Diario Judío México - Se sabe que cuando se calientan los ánimos las pasiones se desbordan y hasta las personas más prudentes pierden el estilo con resultados impredecibles. El efecto del aumento de la temperatura emocional, cuando se vincula con el exceso de calor, no sólo se ha relacionado con el despliegue de entusiasmos exacerbados, arranques de ira incontrolable e incluso con la incitación de conductas sexuales fogosas —reprobadas siempre por preclaras y vigilantes conciencias morales—, sino también con la muerte por suicidio.

El calor insoportable suele caldear los afectos, perturbar la cordura de los sanos y, en ocasiones, puede orillar a que uno acabe con su vida, nada más por pura desesperación y estrés térmico.

En el número más reciente de la revista Salud mental del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, se publica un estudio interesantísimo bajo el título de “Incremento de la temperatura ambiental y su posible asociación al suicidio en Baja California Sur (BCS) 1985-2008”.

Los autores, liderados por Ramón Gaxiola-Robles del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, en La Paz, encontraron que de los 582 suicidios registrados (INEGI) en dicha entidad al cabo de 24 años, los hombres se quitaron la vida en 91% de todos los casos, mostrando una diferencia ostensible de nueve a uno con relación a los suicidios en mujeres. Invariablemente, la tendencia autodestructiva aumentó en ambos sexos con el paso de los años, siendo más baja en 1985 y más elevada en el 2008.

Al evaluar y correlacionar estadísticamente los suicidios con las temperaturas predominantes, los investigadores agruparon los casos ocurridos en “temporadas cálidas” y “temporadas frías”, decidiendo que los “meses cálidos” eran cuando el termómetro ambiental registró 30° C o más.

A la hora de analizar los datos recabados, se encontró con que había una clara correlación positiva y estadísticamente significativa entre los ascensos de temperatura y el número de suicidios. Pero lo verdaderamente impresionante fue que dicha correlación resultó válida tanto para las temporadas de mayor calor como en las temporadas invernales, sobre todo cuando en las estaciones frías el termómetro sorpresivamente llegó a mostrar elevaciones atípicas.

Se ha demostrado científicamente que vivir, y sobre todo trabajar, en condiciones excesivas de calor produce una sobrecarga biológica, un esfuerzo adicional, en el sistema natural de enfriamiento de nuestros organismos humanos.

Cuando el calor ambiental llega al punto de provocar un estado de estrés térmico, sumado con otras formas de estrés, como el esfuerzo y desgaste físicos, la pérdida exagerada de líquidos y minerales, el cansancio acumulado y el mal dormir y otros problemas de salud física y mental preexistentes, las probabilidades de que se dispare una conducta que lleve al suicidio son muy altas.

Esto puede ocurrirle a cualquier persona, aun cuando se encuentre sana hasta ese momento. Nuestros cuerpos constantemente generan energía térmica que se libera e incorpora al medio ambiente. Entre más intenso sea el trabajo físico y mental, mayor calor que se eliminará.

Cuando el clima es demasiado caluroso, por ejemplo, cerca de un horno o en un sitio sin adecuada ventilación, el cuerpo se esfuerza para eliminar el calor interno. En las personas mayores, sobre todo en los viejos, debido a la insuficiente o escasa sudoración, el estrés térmico es mayor.

El que en el estudio citado anteriormente se haya destacado una tendencia al aumento de suicidio para los meses fríos —y no sólo los cálidos—, se debe a que con el inexorable cambio climático del planeta los inviernos son cada vez menos fríos y con altas temperatura antes inconcebibles o muy raras.

Los autores especulan también que el exceso de suicidios en hombres tal vez se deba a que las hormonas masculinas aumentan las conductas impulsivas autodestructivas, mientras que la progesterona y el estradiol sirven a las mujeres como hormonas protectoras.

Hay regiones en donde el calor cada año se vuelve más difícil de soportar. Valdría la pena tomar en cuenta esto como uno de los factores de riesgo suicida más importantes en el futuro de la salud mental pública.

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Formación Académica:Medico-Cirujano (UNAM)Especialista En Psiquiatria (UNAM)Maestro En Medicina Social (Universidad Autonoma Metropolitana)Diplomado En Derechos Humanos (Universidad De Colima)Actividad Profesional Actual:Responsable Del Programa De Salud Mental Del Consejo De Salud Del Estado De Colima (Ssa)Psiquiatra De La Clinica Hospital Miguel Trejo Ochoa Issste, Colima, Col.Miembro Del Comité Editorial Nacional De La Revista Salud Mental