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Nada más doloroso resulta el alejamiento para siempre de un ser humano, pero Chávez resulta a la vez un personaje mucho más complejo por el significado de su liderazgo.

Conocemos dos interpretaciones del líder venezolano; una notoriamente que intenta la unidad Latinoamericana, la solidaridad, y la practicada por todo el continente. Donde sin duda emerge como un líder Latinoamericano, con sus ideologías socialistas, en un mundo donde el neoliberalismo se acerca a la globalidad y la utiliza, no permitiendo espacios para otras estructuras ideológicas. Y mucho menos en nuestro continente, donde es la influencia geopolítica del gigante del Norte.

En su R. Bolivariana de Venezuela, donde en décadas fueron inexistentes y desconocidas las políticas sociales, irrumpe Chávez por primera vez a favor del 85% de la población, pueblo relegado hasta entonces de sus necesidades más primarias, por gobiernos aristócratas. Nos encontrábamos con altos índices de analfabetismo, sin atención medica, con una corrupción crónica, un fuerte desempleo y un índice de pobreza superior al 80%. Esa Venezuela comenzó a cambiar con su nuevo gobierno, entre aciertos y errores el gobierno de Chávez comenzó a generar políticas para los de abajo; no en vano tuvo tanta popularidad. El “PETRÓLEO” paso a ser una herramienta para sus políticas sociales y no un lucro de la aristocracia y corrupción. Desarrolló unas quince ramas por lo menos en los distintos temas sociales. La solidaridad a la vez fue llevada como instrumento a los países del continente. Su utopía socialista llego a ser un ideal u opción contraria al neoliberalismo, forma dominante de poder continental y mundial. Es de hecho Chávez, una nueva alternativa nueva, aunque algo dudosa, pero alternativa al fin. Mucho se podría interpretar de esa política social como Socialismo S. XXI, donde la izquierda la observa, algunos con avidez y otros con mesura y dudas.

Los 130.000 millones de dólares que alcanza su deuda externa, las inversiones extranjeras que tienden a alejarse de Venezuela, hacen que nada fácil es ir contra el imperio.

Pero el otro Chávez que conocemos es un centroamericano de sangre estridente, con grandes contrariedades y exabruptos políticos, nada favorables. Una maxi inflación rodeo a la economía recientemente de casi un 50%, dejando debilidades en esa materia.

Solidario con los pueblos Latinoamericanos y bravo contra los excesos del gigante del Norte, que permanentemente castigó a nuestros países del Sur. Recordemos que fueron los EE.UU. con el petrodólar, de donde se gestó en el continente las dictaduras militares y las apoyó como instrumento de sus intereses. Pero aquí, es a la vez, donde tiene su falta de visión y donde comienzan los errores de Chávez: defendió la democracia en América latina salvo Cuba (tema discutible en definir libertades). Pero fuera del continente, increíblemente se alió a las principales fuerzas antinorteamericanas, no importándole ni su ideología, ni sus regímenes terroríficos como en Irán, en Libia con Gadafi, en Irak con Hussein (en su momento) y ahora dando un total apoyo a Assad en Siria, base fascista con un atroz belicismo en la actualidad, siendo una de las mayores represiones y dictaduras sangrientas en el momento. La misma mantiene más de cuatro décadas gobernando. Su mirada antinorteamericana no le permitió vislumbrar el fascismo y la teocracia en otras regiones, que quizás eran (son) mil veces peores en potencia (acto-Aristóteles) que el imperio del Norte.

Amigo de Ahmadineyad presidente iraní, donde su férrea dictadura teocrática y fascista lo hace uno de los países más conflictivos de la región. Ahmadineyad es negador del holocausto judío y deseoso de la desaparición de . Éste es uno de los lados oscuros de Chávez, con su actitud de fuerte amistad con el poder teocrático islamista de Irán. También se le suma sus expresiones desafortunadas de “Maldito ”, se puede discrepar con su gobierno, pero maldecir a (como país) es atentatorio contra todo, entre ellos su población.
Es en este momento que el carismático líder ha fallecido, nos deja luces y sombras. Nos quitaba en parte una opción o alternativa políticamente diferente por tener aliados dictadores totalitarios y asesinos de sus pueblos, sumando su culto a la personalidad, que oscurecen las instituciones del Estado. Todo esto hace que su obra sea dudosa o con mensajes negativos; “los medios son muy importantes para llegar a los fines” (eso ya lo aprendimos en el socialismo real). Pero nos muestra a la vez una vocación de rodear y gobernar para su pueblo (el venezolano) con un ejemplo: su índice de pobreza logró bajar casi 40 puntos desde el comienzo de su gobierno, se ha preocupado por elevar el nivel de los relegados en todos sus aspectos.

Lamentamos su perdida, marcamos sus profundas contradicciones y bregamos para que quien continúe gobernando a posterior de las próximas elecciones constitucionales, sea igual de solidario con los Latinoamericanos, con su propio pueblo y aborrezca las dictaduras estén donde estén.

La democracia, libertad y el socialismo deben encontrarse o los pueblos no tendrán la equidad deseada. El legado de Chávez queda con interrogantes a resolver.

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