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Fue durante los años del Holocausto que pasó en la capital sueca de Stockholmo que Bruno Kreisky, el joven exilado de Viena- transformó radicalmente la Social Democracia austriaca, afinó muchas sus cualidades diplomáticas que impulsaron su subida posterior como un leader político. De la misma forma fue también en la seguridad de la neutral Suecia, donde radicó entre 1938 y 1945, que Kreisky pudo distanciarse, no solamente del régimen de terror nazi, pero de algún serio reproche concerniente el asesinato en masa del europeo. La aparente indiferencia del futuro Canciller socialista de Austria, quien perdió 21 de sus parientes con la barbarie nazi no debe, sin embargo atribuirse a su exilio sueco.

Nacido en Viena en 1911, Kreisky nunca recibió una educación judía formal por parte de sus padres que hablaban alemán, aunque uno de sus abuelos podía leer el hebreo. Eran judíos muy asimilados, así como el resto de sus allegados originarios de Bohemia y Moravia. En sus comentarios Kreisky alegaba que ningún de sus ancestros había sufrido alguna forma de discriminación en la Austria de los Habsburgo, y por lo tanto los judíos podían servir positivamente el Estado austríaco.En otras palabras la asimilación era una opción racional como le demostraba el éxito de sus familiares que llegaron a ser oficiales y hasta diputados parlamentarios.

En su autobiografía no hace la menor alusión a insultos, humillaciones o discriminaciones durante sus adolescencia. El antisemitismo rampante esta descrito como un fenómeno germánico pero no austriaco. El nacional socialismo fue impuesto a su país a partir de la invasión de la Alemania nazi.

Kreisky insistió que nunca sufrió del antisemitismo durante su juventud, y una de las muchas afirmaciones que le ganó una gran popularidad fue de ser el único judío que pudo conceder a los Austriacos cristianos una total exoneración del sentimiento de culpa por haber tenido un papel importante en el Holocausto. Kreisky se volvió el ” judío exonerador”, liberando los Austriacos del cargo de complicidad en la matanza nazi. En efecto, 25 años después del fin de la guerra mundial, emergió como el testigo estrella en la defensa de Austria contra los perturbadores, como Simon Wiesenthal, y una multitud de críticos extranjeros.Nadie parecía más apto que él para reforzar el culto austríaco de la amnesia histórica. No únicamente eso,pero en los años 70 logró empujar el Socialismo Internacional y la Comunidad Europea al pleno reconocimiento de la Organización Palestina de Liberación (PLO), como la única representante de los Palestinos, aunque esta última ya estaba calificada a la fecha como una organización terrorista. Además sus ataques contra por ser un país antidemocrático,clerical y militarista, le valieron continuas confrontaciones con el mundial.

Kreisky no cejó en utilizar sus antecedentes judíos ( que nunca negó) para argumentar que por esa razón él podría ser más objetivo que otros, en su relación con y el Sionismo. No titubeó por ejemplo, en reprochar a su amigo Willy Brandt, el Canciller de la RFA y Presidente del SPD, (Partido socialista alemán)su excesiva lealtad hacía . El alejarse abiertamente de cualquier relación con el sionismo, o el , indudablemente le reforzó su popularidad en Austria. Por eso fue muy admirado por muchos políticos y jefes de Estados contemporáneos como Henry Kissinger, Anuar El Sadat, Muamar Gadafi, y considerado como un buen amigo de Yasser Arafat. Sin embargo el reconocimiento de la OLP no impidió que un año después, el grupo separatista Abu Nidal atacara la sinagoga de Viena.

Bruno Kreisky quedó como canciller de Austria durante trece años, llevando el Partido Socialista austriaco a 5 triunfos electorales seguidos, y consiguiendo en 1971,1975 y 1979 una mayoría absoluta- un caso sin precedente en la historia de su Partido.

Aunque afirmaba que el problema judía no tenía para él ninguna implicación personal, su reacción emocional hacía y el sionismo contradecía sus aserciones. En su percepción él se consideraba como un judío asimilado, sin confesión alguna. En este aspecto era un discípulo de la tradición austro-marxista, que antes de 1914 argumentaba que, como los judíos no disponían de un territorio común ni de un idioma propio, no se les podía considerar como un grupo nacional, con derecho a una autonomía cultural o a un estado independiente.

En enero de 1935 el joven universitario Kreisky fue encarcelado por un año, acusado de actividad ilegal y de alta traición por el gobierno católico, y en 1938 una vez más por los triunfantes nazis. Tuvo suerte de ser liberado gracias a la intervención de un antiguo compañero de celda, admirador de Hitler, lo que le evitó la deportación a un campo de concentración. El 8 de agosto de 1938 fue liberado y se le permitió emigrar a Suecia. Este exilio le evitó un contacto directo con los horrores del Holocausto. Se casó en Stockholmo con Vera Fürth, una muy asimilada hija de un prominente industrial. En la demócrata Suecia estuvo muy impresionado por el bienestar social y el robusto patriotismo cívico de sus habitantes. Regresó en 1946, no como un judío pero como un social demócrata austriaco. Para Kreisky la memoria del Holocausto fue relegada más bien como un acontecimiento histórico sin mucha trascendencia. De hecho reanudó su actividad exactamente como la dejó en 1934, como si la Shoa nunca existiera y que el nazismo fuera sencillamente un interludio sin importancia.

Bruno Kreisky sinceramente creía que el antisemitismo podía superarse si el individuo estaba determinado en no sentirse afectado por ello. Estaba convencido de que cualquier conducta sugiriendo que el judío era algo especial– sea en forma positiva o negativa– era contraproducente y nociva. El resentimiento antisemita, según su idea, estaba sobre todo dirigido en contra de los que se resistían a la asimilación. Sin embargo la realidad histórica de la Alemania nazi demostró precisamente lo contrario. Los Judíos asimilados también fueron considerados como enemigos. Sus esfuerzos en integrarse demostraron ser completamente fútiles. Desestimó el poder existencial, irracional, y mítico del antisemitismo nazi.

Además este concepto implicaba que los judíos, en última instancia, eran responsables de su propia persecución- especialmente los ” caftan Judíos” como llamaba a los judíos del Este, quienes se habían resistido a la integración al medio burgués antisemita de Viena.

El Holocausto claramente desmintió su credo asimilacionista. Eso explica porque,las referencias a los crímenes monstruos contra los judíos europeos aparecen tan escasamente en sus memorias.

Una vez llegado al poder estuvo determinado en hacer olvidar a cualquier precio el legado nazi de Austria. Sin embargo esta amnesia deliberada le rebotó con la fuerza de un boomerang. Su conflicto explosivo y sus ataques gratuitos contra Simon Wiesenthal, que empezaron en 1970, fueron su más notable expresión. La batalla del cazador de nazis contra el histórico olvido y su pública defensa de la memoria del Holocausto quedó como una piedra en el zapato de Kreisky.

Es difícil imaginarse hoy día la impopularidad de Simon Wiesenthal en los años 70, en Austria, un país donde la denazificación quedó muy limitada. Hubo muchísimas absoluciones y sentencias ligeras contra los criminales de guerra, una vez que el país volvió a conquistar su independencia nacional en 1970.Así que el ataque frontal contra el implacable perseguidor de los criminales de guerra no mermó la popularidad de Kreisky con el electorado austriaco. Al contrario reforzó su imagen de patriota.

También le sirvieron sus comentarios sobre la de y su fundación sionista. No vaciló en insultar este país, donde por cierto vivía uno de sus hermanos, insistiendo de que era un estado policiaco, manejado por hombres con una mentalidad fascista, lo que le valió ser considerado como un renegado por los Israelis y los Judíos de la Diáspora

Presentaba a como un “Estado de Apartheid” copiando así la propaganda soviética, trotskista y de la nueva Izquierda. Su insistencia en este campo era curiosa porque por otra parte era muy deseoso de presentarse como un mediador entre y los Árabes. Siempre mantuvo que había intervenido para convencer a los Palestinos de mostrarse más flexibles y realistas con el Estado Judío, de la misma manera que trató de persuadir a los Israelis de aceptar un pequeño Estado Palestino desmilitarizado, cosa que lo valió una tormentosa relación con Golda Meier. ¿Porqué entonces antagonizar en tratarlo de Estado racista.?

Kreisky queda como una figura enigmática en muchos aspectos. Aunque no era un gran orador fue un político carismático, con la adaptabilidad de un camaleón, dotado con un sentido intuitivo para el simbolismo y movilizando las emociones de las masas.

Sin embargo es Indudable que tuvo un punto ciego cuanto se refirió a su propia identidad, al Holocausto nazi y al Estado de Israel.En muchos aspectos parece haber sido un Judío marginal aspirando en volverse un golden goy. Hijo del decadente imperio de los Habsburgo, incorporó una extraordinaria mezcla de elementos modernos y tradicionales, un patriotismo austriaco y un cosmopolitismo socialista, un ingenio vienes y un intelecto judío. Pero el problema judío comprobó ser el talón de Aquiles en su por otra parte brillante carrera – Ministro de relaciones exteriores en 1959,canciller de Austria en 1970-. Fue el rincón oscuro de su personalidad que ni la experiencia ni la razón fueron suficientes para dominar los demonios interiores de su alma. Kreisky murió el 29 de julio de 1990.

DiarioJudio, febrero, 2013.

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