Portar la estrella de David en amarillo impresa en la ropa con la expresión “sin vacunar” tal vez sea la mejor expresión de cómo las manifestaciones y protestas de antivacunas, negacionistas y críticos con la de la canciller Angela Merkel contra la COVID-19 no sólo traducen un malestar relacionado con la pandemia. En Alemania, ya no hay dudas a estas alturas de que estas movilizaciones esconden una funesta y vieja hostilidad contra los judíos: el antisemitismo.

Para las autoridades alemanas, no hay duda de que los judíos son “cabezas de turco en la crisis” que ha supuesto el SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19. Así lo expresaba a finales del año pasado el Responsable del Gobierno de Alemania para el Antisemitismo, Felix Klein. “Las protestas tienen una narrativa antisemita”, decía Klein a cuenta de las manifestaciones contra la de Merkel frente a la propagación del coronavirus.

En la pandemia, ese relato antisemita se expresa en la calle portando la estrella de David y las palabras “sin vacunar” o, por ejemplo, cuando los manifestantes dicen que las restricciones impuestas para frenar al agente infeccioso suponen la instauración de una dictadura en Alemania como la que fue el III Reich. En esta lógica, también hay manifestantes que se comparan con mártires del Holocausto judío como Anna Frank, muerta a los quince años por el tifus en el campo de concentración nazi de Bergen-Belsen, o héroes como Sophie Scholl, activista contra el régimen nazi condenada a muerte en 1943.

Con este tipo de comportamientos, “en realidad estamos hablando de una relativización de la Shoah, es una ofensa para las víctimas del Holocausto además de ser comparaciones absurdas, como también lo es decir que vivimos ahora en una dictadura”, dice a NIUS Remko Leemhuis, director del Comité Judío Americano (ACJ) de Berlín.

 

Su organización ha encargado un estudio de reciente publicación en Alemania a la Asociación Federal de Centros de Investigación e Información sobre el Antisemitismo (RIAS). En dicho informe queda claro que, desde el comienzo de la pandemia, las teorías de la conspiración antisemitas han jugado un destacado papel en quienes han protestado en contra de las medidas puestas en marcha frente al SARS-CoV-2. Estas medidas pueden ser, primero, las restricciones contra la propagación del virus, y, desde principios de este año, la vacunación.

En un año, contando entre marzo de 2020 y el mismo mes e 2021, el estudio recoge algo más de medio millar de casos de relacionados con la pandemia. El 60% de esos casos se produjeron en el contexto de manifestaciones contra la anti-COVID-19 del Gobierno alemán.

“Los antivacunas y los negacionistas de la se han manifestado pronto en Alemania. En abril del año pasado ya hubo las primeras manifestaciones. Se enunciaron ya entonces las primeras teorías de la conspiración, aunque no era algo muy importante. Pero, durante la pandemia, la situación se ha ido radicalizando”, plantea Leemhuis. Él invita a recordar la manifestación que acabó el pasado verano con una tentativa de asalto al edificio del Reichstag, la sede del Bundestag, Cámara Baja del Parlamento alemán.

Un 35% de los alemanes dice que los judíos tienen demasiada influencia
Leemhuis no se deja sorprender por la amplitud de esas manifestaciones ni por el hecho de que estén dominadas por extremistas de derechas y conspiranoicos. “Hasta un 35% de los alemanes piensa que los judíos tienen demasiada influencia en el mundo, según datos de una encuesta de noviembre de 2020. Éste es el punto de partida”, dice el responsable de la oficina del ACJ en Berlín.

Con la pandemia, ese ha encontrado nuevas formas de expresión. Por ejemplo, a través de la relativización del Holocausto. Pero, también, mediante las manifestaciones de antivacunas y negacionistas de la pandemia, se ha facilitado el que caigan tabúes que se habían erigido en Alemania tras la traumática experiencia del III Reich.

“La ha facilitado que el esté más presente en la calle. Ahora se pueden decir cosas en el espacio público que parecían impensables hace dos años. Con la pandemia, el ambiente relativo a estas cuestiones ha cambiado. La gente se siente más segura a la hora de decir según qué cosas”, lamenta Leemhuis.

Tanto es así que se han hecho necesarias explicaciones como las que ha ofrecido a la prensa Mathias Berek, del Centro para Investigación del en la Universidad Técnica de Berlín. En un artículo publicado a principios de año en el semanario Die Zeit, Berek daba cuenta de cómo el ser antisemita y antivacunas ha ido de la mano en notables figuras del extremismo político.

contra las vacunas, una tradición actual
Un ejemplo decimonónico que citaba Berek es Paul Förster, en su día líder de la Federación de Alemania de Antivacunas. Förster fue una de las figuras destacada del Partido Social Alemán, formación que existió entre 1889 y 1914. En ella, Förster ya soñaba con “reunir a todos los partidos antisemitas” alemanes de su época, según Berek. A este investigador tampoco se le escapaba en su texto del Die Zeit que los nazis ya contaron con figuras antivacunas, como Julius Streicher, editor del periódico del partido nazi, Der Stürmer.

Con todo, la oposición de estos antisemitas a las vacunas no es cosa del pasado. Ahora, “páginas web antisemitas distribuyen una caricatura de los años treinta en la que un médico judío a un niño pequeño acompañado de su madre”, cuenta Berek, aludiendo a un doctor caracterizado con la imagen estereotípica que tienen los antisemitas de los judíos.

Más recientemente aún, una figura prominente para el negacionismo pandémico alemán, el médico Sichrat Bhakti, autor de un libro que cuestiona la gestión de la crisis que ha supuesto la COVID-19, ha tenido que enfrentarse a una denuncia por de la parte de la comunidad judía de Berlín. Al parecer, Bhakti habría comparado, en una entrevista en un canal de internet de contenidos críticos con la gestión pandémica, cómo Israel lidia con su campaña de vacunación con las medidas de la totalitaria Alemania nazi, según recogía a mediados del pasado mes el diario berlinés Berliner Morgenpost.

Una amenaza antisemita
A Leemhuis, el director del ACJ de Berlín, hay algo que parece preocuparle más que el hecho de que haya personas de incuestionable formación académica como Bhakti convertidas en “estrellas” del ambiente de los negacionistas pandémicos. Para Leemhuis, inquieta que la reacción que se está dando ante el fenómeno conspiranóico – inspirado como está por ideas antisemitas – no se sea suficiente.

“Los atentados de Halle, Hanau y el asesinato del político conservador Walter Lübcke los cometieron gente inspirada por teorías de la conspiración. La amenaza que representan las teorías de la conspiración y su potencial de violencia se mostró también en las violentas manifestaciones vividas en Berlín hace un par de semanas”, dice Leemhuis.

Él alude a los últimos crímenes de violencia de extrema derecha registrados en el país de Angela Merkel, en los que se lamentaron en total catorce muertes. En vista de ese balance, registrado antes de que la hiciera habitual el que se airee el con la excusa de la COVID-19, Leemhuis invita a no ver a la amalgama de manifestantes que estos días se alzan contra restricciones y las vacunaciones como “covidiotas” o “tarados”.

“Son gente que puede acabar cometiendo actos de violencia”, avisa.

FuenteNIUS

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