Siempre se ha valorado, con honores y bien merecidos, a la mamá. Ella es la que siempre está aunque esté ocupada. Ella cocina, da de comer, da de amamantar, asiste a los eventos de sus hijos, los presume, los peina, los baña, les da todo lo que puede porque eso es una mamá. Una mamá de verdad, más que mamá es una súper mamá.

Pero, ¿y papá?

Papá tiene que ir a trabajar para que todo eso que hace mamá sea posible. Porque esa es la sociedad perfecta y amorosa, pues alguien debe atender a los hijos mientras uno de ellos provee.

Papá va a trabajar, a veces a trabajos pesados donde duele el cuerpo, carga cosas pesadas, está todo el día parado, sus manos se llenan de callosidades, las inclemencias de los ruidos y el clima debe superarlos al mismo tiempo que el hambre, los horarios a destiempos e incluso poder ir a un baño. Ya no se diga limpio o sucio, sino al menos cuando lo necesite.

Papá se corta con herramientas de trabajo, baja y sube y no por escaleras, sino trepándose donde pueda. Papá quiere llegar a casa y ver a su esposa, a sus hijos, pero ellos están dormidos y la esposa muy cansada.

La mayoría de veces, casi siempre, no se tiene en cuenta y ni siquiera se conoce esa labor de súper papá. Lo que menos debe hacerse es recibirlo con un buen gesto, con algo preparado, al menos un baño limpio, una comida rica…

Porque papá, cuando no tiene trabajo le sobra tiempo y le causa angustia y dolor en su alma el no ver a su familia para la que tanto trabaja. Y cuando tiene trabajo le falta el tiempo, y muchas veces tampoco le alcanza el dinero y no puede ver a su familia.

Papá y mamá son como cuerpo y alma: uno se ve y el otro no, pero uno da vida al otro. Creemos que lo que no vemos, o no existe, o no hace nada o es menos importante o de plano no importa.

Y papá sabe y siente eso que la familia siente, porque se lo hacen sentir cuando llega y no lo reciben con ese gesto de amor. Lo toman como un ser ausente por voluntad propia mientras todos están vestidos y comidos gracias a papá y su esfuerzo.

Valorar a papá es demostrarle amor con esos detalles que son su alimentación del alma, su alegría, su motivo de vida y existencia.

¡Amemos y valoremos a papá!

Difícilmente será como él nos ama, pero sepamos reconocer todo su esfuerzo con esos detalles que pueden ser una flor, una sonrisa, un abrazo apretado, escucharlo con atención ya que serán pocas las veces que un padre trabajador pueda tener ese gran placer.

Papá no necesita regalos, solamente esos pequeños grandes detalles.

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.