Se calcula que entre 1880 y 1921, el 5% de la población que vivía en la era de origen ruso. Entre ellos se contaba Sami Flichman —oriundo de Lodz, hoy territorio polaco—, quien arribó en 1889, con sus juveniles 18 años y el entusiasmo por progresar.

Se asentó en Mendoza con el claro objetivo de dedicarse a la vitivinicultura. El primer paso era hacerse de capital. Para lograrlo, se dedicó a vender géneros y alfombras.

En 1890, compró La Bodeguita ubicada en Guaymallén. Mientras el negocio crecía, se hizo tiempo para el amor. Conoció a Berta Chait, una inmigrante de la actual Moldavia, con quien se casó y formó una familia. Tuvieron cuatro hijos: Sara, Isabel, Jacobo e Isaac.

La bodega creció y le dio el capital para el nuevo paso. En 1896, Flichman adquirió la "Gran casa colorada" que se levantaba en la transitada avenida San Martín de la ciudad de Mendoza, que acondicionó para vender muebles, tapicería, alfombras, cortinas y cristales. El local pronto comenzó a crecer y a hacerse famoso entre la alta sociedad mendocina que eligió su negocio para equipar los hogares.

Los ingresos le permitieron llevar adelante el proyecto. Compró tierras económicas en Barrancas, en el departamento de Maipú. A simple vista, presentaban notables dificultades. Estaban alejadas de los centros de producción y eran secas, debido al lecho pedregoso del río Mendoza.

Pero don Sami no vio obstáculos, sino oportunidades. Con herramientas precarias, pero el mejor empeño, dedicó años a mejorarlas, transportando tierra a su espacio para hacerlo fértil. Lo logró. Y de esta manera, hacia 1910, comenzó la cosecha de una de las bodegas pioneras.

Para ese tiempo, Sami Flichman se había convertido en un respetable vecino y representante de la comunidad judía. En 1915 fue presidente de la Sociedad Israelita de Beneficencia.

Su verdadera pasión, los

Hacia 1910, comenzaron la cosecha de una de las bodegas pioneras de Mendoza
El negocio de la mueblería funcionaba muy bien, lo que le permitió dedicarse a su verdadera pasión, los vinos. Los productos comenzaron a ser transportados en tren, expandiéndose por todo el país.

Los locos años 20 encontraron a Flichman en pleno crecimiento. Durante esta década compró Bodegas y Viñedos La Trentina. Por otra parte, el ferrocarril del Pacífico le ofrecía la posibilidad de llegar a Buenos Aires. Fue entonces cuando levantó una planta fraccionadora en el barrio porteño de La Paternal, a la vez que construyó la bodega El Desvío en Godoy Cruz, Mendoza.

Pero, a pesar del bienestar, la crisis global de los años 30 golpeó fuertemente sus negocios. Para ese entonces, a Sami lo acompañaban sus dos hijos: Jacobo en Mendoza e Isaac —quien había regresado de estudiar en Francia— desde Buenos Aires. Cuando sus hijas se casaron, los yernos también se incorporaron a la firma. Si bien los problemas económicos y financieros redujeron la fortuna familiar, los Flichman mantuvieron la milagrosa bodega de Barrancas y la mueblería. El resto fue vendido.

En 1935, una tragedia golpeó a la familia. Jacobo Flichman, el mayor de los hijos varones de Sami –y, sin dudas, heredero de los negocios que con esfuerzo había levantado su padre–, murió en un accidente de autos.

Al enterarse de la pérdida de su hermano, Isaac abandonó Buenos Aires y partió a Mendoza. Se hizo cargo del negocio y comenzó a experimentar con finos. Parte de la producción se exportaba a Uruguay y Paraguay.

Sami Flichman falleció en 1939 a la edad de 68 años. Con Isaac a la cabeza, se elaboraron cabernet y malbec, se realizaron plantaciones en Barrancas y se proveyó de finos a empresas como Peters y el frigorífico Armour.

Finca Flichman, un vino premium

Dedicado, una edición limitada de Finca Flichman
Pero sus geniales aportes fueron el haber traído el Syrah de Francia y haber incorporado el vino premium. El heredero creó Caballero de la Cepa, que protagonizó los banquetes más exclusivos. Por sus logros y el esfuerzo para alcanzarlos, los Flichman captaron la atención, y la admiración, del inolvidable especialista y bon vivant, Miguel Brascó.

Hacia la década del 50, la compañía comenzó a llamarse Finca Flichman y su prestigio era orgullo de la tierra cuyana. Pero Isaac, además de dedicarse a los negocios, y siguiendo el ejemplo del padre, dedicó buena cantidad de su tiempo a la filantropía. Fue iniciador de la Fundación Curie de Lucha contra la Leucemia, miembro de la Liga de Lucha contra el Cáncer y de la Comisión Directiva de la Sociedad Israelita de Beneficencia. También participó, en la Cámara Cuyana de Importación y Exportación y del Centro de Enólogos de Mendoza.

Las marcas históricas de Finca Flichman fueron —además de Caballero de la Cepa— Syrah de Barrancas, Merlot de Barrancas y el Reserva Especial, que se etiquetaba especialmente para quien lo comprara.

Isaac Flichman murió en 1989, a los 84 años, habiendo logrado llevar, durante una vida de arduo trabajo, el nombre de su padre a lo más alto de la vitivinicultura argentina. Así la conoció el grupo Sogrape, que se hizo cargo de la marca en 1998. Esta fue su primera inversión fuera de Portugal. Llevaron adelante ese gran paso, confiados en que la bodega, sus tierras y su estirpe estaban a la altura del compromiso, al igual que ellos estaban dispuestos a mantener todas sus virtudes de excelencia.