Diario Judío México - El ateísmo ha adquirido la virtud de la polisemia. Ser ateo, se piensa, es ser moderno, científico, objetivo, inteligente, racional, curioso, sensible. Goebbels dijo en uno de sus escritos sobre propaganda que las masas necesitan tener qué odiar. El ateísmo suministra múltiples objetos de odio, desde palabras y símbolos hasta santos y mártires.

La política ha enseñado que sólo hay unidad social donde hay enemigos externos. La , sea la que sea, en la actualidad tiene rostro de enemigo. El repudio hacia la tiene una causa muy fácil de discernir, y es su tedioso discurso. El profano, que carece de estudios formales de lógica y de filosofía, piensa simétricamente y crea síntesis con materiales inadecuados para hacerlas. “La antítesis de la ciencia es la fe y la de la astucia es la esperanza”, piensa el ateo. No hay tal.

Los palurdos, que de todo opinan y que nada estudian con seriedad, no comprenden ni las teorías físicas de Edward Witten ni los preceptos de Alá, ni las ideas de Einstein ni la Trinidad, ni la Cábala ni la filosofía pitagórica, pero se atreven a hablar de Witten, de Einstein y de Pitágoras porque al hacerlo no corren el riesgo de ser imprudentes y de ofender al vecino. Que la geometría y la aritmética no sirvan ya para medir el tiempo y el espacio poco o nada afecta nuestras vidas, pero que el pecado nos destine al infierno sí. El Infierno, si acatamos a la nueva física, es posible, aunque tal vez innecesario.

Mas retornemos al análisis del ateo. El ateo, tenemos dicho, presume su cientificismo, su especialización, pero al hacerlo se contradice. ¿Por qué? Porque en ciencia es especialista y en menesteres morales es ecléctico. ¿Quién confiará en un individuo que toma ladrillos de aquí y de allá, del budismo y del judaísmo, para construirse una morada ética? En Las Cruzadas, de Michaud, aprendemos que las masacres en nombre de lo divino han sido cometidas por menesterosos eclécticos desamparados que ven en las expediciones a Jerusalén o a cualquier lugar santo no una oportunidad para alanzar el perdón de Dios, sino una para lograr su libertad y fama.

Ciencia y no son culpables de las carnicerías contra el prójimo. El culpable es el ateo, o escéptico disfrazado de creyente o de pensador. El ateo rechaza la , pero también la ciencia. Ciencia, en el gran sentido de la palabra, es fe y esperanza, o en términos menos tediosos y manoseados, credulidad y ancha expectativa. Hay ateos geniales, como Dawkins, y también los hay mediocres. Hay religiosos magníficos, como Pascal, y además los hay medianeros. Pero el ateo vulgar, el que hace de su ateísmo una , un programa político, suele sólo comparar a los ateos geniales con los religiosos mediocres, y olvida parangonar al religioso magnífico con el ateo mediano.

La humanidad, saben todos los historiadores, ha recibido mejores cosas de los religiosos científicos, como Descartes, que de los científicos ateos. Bertrand Russell, en su texto Por qué no soy cristiano, acomete contra la argumentando que ésta se fundamenta en el miedo, que retarda el progreso y limita el conocimiento. Russell, creyendo que atacó a la en general, atacó solamente a los religiosos medianeros.

Casi todas las mentes, desde las más poderosas hasta las más pueriles, confunden a la teología con el dogmatismo religioso. Russell evita hablar de Jesucristo en el texto citado afirmando que ignora la cristología, es decir, la ciencia histórica de la de Cristo. ¿Por qué la ignoraba? Porque no le interesaba. Y sin embargo, como buen ateo, se atrevió a hablar del tema desconociendo sus hontanares. ¿Se atreve el rabí a elucubrar cuestiones sociológicas? Mal rabí será el que meta su mano donde parecerá torpe.

Recordemos a otro gran ateo, a Christopher Hitchens, que en su libro Dios no es bueno confunde a la política con la . Es común confundir la logística con la lógica, la praxis con la epistemología. Descalificar las malas prácticas de algunos religiosos no descalifica a la , ni descalificar a las religiones equivale a demeritar al creyente. ¿Contra qué lucha el ateo? Ni él lo sabe. El enemigo del ateo, paradójicamente, no existe. El ateo arremete contra todo, contra el creyente y contra el rabí, contra las palabras “sinagoga” e “iglesia”, contra sus muros, contra todo, en fin, lo que no parezca padecer incertidumbre.

Tiene religión quien afana re-unirse con la comunidad, que nos da una identidad. Tiene identidad quien comparte con los otros ciencia, religión y trabajo, es decir, percepciones, expectativas y planes (proyectos, decisiones y responsabilidades, diría Sartre). Quien tiene identidad quiere fusionarse con lo que le parece es idéntico a él, con su pueblo. El ateo, en cambio, al terminar de pelear con el creyente va a pelear con el marxista, y luego va a dar porrazos al liberal, y después a distribuir pullas a los extranjeros. Y los falsos religiosos hacen lo mismo. Ambos confunden la logística, mero proceso político, con la lógica, incapaz de analizar los fenómenos psíquicos y morales.

Y al mezclarse los medios con los principios quedan mezclados los sentimientos comunitarios con el sentido común. El ateo, contrariamente al científico y al creyente, quiere practicidad, inmediatez, logística clara, y desea le expliquen los orígenes de todas las cosas con proposiciones mecánicas, escolásticas, analíticas. ¿Y no es la escolástica un modo del saber eclesiástico? La lógica del escolástico, como la del ateo, se conforma con la no contradicción. Los dos tachan lo contradictorio, que no es contradictorio cuando se mira de cerca, cuando se estudia con rigor.

El pensamiento judío, siempre extranjero, sobrepuesto, se ha acostumbrado a buscar relaciones, medios invisibles, que mantengan juntas a la ciencia y a la religión. La Guemará explica a la Mishná y ésta a la Torá. ¿Quién explica a la Guemará? ¿Cómo evita el judío el regreso hasta el infinito? Aceptando, cual científico, una totalidad que incluya lo necesario, lo real y lo posible. El ateo, el no científico, recordemos, sólo cree en lo necesario y por eso su pensamiento, indigente, se ve amenazado por cualquier peligro.

El Talmud, bien leído, escrutado filosóficamente, como nos enseñó Hermann Cohen, nos habla del dolor o desequilibro mental que puede causarnos atender sólo a lo inmediato. Rabí Jia bar Ashi dice que hay tres inmediateces (Talmud: Tratado de Berajot 42a): “inmediatamente después” de poner las manos sobre el animal para el degüelle; “inmediatamente después” de la bendición de la Redención, e “inmediatamente después” de lavarse las manos luego de la comida. Para el creyente hay inmediateces y rituales, momentos o golpes de realidad y también ensoñaciones. Para el pagano, en cambio, sólo hay inmediateces. ¿Quién ignora que lo inmediato, es decir, que las sensaciones e intuiciones son anticientíficas?

El ritual con el animal, para casi toda religión (véase la obra completa de Lévi-Strauss), es representación de la realidad, y la bendición la de lo posible, y el lavado de manos la de lo real. Sacrificio o trabajo o ciencia, fe o filosofía y limpieza o perdón, constituyen la tríada limítrofe de todo creyente. Después de la Guemará no hay más palabras, sino acciones representativas.

El ateo busca lo mismo que el creyente, pero por otras vías. M. Buber, en su libro ¿Qué es el hombre?, dijo: “Las nuevas formas de sociedad que trataron de colocar de nuevo a la persona humana en conexión con los demás, como por ejemplo, la unión, el sindicato, el partido, han podido, sin duda, despertar pasiones colectivas capaces de “llenar”, como se dice, la vida de un hombre, pero les ha sido imposible restaurar la seguridad perdida”. El ateo se derrumba sin la “pasión colectiva” y funda sus argumentos en la provocación, en la tautología, en la metonimia, en máximas, metáforas, eslóganes y lugares comunes.

La religión en general, que domando a la vanagloria humana busca armonizar lo necesario, lo posible y lo real (lo que depende y lo que no depende del hombre), ofende los valores mercantiles del ateo, que son la seguridad, el afecto, el bienestar, el orgullo, la novedad, la economía, la posesión, la inercia, el egocentrismo y la carnalidad. ¿Alguno de tales valores ha servido para fundar algo grande? Sólo sabe qué es religión y qué es volverse ateo quien ha estudiado la historia, como Hitchens, y sólo quien la ha hecho su ciencia puede elegir entre creer o dudar. “La significación de la decisión a tomar puede ser sólo inteligible para aquel que haya vivido todo el pasado que conduce a esta decisión”, escribió Levinas en su libro llamado Humanismo del otro hombre.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

7 COMENTARIOS

  1. Este jovencito imberbe, parece que no entiende que no entiende. No tengo nada en contra de los creyentes. Estoy dispuesto a defender con todos mis medios a defender su derecho a sus creencias. También estoy dispuesto a hacerlo para que puedan expresarlo. Conozco a mucha gente respetable que cree en dios y nunca les he faltado al respeto por eso. Discutir sobre la existencia de dios es un sinsentido. Tu no puedes demostrar su existencia, ni yo que no existe. Discutir con un tipo que pone en la misma frase el infierno y la nueva física es un sinsentido. Lo que me molesta profundamente de tu texto es tu INTOLERANCIA, léase tu incapacidad para aceptar que existe alguien que piense diferente a ti. La intolerancia es probablemente una situación que los judíos de todos los tiempos y regiones han sufrido más que ningún otro grupo, somos una especie de chivo expiatorio. Nos culpan de todo lo malo que pasa en el mundo. Por eso no entiendo la intolerancia que nosotros manifestamos todos los días, contra los goyim, contra quienes nos hacen el aseo, o trabajan para nosotros, o en contra de cualquiera que piense diferente a nosotros. Somos incluso intolerantes con nosotros mismos. Has oído hablar a los shamis de los ashkenazi? O a los halevis de los sefaraditas? A veces pienso que no nos soportamos ni a nosotros mismos. Dejame explicarte porque te llame ignorante. La principal causa de la INTOLERANCIA es la ignorancia. El holocausto no comenzó en Auschwitz. Eso fué sólo parte de la “solución final”, empezó muchos años antes en alemania con una panfleto titulado contra los judíos.. Al igual que tus pasquines en contra de los ateos y en contra de los libres pensadores. Por otra parte si, soy médico, y tu reconocimiento no figura entre mis objetivos, me basta con que lo hayan hecho mis colegas y la comunidad. Además encuentro mucho más honorable mi profesión que la tuya, que consiste básicamente en manipular a las masas para comprar cosas que no necesirtan y perpetuar la sociedad de consumo que tanto daño hace al ambiente y a la naturaleza. Te recuerdo que también la mercadotecnia se utiliza en política. Fué ampliamente utilizada por los nazis para manipular la opinión publica con un gigantesco aparato de propaganda para convencer al pueblo alemán de que eramos subhumanos y merecedores de ser eliminados. Estoy seguro que no te dijeron eso en la escuela donde estudiaste. Así que tu doctorcito no me ofende en absoluto, mercachifles. Claro que cito a un científico, a quien esperabas que citara, a ti? Bueno voy a hacer el intento y te cito: “El enfermo hecho friolera cree que el ambiente todo está frío; el gaznápiro, por su oscuro lado, al ver que no puede penetrar los teoremas de la ciencia los tilda de complicados y pedantes. A lo anterior se le llama “personalismo”, fenómeno mental muy bien analizado, recuerdo, por Pío Baroja, pesimista, que es decir buen ponderador de realidades”. Pues creo que has hecho un buen retrato de ti mismo. Si tu crees en dios, naturalmente crees que todos creen en dios y que seguramente nadie piensa diferente. Y por último si tengo 60 años, y eso tampoco me molesta. La ventaja de ser mayor es que se te quita un poco, sólo un poco no te emociones, la estupidez, asi que tu puedes seguir disfrutando plenamente de tu juventud. Escribo no para que tu me leas, sino para manifestar mi más acérrima INTOLERANCIA a la intolerancia, ajena o propia.

  2. He aquí la respuesta que escribí (no sé si la enviaré): “Época hubo, la de su historiográfica mocedad, en la que se confundía la ciencia con la cosmología y la astronomía con la astrología. La ciencia, si nos atenemos a los rigores de los epistemólogos y no a los desastrados fárragos de incoherencias medievales que vomitó usted sobre este cartapacio platónico, no afana explicar el universo. La ciencia es ciencia porque escruta sólo parcelas del mundo. La que quiere dar luz al mundo es la filosofía. Usted, que se dedica a esgrimir recetas, que ostenta gramática de afásico, léxico de estudiantón, ortografía de criada y lógica de pecera (cada vuelta le parece novedad), todo aprendido de la “lengua de los orinales” y del “idioma de los bacines” (antes Satán me ceñirá que usted, “prevaricador del buen lenguaje”, pondrá su confundido bisturí cortador de tocinos sobre mi piel), como dice nuestro Villarroel (lo azuzo, anciano de camino docto en pullas y no en remedios, a leer los clásicos castellanos, que pulimentarán sus garabatos), confunde política con religión y religión con teología y “logos” con racionalidad y razón con instrumentación e instrumentación con arqueología y arqueología con “mundus” y además hace precisamente lo que digo no hay que hacer: comparar lo incomparable. Negar, sabrá cuando visite los manuales de lógica que detesta, no es argumentar, y citar a Einstein, gran metafísico y físico y matemático (aristotélico) y nula autoridad en asuntos exegéticos, bíblicos, no acarrea agua bendita hacia las causas que cree defender usted. Y pues ayudaría mucho a México que nuestros médicos supieran poner acentos y enhebrar conceptos, “doctor” José o Jose Galante Chicurel”.

  3. Ayudaria mucho a erradicar la intolerancia en general y el antisemitismo en particular si no dijeramos tantas estupideces.

  4. Imposible no contestar. Tu ignorancia es obscena. La ciencia no pretende eliminar tu creencia o la de los demás en dios. Lo que pretende la ciencia es explicar el universo en que vivimos. A los científicos no les interesa militar y convencer a la humanidad de la existencia o no de un creador. En cambio la gente como tu si milita en ese sentido y trata por todos los medios de convencer a todo mundo que dios existe. La religión, especialmente las tres religiones monoteístas mayoritarias, han sido y siguen siendo y seguirán siendo una de las más importantes razones de esa ansia inexplicable de matarse entre sí. Los ateos no matamos religiosos ni a ningun otro ser humano. Los religiosos como tu obviamente si estan dispuestos a aniquilar a quien no crea en su doctrina. Porque nosotros también matamos ejn alguna epoca a quienes pensaban diferente, no? Los cristianos hicieron lo mismo en la edad media y ahora los fundamentalistas árabes tratan de eliminar a todo aquel que no siga la sharia y que no crea en el coran. Te digo esto porque no se si estes enterado de lo que sucede en el mundo. Te voy a mencionar lo que dijo Einstein a un “filosofo” judío. Esta en una carta recientemente subastada. Esta dirigida a Sr. Gutkind y cito (sic) “La palabra dios para mi es la expresión y el producto de la debilidad humana. La biblia una honorable pero primitiva serie de leyendas que de todas formas resultan infantiles. Ninguna otra interpretación por sutil que sea podría cambiar mi opinión. Para mi la religión judía, como todas las demás es la manifestación de unna superstición infantil. Y el pueblo judío al que alegremente pertenezco, no tiene una cualidad diferente a la del resto de los pueblos. Según mi experiencia, no somos mejores que otros grupos humanos, aunque nuestra falta dwe poder nos vacuna contra ciertos canceres. No creo que en el pueblo judio haya nada de elegido.” Ahora si no te parece suficiente, el papa Francisco acaba de publicar una hermosa frase “No es necesario creer en dios para ser una buena persona. En cierta forma la idea tradicional de dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual sin ser religioso. No es necesario ir a la iglesia y dar dinero, para muchos, la naturaleza puede ser una iglesia. Algunas de las mejores personas de la historia no creían en dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre. No tengo la menor intención de cambiar tu forma de pensar. Es tu problema. Para militar en contra de los ateos, se necesita mucho más de lo que puedes ofrecer. La editor4ial dice que puede rechazar contenidos difamatorios, pero en tu caso parece que lo omitieron. Los ateos no te hemos hecho nada, solo tratamos de comprender el universo en que vivimos.

  5. Edvard me imagino que en tus lecturas te has encontrado el “credo ut intelligam” de Anselmo de Aosta/Canterbury.

    Me hiciste acordarme de el.

    Me gusto mucho tu articulo y ademas creo que estas en lo cierto.

    Miguel

    • Hola, Miguel.

      El latín mentado fue el eje de todo el artículo.

      “Credo ut intelligam”, pero también porque consuela.

      Mucho te agradezco el que me hayas leído.

      ¡Saludos!

Deja tu Comentario

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.


Artículo anteriorMuere el legendario corresponsal de CBS Bob Simon en un accidente
Artículo siguienteReciba la canción del día en su correo electrónico llenando la forma que le presentamos a continuación
Edvard Zeind Palafox   es Redactor Publicitario – Planner, Licenciado en Mercadotecnia y Publicidad (UNIMEX), con una Maestría en Mercadotecnia (con Mención Honorífica en UPAEP). Es Catedrático de tiempo completo, ha participado en congresos como expositor a nivel nacional.