin dejar de perseguir a los ya citados) la brujería, la
superstición, la bigamia, la blasfemia, “crímenes” contra el Santo Oficio, la apostasía, solicitación de sexo por
parte de los sacerdotes (el confesionario es justamente una creación del siglo XVI para evitar este “pecado”) y finalmente combatió las nuevas ideas del siglo XVIII. A lo que hay que agregar una férrea prohibición a la
entrada de los libros censurados.

En las primeras etapas de la América hispana, los obispos tenían jurisdicción en materia de temas de la fe. Más tarde se crearon tres tribunales que tenían competencia sobre toda la América española (y Filipinas). Una de las sedes era México (desde 1571) que cubría el área norte; la de Cartagena (creada en 1610) que tenía jurisdicción sobre el norte de América del Sur y las islas del Caribe. El sur de América del Sur era cubierto por el tribunal de Lima (creado en 1570).

La Inquisición con sede en Lima (actual Perú) tenía jurisdicción sobre el actual territorio argentino y la
geografía que abarca -además del Perú- los actuales países de Bolivia, Paraguay, Chile y Uruguay. Había
juzgado en casi dos siglos y medio, más de 2.000 casos y ejecutado (quemados vivos) a por lo menos 32
personas; 23 de las cuales acusadas de “criptojudaísmo” (entre ellos el tucumano Francisco Maldonado de
Silva).

Los tres pilares

Según Anita W. Novinsky la acción de la Inquisición española se basaba en tres pilares: la Identificación con el poder —que ya hemos señalado—; la identificación con las clases bajas; su inmensa capacidad de generar
terror.(5)

Señala la misma autora que “el Tribunal de la Inquisición de la Península Ibérica utilizó la religión para
legitimar un orden arbitrario sobre el que se apoyaba el sistema político de dominación. En éste no había lugar para los judíos ni los cristianos nuevos como no lo había para los musulmanes o los negros, los gitanos o los mulatos. Heterodoxos y contestatarios sufrían, por supuesto, la misma suerte”.(6)

Respecto a su alianza con las clases bajas, Anita Novinsky describe en los cristianos viejos dos tipos de
actitudes. Estaban los que asistían a los Autos de Fe. Y también estaban los que los denunciaban. Éstos se
sentían aliviados de algún modo, realizando una particular catarsis al hallar a un “chivo expiatorio”. Así, el más simple de los agricultores por su sola condición de “cristiano viejo” podía identificarse con los más poderosos y sentirse a la par de éstos, sirviendo a los fieles como garantía para su salvación.

Al respecto, en la es suficientemente ilustrativa la obra “Peribañez y el Comendador de Ocaña”(7),
fruto de la pluma de una de las grandes personalidades de las letras españolas, Lope de Vega (1562/1635):

“Yo soy un hombre
aunque de villana casta,
limpio de sangre, y jamás
de hebrea o mora manchada”.
Eficiente metodología

La presencia de la Inquisición infundía miedo y terror. Pero su acción cotidiana se asentaba a través de un
rígido sistema de amenazas y de técnicas persecutorias. Sus instrumentos —como el tristemente célebre
potro— fueron precisos para la tortura y la aniquilación de los derechos humanos. Su metodología fue
eficiente para posibilitar la continuidad de la estructura social del antiguo régimen.
Es también interesante reproducir aquí lo expresado por el editor y comentarista Francisco Peña, cuando
publicó el “Manual de los Inquisidores” de Nicolás Eymerich, en el año 1578. Leemos allí los siguientes
párrafos: “ ... hay que recordar que la finalidad esencial del proceso y de la condena a muerte no es la de salvar el alma del reo, sino promover el bien público y aterrorizar al pueblo ...” y, algunas líneas después, se explaya: “
... no cabe duda de que instruir y aterrorizar al pueblo, proclamando además las sentencias e imponiendo los
sambenitos, es un buen método ... “ para agregar más adelante: “ ... el secreto (del procedimiento) fomentaba
el mito y con ello el temor y la intimidación”.(8)

.En palabras de Bartolomé Bennassar: “el método predilecto de la Inquisición es, en mi opinión, la sutil difusión del miedo entre las capas del cuerpo social“. (9)

Debe recordarse que todas las actuaciones del Tribunal eran secretas, los testigos declaraban no públicamente y el reo no sabía de qué lo acusaban. “El secreto fomentaba el mito y con el ello el temor y la intimación popular ante la institución”.(10)

Otro elemento que imponía miedo en la gente era la posibilidad del escarnio público y la seguridad de quedar en la miseria, ya que inmediatamente a que uno era arrestado se secuestraban sus bienes. Raramente se conseguía una apelación a sus sentencias. Por otra parte, el abogado defensor era apenas una figura
decorativa. Decía claramente el “Manual de los Inquisidores” (de 1578): ”El papel del abogado es presionar al
acusado para que confiese y se arrepienta, solicitar la penitencia del crimen cometido”.(11)

Nada mejor que dejar reflejadas todas estas situaciones mediante el relato de uno de los condenados a morir
quemado vivo. Se trata de las lúcidas palabras escritas por Francisco Maldonado de Silva en su segunda carta a la de Roma: “... el que abiertamente confiesa ser judío y no haber otro Dios verdadero que el Dios de Israel, es echado al estrago del fuego y le quitan toda su hacienda, y si acaso tiene hijos no se compadecen en absoluto de ellos; por el contrario, quedan en perpetuo oprobio. Si se convierten a los cristianos, quitados todos sus bienes, los vejan con oprobio perpetuo, pues aunque por algún tiempo corto o largo les ponen sobre los vestidos la capa que llaman de Sambenito, sin embargo el estigma de su oprobio se imprime en su sangre y en la de sus hijos de generación en generación, y no pueden ni ellos ni sus hijos desempeñar funciones públicas en los Estados de los cristianos....”.(12)

Tres tragedias

Dice al respecto la historiadora Anita Novinsky: “los judíos tuvieron dos grandes ilusiones: que al convertirse al catolicismo tendrían seguridad e igualdad, y que el Nuevo Mundo sería la tierra prometida. La conversión no los tornó iguales, no los salvó de las humillaciones, de la miseria y de la muerte. En el Nuevo Mundo pagaron un alto precio por su desaparición como judíos”.(13)

El relato sintetizado de tres casos de americanos nos puede dar la dimensión humana de esta
tragedia.

Durante casi dos siglos y medio rigió este nefasto tribunal en estas tierras. Unas 30 a 40 personas fueron
quemadas vivas en América por profesar su judaísmo o tener costumbres judías. Fueron verdaderos mártires
de la libertad de pensamiento. Uno de ellos fue el tucumano Francisco Maldonado de Silva (1592/1639),
quemado vivo en Lima luego de doce años de estar en la cárcel de la Inquisición. El primer día ante el Tribunal de Lima dijo muy valientemente que solamente juraría por el Dios de Israel, con lo que ya se sabía condenado a la muerte. Por otro lado, mantuvo quince discusiones con capacitados hombres de la Iglesia y no pudieron convencerlo.

continuara...

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Mario Eduardo Cohen, escritor e investigador, nació en Rosario (Provincia de Santa Fe, Argentina), padre de una hija, Corina, es Profesor de Historia (egresado del Instituto Nacional del Profesorado), conferencista y organizador de congresos, simposios y encuentros nacionales e internacionales sobre temas históricos y del pensamiento. Se ha especializado en Historia Judía, demografía y en Cultura Sefardí. Es además, Contador Público (egresado de la Universidad de Buenos Aires) y asesor de empresas. Es autor de varios libros en materia impositiva y contable Fue distinguido -en 1994- por el Rey Juan Carlos I de España con la Orden del Mérito Civil en reconocimiento a su actividad en pos de la investigación y la divulgación de la cultura sefardí. Autor del libro "América Colonial Judía" editado en abril de 2000. Presidente del CIDICSEF - Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefaradí-, del que es miembro desde 1977, ha dirigido 15 volúmenes de la publicación académica "Sefárdica" que edita la mencionada institución. Fue, en 1992 el Director General de Encuentro Internacional "Cinco Siglos de Presencia Judía en América" y otros simposios internacionales. Además fue invitado a exponer en varios Congresos de EE.UU. en 3 oportunidades, España e Israel. Es colaborador permanente del matutino "La Nación" de Buenos Aires en temas judaicos. Sus ponencias fueron publicadas en la Argentina, Venezuela, los Estados Unidos, Israel, España y Holanda. Ha sido curador de varias exposiciones relacionadas con sobre temas judaicos, las que fueron presentadas en distintas ciudades latinoamericanas y en los Estados Unidos. (ver www.maimonides800.org.ar) Fue, además, Director Ejecutivo del ICAI (Instituto Cultural Argentino Israelí) y de FeSeLa (Federación Sefaradí Latinoamericana). Asimismo es autor del libro y el vídeo "Al Encuentro de la Novia" (programa multimedial sobre el Shabat y su práctica en el hogar).También ha dirigido y redactado los CD Rom Educativos Mekorot-Fuentes ll y Jaguim-Festividades.