Más de uno asocia a Bolonia con la cocina italiana, verbigracia el Espagueti a la Bolognesa, como para abrir boca. Nosotros, asociamos a esta ciudad -al pie de los Apeninos y cercana al río Reno, situada en la denominada Emilia-Romagna y por esencia universitaria a partir del siglo XI, donde Humberto Eco, en nuestros días mostró sus dotes de profesor- con raíces judías de cuño antiguo aunque vigente.

Un paseo por el Museo Ebraico -el Museo Hebreo- resulta por demás ilustrativo: Su presencia en la Emilia-Romagna fue decisiva, así como durante la Edad Media cuando formaban parte de los mercaderes, comerciantes y banqueros, obligados a llevar la infamante rodela amarilla que los diferenciaba del cristiano, a sufrir en carne propia el desprecio del Papado, cada vez más influyente.. Su presencia se encuentra en las calles de la judería donde en piedra, sobre un muro, se lamenta la muerte de judíos que fueron enviados a los campos de exterminio. La Shoá marcó, en definitiva, un antes y un después: más de uno recuerda la saga de los Finzi-Contini, rescatada por el Séptimo Arte. Los Finzi, una importante familia italiana, que junto a cientos de congéneres italianos, fueron enviados a la muerte. Lo registra la historia; también el recinto que nos ocupa.

El Museo Ebraico, aunque pequeño en dimensiones, se esfuerza, sin embargo, a mantener viva las luces del judaísmo, las ideas de pensadores ilustres como Maimónides, Najmanides, Ovadia Sforno y Jaim Luzzatto, además de la poesía litúrgica, “gloria de la tradición hebrea” y la Mística judía o Cábala. Y para los niños, los boloñeses dedican grandes esfuerzos para celebrar Purim y Januká en colaboración con la librería infantil Giannino Stoppani de la ciudad boloñesa.

Y como en el resto del mundo, los judíos boloñeses recuerdan y celebran el 60 Aniversario del Estado de Israel a través de la muestra fotográfica de Roberto Capa (1913-1954), quien legó, a través de su lente, escenas trascendentales para la historia del pueblo judío tomadas el 14 de mayo de 1948 en Tel-Aviv como la Ceremonia de la Declaración del Estado; la primera sesión del Consejo de Ministros y como centro Ben-Gurión, el futuro Primer Ministro de la Mediná.

Por otra parte, llama la atención la tupida -por llamarla así- presentación de libros organizada por el Museo Ebraico a partir de enero, y sobre tópicos varios: El Sionismo. Una historia política e intelectual, 1860-1940; El recuento de mi historia; Diálogo con la abuela y protectora del hebraísmo; La Unión Soviética y la Shoá; Leo Castelli, el italiano que inventó el arte en América; Reporte del antisemitismo y totalitarismo en el pensamiento de Ana Arendt; Sonderkommando Auschwitz; La figura femenina en la literatura israelí, Hebraísmo; Diccionario de las Religiones; Emancipación hebrea y la formación del psicoanálisis; El Sionismo de Basilea a Tel-Aviv entre otros. Por supuesto que los títulos están en italiano; nosotros nos atrevimos a traducirlos.

Hoy día, viven en Bolonia tan sólo doscientos judíos; en una guía de la ciudad, la grey judía se encuentra catalogada entre los “otros cultos” al lado de la Iglesia Cristiana Evangelista y la Ortodoxa San Basilio… Sin embargo, la presencia judía no puede negarse: en Vía Gombruti 9, se encuentra localizada la asociación Cultural Judía; Giovanni Allevi se presentó en concierto en la Vía Zaragoza 234 y en la Vía del Moline 1, del 1 al 4 de febrero, se puso en escena “Kadish por un niño nonato” del judío húngaro Imre Kertesz.Y para quien recuerde a R. Benigni, protagonista de una de la cintas más controvertidas sobre el Holocausto, grabó toda La Divina Comedia.

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