Como en su gran novela, hechos inesperados descubren historias ocultas.

El historiador Fernando del Prado habla a la periodista Patricia Alvarado, corresponsal en España de Radio Centro México, del avance en la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes.

En 1870 se detectó falta de documentación sobre algunos periodos de la vida de Cervantes. Diversos historiadores se dieron a la tarea de llenar esos vacíos mediante investigaciones profundas sobre su persona que concluyeron en 1958 con el trabajo de Luis Astrana Marín: “La vida heroica de Miguel de Cervantes”, coincidente con los resultados del georradar y otros instrumentos de la técnica moderna que en nada contradicen la documentación histórica. En la cripta de las trinitarias están enterrados más secretos que cuerpos, todos en vísperas de salir juntos a la luz.

Sin embargo, hoy todavía se sabe más del nacimiento de Cervantes que de su muerte y entierro.

Su padre era un cirujano menor, se han levantado muchas teorías a ese respecto. La genealogía de Don Miguel de Cervantes está perfectamente estudiada y puesta en claro por el propio Astrana Marín. Últimamente ha hecho magnífico trabajo don Alfonso de Ceballos-Escalera, Marqués de la Floresta. En este sentido la genealogía de Cervantes es muy clara: son hidalgos que provienen de la zona de Córdoba, alrededor de 1425. El padre de Cervantes sufría de sordera y cuando alguien la padece de nacimiento le cuesta aprender a hablar. Tenía un problema de incomunicación que le incapacitaba para el desarrollo de muchos trabajos. Acabó siendo cirujano, un cirujano menor porque no pudo estudiar, no pudo desarrollar ninguna otra actividad, pero su padre había sido corregidor, su hermano fue corregidor también y era una familia muy conocida. La información faltante incluye al abuelo materno o sea al padre de su madre, Doña Leonor de Cortinas. Se desconoce el nombre de su padre, la familia Cortinas está perfectamente localizada: son hidalgos de Arganda del Rey de origen madrileño, pero de la familia del abuelo nada se sabe.

Esta ausencia de información puede tener varias causas. Una muy frecuente es el sistema de apellidos usual en aquella época, en vigor hasta 1870 con la reforma del Código Civil. No había obligación de ponerse el apellido del padre y de la madre, ni en ese orden. Uno se podía poner los apellidos por infinitos motivos, todos muy lógicos y muy claros para ellos. A nosotros nos vuelve locos. Pero era muy común que un hermano tuviera el apellido del padre y otro hermano el de la abuela materna u otro cualquiera; una vinculación que hubiera por 80 motivos.

Patricia pregunta al historiador si ha buscado el documento bautismal: “No, porque yo estoy en la otra punta, en la muerte y aquella es la punta inicial, el nacimiento. A mí me preocupa encontrar sus restos”. En cuanto al documento bautismal don Luis Astrana lo halló en Alcalá de Henares. Probó la existencia de la casa natal, hoy museo, y desde entonces han surgido conjeturas, pero ninguna prueba que contradiga la documentación presentada por Astrana Marín.

¿Cuánto tiempo calcula para localizar los restos?

“Estamos en trámites”, dice el historiador Prado. “El problema es que cada paso requiere tramitación y autorizaciones por parte de diferentes organismos e instituciones. Es una burocracia lenta, incluso molesta en algunos casos pero necesaria, estamos llevando a cabo los trámites para ver cuándo podemos empezar, nos gustaría que fuera este verano. Desde el momento de empezar serían unos 10 ó 12 días de trabajo de campo in situ pero lo bueno también es que la información la estamos teniendo inmediatamente”.

¿Es necesario que Cervantes tenga una tumba cierta y suya?

“La figura de don Miguel de Cervantes es una figura inmortal, eterna mientras exista la humanidad por su obra y gracias a su obra, afirma el señor Prado. Un aspecto que la gente olvida, que casi nunca tiene en cuenta es que don Miguel fue soldado sin ventura, funcionario con mala suerte, padre de familia a quien los hijos le salieron por aquí y por allá. Una persona que tenía una enorme dignidad y estaba muy orgullosa de lo que había hecho. Carecía completamente de soberbia, faceta olvidada, tapada por lo que es la gloria del escritor. Todo el mundo habla la mayor gloria para un escritor: sus libros, completamente de acuerdo. Pero la persona, esa persona —insiste el historiador— quiero honrarla porque estoy seguro de que Don Miguel por muy humilde que fuera, hubiera preferido tener sobre su cadáver una lápida con su nombre, Miguel de Cervantes Saavedra, soldado, escritor, poeta, en vez de estar en una tumba perdida, anónima en algún punto ignorado”.

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