Ya han pasado 20 años desde que se cometieron los actos terroristas en contra de las sedes diplomáticas israelíes en Ankara y en Buenos Aires.

El 7 de marzo de 1992 fue asesinado el oficial de seguridad de la embajada israelí en Ankara y diez días después un suicida hizo explotar una bomba dentro de una camioneta frente a la Embajada de Israel en Buenos Aires. Ésta derrumbó el edificio y mató así a 29 personas, entre ellas diplomáticos, visitantes y civiles, e hirió a otras 242.

Después de una investigación, la Corte Suprema de Justicia responsabilizó a Hezbolá por el atentado. Dos años más tarde, un suicida detonó un coche bomba con cerca de 350 kg. de explosivos frente a la AMIA, el centro comunitario judío de Buenos Aires, ocasionando la muerte de 85 personas y dejando 300 heridos.

Si bien la Secretaría de Inteligencia del Estado argentino indicó que Irán y Hezbolá fueron los responsables de dicho atentado, las investigaciones en torno a este acto han sido irregulares, contradictorias e injustificadamente prolongadas.

El atentado suicida de 1992 fue el primer ataque terrorista islámico en el hemisferio occidental.

El segundo atentado, en 1994, fue el de mayor número de víctimas judías de la historia y fuera de Israel después de la Segunda Guerra Mundial.

Reflexionando sobre el tiempo que ha transcurrido desde estos lamentables hechos, parece ser que nada ha cambiado. Recientemente fuimos testigos de una campaña terrorista dirigida por Irán y Hezbolá en contra de objetivos israelíes alrededor del mundo, desde Tailandia a la India, desde Bulgaria a Georgia y hasta Azerbaiyán.

El atentado en la India hace unas semanas dejó lesionados a una diplomática israelí así como a transeúntes. En Tiblisi un artefacto explosivo fue descubierto en un carro perteneciente a un empleado local de la embajada israelí; en Bangkok, un complot de terroristas de Hezbolá también fue descubierto, así como otros en 2008, 2009 y 2011 en contra de objetivos israelíes y judíos en Azerbaiyán, Turquía y Egipto.

Las recientes investigaciones no dejan duda que detrás de estos atentados está Irán y sus cómplices del Hezbolá, toda vez que el terrorismo internacional es, desde hace ya varios años, uno de los pilares de la política exterior iraní. También queda claro que en dichos ataques el blanco son funcionarios diplomáticos israelíes, así como comunidades judías en países amigos de Irán, como es el caso de la comunidad judía en o de la Embajada israelí en la India.

Dos décadas después de los atentados en vemos que Irán y Hezbolá permanecen motivados por una ideología extremista. Aún más, Irán y Hezbolá han tenido una sólida infraestructura terrorista en América Latina desde los años 90, misma que ha crecido y se ha fortalecido. Es preocupante saber la presencia que Irán tiene en algunos países latinoamericanos especialmente en estos días donde busca incrementar su influencia al adquirir un programa nuclear militar. El peligro de esta presencia radica en que más allá de las actividades normales políticas, económicas y culturales que todo país promueve, existan en este caso prácticas de terrorismo que puedan poner en riesgo la estabilidad de los países anfitriones y de la región.

* Artículo publicado en la columna "Ideas mediterráneas" en Excelsior el 8 de marzo, 2012. Rodica Radian-Gordon es Embajadora del Estado de Israel en México.

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