Carta a la mujer

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Este mes como cada 8 de marzo celebramos El Día Internacional de la Mujer y me gustaría aprovechar este día para invitarlas a la reflexión sobre un tema que me incumbe no solo como nutrióloga y como parte del equipo de Fundación APTA sino como mujer “La violencia mediática y simbólica a la imagen corporal de la mujer”. Y sí, considero que el estereotipo de “figura ideal” y la estigmatización de obesidad es una forma de violencia contra las mujeres.

Lamentablemente la vigilancia del cuerpo se ha impuesto en nosotras desde que somos pequeñas. El 80% de las niñas de 10 años temen estar gordas, el 40% y 70% están descontentas con al menos dos partes de su cuerpo. Aunque un 63% de estas niñas tienen claro que los iconos derivados de la moda no son acordes a la realidad, el 60% reconoce que no puede evitar tomar a las modelos como referentes y comparar sus cuerpos con el de estas; el 48% desea un cuerpo así de delgado y un 31% mantiene una nutrición incorrecta o incluso restringe la ingesta de alimentos con objetivo de adelgazar. Es imposible que estas cifras no te rompan el corazón. A los 10 años la preocupación por adelgazar y alcanzar un ideal no debería de quitarle la sonrisa al rostro de una niña. De hecho, a ninguna edad debería de causarnos tanto temor.

La realidad es que no importa a qué edad todas nos hemos comprado la mentira de que como mujeres vamos a conseguir ser dignas de amor si tenemos cierto aspecto físico. La presión estética ejercida sobre el género femenino marca un valor y exige un control sobre el cuerpo que, consecuentemente, limita la auto aceptación; lastima profundamente el corazón; deteriora entonces las relaciones con el entorno. Se atenta contra su bienestar y por lo tanto este queda violentado.


Un estudio, realizado en 2013 por la Consejería de Asuntos Sociales en la Comunidad de Madrid, apunta que los trastornos depresivos y de ansiedad tienen una prevalencia tres veces más elevada en las mujeres que en los hombres, y que el bienestar psicológico de las mujeres queda deteriorado por la presión que la sociedad ejerce sobre su imagen, haciéndolas más vulnerables a padecer, entre otros, trastornos alimentarios y del sueño.
Tenemos muy identificadas las formas y presiones ejercidas sobre la mujer para encajar en un estereotipo en específico, pero ¿Estoy siendo partícipe de la violencia mediática a la imagen corporal de la mujer? ¿Cómo dejar de contribuir a este tipo de violencia?

Primero, promovamos diversos modelos de mujeres, ya que no existe una única forma de ser mujer a través de caracterizaciones y/o representaciones de personajes que muestren diversidad en las formas de ser, en las figuras físicas y en los estilos de vida. Evitar la representación de las mujeres a través de su cuerpo o sus características físicas y su consecuente cosificación. Evitar la asociación entre valores socialmente positivos como la aceptación social, el éxito y/o la felicidad con la apariencia física de una persona. Admitir
la diversidad y la diferencia positivamente, omitiendo discursos y/o imágenes que representen al cuerpo como espacio de imperfecciones a corregir. Evitar los estereotipos que promueven la burla y el desprecio hacia identidades y/o prácticas que no responden a los parámetros frecuentemente asociados a la “normalidad”. Evitar la erotización de niñas, niños y adolescentes en los mensajes publicitarios.

Sé que no quiero seguir siendo parte de la cultura de las dietas, de la gordofobia, de la estigmatización del peso, de la comparación constante entre nosotras, de los diálogos violentos que tenemos hacia nuestro cuerpo y el de otras mujeres. Quiero ver a la niña sonriente de 10 que comía un helado grande de cajeta convertirse en una mujer de 40 años, que sigue sonriendo y disfrutando del mismo helado como cuando era niña.

FUNDACIÓN APTA

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