Diario Judío México - La capital de Hungría, conocida como la perla del Danubio, es más que una ciudad. Para ser exactos, Budapest está formada por dos ciudades: la más antigua en las colinas de Buda, con el castillo medieval y el palacio real, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. Y la más moderna, en la llanura de Pest, con el espectacular Parlamento húngaro y su frenética vida comercial. Ambas separadas por el legendario río Danubio y, a la vez, unidas por monumentales puentes como el de Las Cadenas. Diseñado por el inglés Willian Tyerney y construido por el escocés Adam Clark, este puente es el más antiguo y célebre de Budapest, concluido en 1849, que se ha convertido en símbolo de esta hermosa urbe. Precisamente en la Isla Margarita, un tranquilo oasis en medio del Danubio, podemos ver un monumento modernista que nos recuerda el centenario de la unión de Buda y Pest, que dio lugar a la gran ciudad que conocemos hoy, fundada en 1873.

Empezamos nuestro paseo urbano en la Plaza de los Héroes, donde está el Monumento del Milenio, de 36 metros, flanqueado por dos columnatas. Los imponentes jinetes de bronce al pie del monumento representan a los jefes de las siete tribus magiares que en el año 896 conquistaron la cuenca de los Cárpatos y alumbraron el nacimiento de Hungría. Seguimos nuestra ruta, cruzando el Danubio por el Puente de las Cadenas, con dirección a las colinas de Buda, donde nos espera el Palacio Real, símbolo del imperio austro-húngaro, gobernado por la dinastía de los Habsburgo. El castillo quedó en ruinas durante la guerra contra los turcos y tuvo que ser completamente reconstruido en el siglo XVIII, como símbolo del dominio de los Habsburgo sobre la Hungría recuperada al imperio otomano. Los Habsburgo dominaron Hungría desde 1687 hasta 1918, cuando el imperio austro-húngaro se derrumbó, tras la derrota sufrida en la primera guerra mundial.

Los zapatos del Danubio

En el dique de Pest, cerca del Parlamento húngaro, llaman nuestra atención Los zapatos del Danubio, un conmovedor monumento, creado en 2005 por los escultores Gyula Pauer y Can Togay, en homenaje a las víctimas del holocausto. El Memorial está dedicado a los judíos asesinados en este lugar, que visitan miles de turistas. Sesenta pares de zapatos de hierro, alineados en la orilla del dique de Pest, en los que nunca faltan las ofrendas florales o pequeñas piedras, que son el símbolo judío del duelo. Estos zapatos recuerdan lo que sucedió en 1945, cuando centenares de judíos fueron tiroteados por el partido fascista Cruces Flechadas, aliado de los nazis, y sus cuerpos cayeron al río, que se convirtió en una fosa común. El Memorial está muy cerca del Parlamento y resulta preocupante que, 74 años después de aquel crimen contra la humanidad, el segundo partido más votado por los húngaros sea neonazi.

Y para saber más sobre este dramático episodio de la historia de Hungría, lo mejor es apuntarse a una visita guiada por el barrio judío de Budapest. Aún se conserva parte del muro del conocido como ‘gueto judío’, levantado durante la ocupación nazi, en el que fueron encerradas más de 70.000 familias. Sabemos que 20.000 judíos murieron de hambre y frío en los duros inviernos de esta capital centroeuropea y 50.000 sobrevivieron, siendo liberados por el Ejército soviético en febrero de 1945. Y cada vez son más populares los adoquines dorados, en los portales de algunas casas, con los nombres de las víctimas y la fecha en la que fueron deportadas a un campo de concentración para acabar con sus vidas. Los artistas del barrio también han pintado un mural para recordar a Ángel Sanz Briz, embajador de España en Hungría durante la segunda guerra mundial. Conocido como el Ángel de Budapest, salvó la vida de 5.000 judíos. Les proporcionó pasaportes españoles falsificados, haciendo creer a los nazis que eran judíos sefardíes y estaban protegidos por el régimen franquista.

Sin embargo, el símbolo de este barrio es la gran sinagoga, de estilo morisco-bizantino, que construyó el arquitecto austriaco Ludwig Förster en 1859. Destacan sus dos torres de inspiración oriental, rematadas con llamativas cúpulas en forma de cebolla. Y los rosetones de su fachada principal, que nos recuerdan a las iglesias medievales húngaras. Este templo destinado a la oración de la comunidad judía es el mayor de Europa, con capacidad para 3.000 feligreses. En su interior, podemos visitar el museo judío que exhibe una colección de objetos hebreos, desde la antigua Roma al siglo XX. Pero es el Memorial dedicado a las víctimas del holocausto, en el patio de la sinagoga, el que más atrae la atención de los turistas. Conocido como El árbol de la vida, fue diseñado por el artista Imre Varga y cada hoja de este sauce llorón de plata lleva escrito el nombre de uno de los 600.000 judíos húngaros, asesinados por los nazis. Sin embargo, este símbolo del holocausto no está exento de polémica, pues dicen que es un Memorial sólo para ricos. Y es que no todos los miembros de la comunidad judía disponen del dinero necesario para grabar sus nombres en las hojas plateadas.

El castillo de Buda

Nos dirigimos ahora al Castillo de Buda, que volvió a resultar seriamente dañado al final de la segunda guerra mundial, cuando el ejército rojo puso sitio a Budapest para acabar con la ocupación nazi. La batalla por el castillo está considerada como una de las catástrofes militares más grandes de la historia. El nuevo gobierno comunista, dependiente de Moscú, cambió el pomposo estilo neobarroco de los Habsburgo por un severo neoclásico, propio de la arquitectura estalinista. Fueron eliminadas las referencias monárquicas y los aposentos reales se transformaron en salas de exposiciones que se mantienen en la actualidad. Este viejo castillo restaurado acoge hoy la Galería Nacional de Hungría y el Museo de Historia de Budapest, una visita imprescindible.

Y en la colina de Gellert, el punto más alto de la ciudad con impresionantes vistas al Danubio, encontramos la fortaleza medieval de la Ciudadela, utilizada como búnker por los alemanes durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, lo que más destaca es el imponente monumento que recuerda la liberación de Budapest en 1945, cuando las tropas soviéticas pusieron fin a la ocupación nazi. La inscripción del pedestal rendía homenaje al ejército rojo, cuando el memorial fue inaugurado en 1947; pero con la desaparición de la URSS, fue sustituida en 1992 por otra placa dedicada a todos los que dieron su vida por la prosperidad de Hungría. Asimismo, la aguerrida escultura de un soldado soviético fue retirada y actualmente preside el monumento la figura de una mujer que simboliza la libertad. Y es que los húngaros no guardan buen recuerdo de los rusos, desde que en 1956 el Kremlin envió sus tanques para reprimir las revueltas populares contra el dominio soviético, conocidas como la Primavera de Budapest.

Parlamento húngaro

El Parlamento refleja su silueta deslumbrante en las aguas del Danubio, por donde continuamos nuestra ruta urbana. Un espectacular edificio de estilo neogótico, coronado por su impresionante cúpula roja. Inaugurado en 1902, tras décadas de trabajo, llegó a ser la sede parlamentaria más grande de su época. Diseñado por el arquitecto Imre Steindt, hoy se erige como el monumento más representativo de la ciudad. Merece la pena visitarlo para admirar su entrada principal, inspirada en las Casas del Parlamento de Londres, y protegida por dos leones de los escultores Bela Markup y Jozsef Somogvi. Subimos por la escalera principal, decorada con maravillosos frescos, como la Glorificación de Hungría, de Károly Lotz. Y llegamos al Salón de la cúpula, donde se exhiben la corona y el cetro real de San Esteban, que convirtió al cristianismo al Reino de Hungría. Recordemos también que la Hungría monárquica fue aliada de los nazis durante la segunda guerra mundial y, tras perder la guerra, perdió también parte de su territorio, transformándose en república popular, dentro de la órbita soviética. Con la disolución de la URSS en 1989, y tras más de diez años de intensas negociaciones, el país magiar acabó incorporándose a la Unión Europea en 2004. Nuestra visita termina en el Salón de la Asamblea, corazón de la vida política del país, actualmente gobernado por el partido ultraconservador de Viktor Orban, Unión Cívica Húngara, que llegó al poder haciendo una campaña electoral xenófoba contra refugiados e inmigrantes, lo que está generando un conflicto con Bruselas.

Tiempo para el ocio

Y todo viaje histórico-cultural tiene su tiempo para el ocio. Por eso, no podemos irnos de Budapest sin relajarnos en alguno de sus numerosos balnearios, tras la intensa caminata urbana. Cerca de la Ciudadela está el hotel-balnerario Gellert, que cuenta con uno de los primeros sistemas de olas artificiales del mundo. También podemos elegir el balneario Lukacs, inaugurado en 1894, en un edificio de estilo neoclásico. O los baños medicinales del balneario Dagaly, dotado de un centro de hidroterapia y ejercicio físico. Otra opción sería el balneario Palatinus para disfrutar de sus manantiales termales en la Isla Margarita. Sin olvidar los balnearios más antiguos, como Veli Bej o Rudas, construidos por los turcos en el siglo XVI, cuando Hungría pertenecía al imperio otomano. Pero uno de los más populares es el balneario Szechenyi en el parque de Varosliget, que ofrece un circuito de tratamientos con aguas termales.

Por último, es recomendable un paseo por el centro comercial de Pest, también conocido como ciudad interior. El barrio estuvo mucho tiempo en estado ruinoso, hasta que fue restaurado en el siglo XIX, cuando se construyeron los edificios más importantes de la ciudad, incluido el Museo Nacional de Hungría. En la actualidad, muchas de sus calles y plazas son peatonales, lo que convierte a esta zona en un lugar idóneo para pasear, especialmente la célebre calle Váci Utca, que cuenta con numerosas tiendas, cafés o restaurantes y termina en el Mercado Central, un edificio neogótico donde podemos comprar la famosa paprika, una especia de color rojo, parecida a nuestro pimentón, y muy utilizada para condimentar la cocina húngara. No dejéis de probar el plato más popular, un guiso de patatas y carne con un toque de paprika, conocido como Gulach. Aunque Budapest es una ciudad de contrastes, pues otros edificios no han sido restaurados, pero están llenos de vida nocturna. Son los conocidos como bares de ruina, viejas casas con patio de aspecto ruinoso. Se han puesto de moda entre los turistas, que acuden en masa para brindar con el célebre licor Únicum por la capital del Danubio.

FuenteDiario de Córdoba
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