Diario Judío México - Los chiles en nogada, que hace años eran una rareza aún en la época en que se comían por estar disponible la nuez de castilla y solamente se encontraban en restoranes poblanos, se han convertido en un lugar común en la Ciudad de México, aún fuera de temporada.

En realidad, los chiles han sido parte básica de la alimentación en México desde la época prehispánica. Existe un comentario de Fray Bartolomé de las Casas que dice que “sin el chile los mexicanos no creen que están comiendo”. Alejandro de Humboldt observó que el chile se usa entre los mexicanos como la sal entre los europeos. También Fernández de Oviedo dice que “en verdad, el ají (chile) es mejor con la carne o con el pescado que la muy buena pimienta”. Todo lo anterior para que sea evidente que gran parte de la comida mexicana está fundada de un modo u otro en algún tipo de chile de los que hay muchísimos. La población solía usar el chile no únicamente para condimentar su comida sino hasta como medicina. Se habla de chiles para la tos, para una infección de oído, como antiséptico, para la diarrea, para agilizar un parto muy lento, etc.

Bernardino de Sahagún dice en su Historia General de las Cosas de la Nueva España que “el comerciante de chiles es uno que trabaja la milpa o es detallista. Vende chiles rojos suaves, chiles anchos, chiles picantes verdes, chiles amarillos, cuitlachili, tempilchili y chichioachili. Vende chiles de agua, conchilli, chiles ahumados, menuditos, chiles de árbol, chiles delgados y unos que parecen escarabajos”. Esto además de las salsas de lo más abundante y que le daban un olor peculiar al tianguis de Tlatelolco. Aparentemente el chile entró al sistema de distribución en Tenochtitlán como tributo y más adelante ya como costumbre al venderse en la ciudad.

Pero el chile en nogada que nos ocupa surgió del deseo de las monjas de San Agustín de agasajar al flamante presidente de México, Agustín de Iturbide, en su cumpleaños que pasó en Puebla de los Ángeles a su regreso de Córdoba. Ahí había firmado el Tratado con el nombre de esa ciudad con el último virrey Don Juan de O’Donojú en 1821. Iturbide, que poco después sería aclamado popularmente como emperador, llegó a Puebla que lo recibió con los brazos abiertos y estaba decorada con gran esplendor por los tres colores de la recién creada bandera nacional. El verde significaba la independencia, el blanco la religión y el rojo la unión. Fue por ello que las monjitas poblanas contagiadas por el fervor patriótico que se sentía en toda la ciudad decidieron crear un platillo que reuniera los tres colores: el verde sería el chile, aunque si éste estaba capeado como solía hacerse, se le añade perejil para dar el toque verde, el blanco la cubierta de nuez y la granada le da el toque rojo final. Para aquellos que no combinen carne con leche, no es necesario abstenerse de prepararlos pues se puede usar crema pareve y resulta prácticamente igual.

Agustín de Iturbide tuvo un fin muy triste pues fue depuesto como emperador escasamente a un año de haber sido proclamado por lo que decidió ir hacia Europa con su familia. Poco después decidió regresar y reclamar su trono pero, en su ausencia, se le había decretado traidor y al llegar a Soto la Marina, ignorante de su situación jurídica pues había estado en alta mar durante varias semanas, fue fusilado de inmediato.

Como recuerdo suyo nos quedan estos chiles en nogada y lo que fue su residencia durante el tiempo que ejerció como emperador que Banamex rescató ya hace muchos años y que se conoce como el Palacio de Iturbide en la calle de Madero.

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Desde temprana edad su afición por los idiomas la ha llevado a graduarse en varios como el inglés, francés, hebreo, alemán y ruso, por lo que profesionalmente se dedica a ser traductora, sobre todo en inglés y español, ruso y francés, actividad que ha sostenido por más de cuarenta años. También ha sido maestra de inglés por más de veinte.

Como articulista sus inicios se encuentran en la revista de la Comunidad Bet-El, pero en forma continua por más de cinco años su intelectualidad se refleja en "Foro" y algunos en la publicación "Letras Libres", destacando sobre todo en ellos el folclor, cultura, lugares y aspectos netamente mexicanos.