Diario Judío México - En los últimos días hemos sido testigos de un enredo entre los partidos políticos y el IFE por una sentencia tardía del Tribunal Electoral del Poder Judicial respecto de las cuotas de género en las candidaturas al Congreso. Esta sentencia fue emitida el 30 de noviembre a dos semanas del arranque de las precampañas, cuando ya los partidos habían definido sus procesos internos para la selección de candidatos y candidatas. No es la primera ocasión en la que el Tribunal resuelve y quien tiene que dar la cara es el IFE.

De este modo las complicaciones en el registro de candidatos y candidatas derivan de la rigidez con la que el Tribunal interpretó las disposiciones de Ley en materia de cuotas, señalando que la cuota de género del 40% se debe cumplir estrictamente tanto en las candidaturas de las listas de representación proporcional como en las de mayoría relativa.

Bajo esta interpretación cada partido o coalición debe postular al menos a 400 mujeres para las diputaciones y a 104 para senadoras como propietarias y suplentes, pues por otra sentencia del Tribunal y para evitar el fenómeno de las “juanitas”, las respectivas fórmulas deben quedar integradas por dos mujeres.

El IFE había dejado una cierta flexibilidad cuando los candidatos o candidatas postulados fueran elegidos por procedimientos democráticos.

El origen del problema era entonces lo que se llama una contradicción de tesis entre autoridades electorales pero como el Tribunal es el que tiene la última palabra, el IFE y los partidos políticos no tuvieron más que acatar sus sentencias.

El asunto es relevante pues en cierta forma contrapone dos derechos políticos importantes: a) el de las mujeres por alcanzar una representación proporcional en puestos de elección popular y en el fondo, su derecho a avanzar en las estructuras de poder de las que históricamente han sido excluidas y b) el de desarrollar una cultura y prácticas democráticas dentro de los partidos políticos que garanticen el derecho de sus militantes a ser elegidos como candidatos, evitando que sean las cúpulas partidarias o las turbias negociaciones de éstas con los poderes fácticos las que determinen quiénes serán los postulados.

Respecto del primer aspecto señalado la evidencia existente es que sin la incorporación del sistema de cuotas tanto en los estatutos de los partidos como en el COFIPE las posibilidades de acceso de las mujeres al Congreso y a otros puestos de elección popular seguiría estancada en un nivel bajo como lo ha estado por ejemplo, la proporción de mujeres en las presidencias municipales que históricamente se mantiene alrededor del 5%.

La importancia del acceso de las mujeres a los puestos de decisión surge del reconocimiento de la posición de subordinación, desigualdad y discriminación que históricamente han vivido en la sociedad y refiere a la impostergable necesidad de transformar las relaciones sociales de género y avanzar en la necesaria adquisición de libertad, igualdad real, autoestima y empoderamiento de las mujeres. Las mujeres hemos estado sometidas a relaciones de poder profundamente inequitativas y seguimos siendo abusadas, violentadas, mutiladas, esclavizadas, excluidas e incluso asesinadas por nuestra condición de género.

En los años ochenta, las teóricas del feminismo tomaron conciencia de que la igualdad real no se alcanzaba con la ampliación del acceso de las mujeres a la , al trabajo, a la vivienda y en general, al bienestar material sino que se ubicaba en la esfera de las relaciones desiguales de poder entendido éste como el control de bienes materiales, recursos intelectuales e ideología. Ese poder se acumula para quienes controlan la distribución de esos bienes y recursos y ese control confiere el poder de decisión, que en lo general ha estado en manos de los varones y de las jerarquías controladas por estos.

Con el acceso de un mayor número de mujeres al poder se busca transformar las estructuras e instituciones que refuerzan la discriminación de género y la desigualdad social, y dentro de ello, de manera importante de las leyes y normas que rigen la vida de todos y todas y que son desarrolladas por las y los legisladores, cuya elección es el punto actual del debate.

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Estudio economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e inició su trabajo profesional como investigadora del Banco de México, de El Colegio de México (Colmex) y de la Dirección General de Estadística.Trabajó por 20 años en el Gobierno Federal como Directora General del Empleo, del Instituto Nacional del Consumidor, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo Rural Integral y concluyó como Subsecretaría de Planeación y Desarrollo Pesquero.Dejó el Gobierno Federal en 1991 y se incorporó a las organizaciones de la sociedad civil en lucha por la democracia. Fue presidenta de ACUDE (Acuerdo Nacional para la Democracia), participó en la creación y fue parte de la primera coordinación de Alianza Cívica, socia fundadora de GIMTRAP y de Causa Ciudadana APN y actualmente es presidenta fundadora de Iniciativa Ciudadana y Desarrollo Social, INCIDE Social AC.Fue miembro del Comité Técnico para la Auditoria del Padrón Electoral en 1994 y directora del Registro Federal Electoral en 1997. Coordinó los trabajos técnicos para la participación de México en la Conferencia de la Mujer en Beijing de1995.Participó como Secretaria de Desarrollo Social en el primer gobierno democrático del Distrito Federal de 1997 al 2000.En 2003 fue una de los cuatro expertos encargados de la elaboración del Diagnóstico sobre la Situación de los Derechos Humanos en México para la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas en la materia, encargándose de varios apartados del Capítulo de DESC y del relativo a derechos humanos de las mujeres. En 2008 colaboró en el diagnóstico de derechos humanos de Guerrero con el capítulo sobre DESC.En 2004 y 2005 coordinó la elaboración de un análisis sobre la Realidad Social en Ciudad Juárez, y de 2006 a 2009 promovió y participó en los Comités Conciudadanos para la Observación y la Reforma Electoral. Participa como docente y conferencista en varios diplomados en los temas de Desarrollo y Política Social, Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Políticas hacia las Familias, Desigualdad Social, Sector Informal y mercados de trabajo y Desarrollo de la Sociedad Civil.Es miembro del Seminario de la Cuestión Social de la UNAM, de la Sociedad Mexicana de Demografía, del Consejo del Observatorio de Política Social y Derechos Humanos, Consejera de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), miembro titular del Seminario de Cultura Mexicana; y ahora miembro del Consejo Consultivo Ciudadano de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM).