En 1918, tras la derrota de las potencias centrales en la Primera Guerra Mundial, se crea la República de Checoslovaquia y los judíos se incorporan plenamente a la vida social, política y económica del nuevo país, que era una potencia emergente en la nueva Europa. En ese importante período, marcado por el renacimiento nacional checo, se organizó un partido judío que llegó a ser parlamentario con dos escaños, se realizaron varios congresos sionistas y hubo, en un hecho casi único en Centroeuropa, hasta cuatro judíos en los gobiernos checoslovacos.

Este ascenso social y político de los judíos se vio interrumpido por el Pacto de Munich, en 1938, y por la posterior ocupación del país, como consecuencia de la “rendición” franco-británica a las aspiraciones de Hitler, que les entregaron los Sudetes checos a Alemania. Comenzaba el «desguace» de la antigua Checoslovaquia. Eslovaquia también sería desmembrada de Checoslovaquia y se convertiría en un Estado de corte fascista y colaboracionista bajo la égida de la Alemania nazi. Luego, en marzo de 1939, Bohemia y Moravia serían ocupadas por los alemanes y comenzaría el consabido calvario de los judíos que quedaban atrapados en estos territorios y otras zonas de Europa. Nadie pudo prever la catástrofe que se avecinaba, la marea nazi que engulliría los sueños y anhelos de varias generaciones. Como en otras partes de Europa, el maltrato a los judíos comenzó al día siguiente de la ocupación alemana.

En 1939 vivían en el territorio de lo que sería la actual República Checa unos 125.000 judíos como máximo, aunque a esta cifra habría que añadirle la de miles de judíos refugiados procedentes de Alemania, Austria, Hungría, Polonia y otros países que habían huido de los nazis y sus gobiernos colaboracionistas.  Las medidas contra los judíos en esta parte de Europa fueron las primeras tomadas por los nazis si exceptuamos a Alemania, ya que los Sudetes fueron ocupados en marzo de año 1938 a raíz del ya citado Pacto de Munich, por el que Francia y el Reino Unido dejan a los nazis ocupar este territorio a cambio de una momentánea paz, tal como se vio después, y que Checoslovaquia dejó de existir el 15 de marzo de 1939, mucho antes del ataque de Hitler a Polonia, en septiembre de 1939.

El triste final de la Praga judía

Conviene recordar que en Praga se instaló uno de los principales arquitectos de la “solución final”, Reinhard Tristan Eugen Heydrich y, cuyo asesinato en mayo de 1942 a manos de un comando checo formado en el Reino Unido, provocó una gran matanza en este país cifrada en más de 10.000 personas, incluyendo ancianos, mujeres y niños.

También, como represalia por el crimen, que conmocionó a Hitler por el respeto que sentía por este brutal criminal sin escrúpulos conocidos, fueron borrados de la faz de tierra los pueblos checos de Lídice y Ležáky, a los de los nazis atribuyeron falsamente el origen de los integrantes del comando.

Como tantos otros monstruos de la historia, Heydrich murió matando. Su responsabilidad en miles de crímenes, deportaciones, matanzas y desplazamientos forzados de miles de civiles indefensos está sobradamente probada. Praga sufrió hasta su asesinato la persecución, la deportación y el maltrato de los miles de judíos que quedaron atrapados en esta pequeña ergástula.

En un período de tiempo relativamente corto a los judíos se les prohibía ejercer casi todas las profesiones, fueron expulsados de casi todas las organizaciones e instituciones y los alumnos judíos, incluyendo los niños, eran excluidos de todas las escuelas, universidades y centros científicos. También se prohibió a los judíos viajar, mudarse de ciudad, entrar en cafeterías y restaurantes, salir a la calle después de las 20 horas, escuchar la radio, leer periódicos, comprar tabaco, tener animales domésticos y comprar raciones alimenticias, entre otras medidas excluyentes. Entre 1941 y 1945, siguiendo los pasos de otras comunidades judías que serían exterminadas por los nazis, más de 45.000 hebreos de la ciudad de Praga fueron enviados al gueto de Terezín, donde serían asesinados en su gran mayoría o enviados a otros centros de la muerte.

Recordar, sin embargo, que una buena parte del legado material de los judíos se salvó debido a que los nazis pretendían construir una suerte de museo de la barbarie judía una vez que la vida de esa comunidad se hubiera extinguido para siempre tras el humo de los campos de concentración.

Miles de objetos, cuadros, libros, documentos, fotografías y recuerdos de los judíos enviados a la muerte fueron apilados literalmente en unas dependencias del Museo Judío y así quedaron hasta el final de la guerra, en que fueron ordenados e instalados en las vitrinas de esta institución, que dicho sea de paso funcionó hasta el año 1939. Manteniendo casi un trabajo semiclandestino, los empleados salvaron este patrimonio para la posterioridad, pero no pudieron salvar sus vidas: en el año 1944 todos fueron enviados a Terezin y Osvetim, donde fallecerían la mayoría de ellos. En 1949, el Museo fue reabierto y dichos objetos pudieron contemplarse; más tarde, en 1950, la institución fue nacionalizada por las autoridades comunistas y hasta la década de los 90 no sería completamente renovado y remozado. Hoy puede ser visitado libremente y la institución muestra una gran vitalidad.

Desarrollo y balance del Holocausto checo

Volviendo al pasado, debemos recordar que siguiendo patrones previamente establecidos por los nazis para proceder a la «solución final», aunque muchas veces improvisando matanzas espontáneas y caprichosas contra los judíos, las comunidades hebreas eran agrupadas antes de ser exterminadas para facilitar el trabajo criminal, tal como lo describe la Enciclopedia del Holocausto del Museo Memorial de Washington: «A partir de 1942, las autoridades de las SS deportaron a los judíos desde Theresienstadt a otros guetos, campos de concentración y campos de exterminio en la Europa oriental bajo ocupación nazi. Las autoridades alemanas asesinaban a los judíos cuando llegaban a los ghettos de Riga, Varsovia, Lodz, Minsk y Bialystok, o los deportaban a los campos de exterminio. También salían transportes de Theresienstadt directamente hacia los campos de exterminio de Auschwitz, Majdanek y Treblinka. Decenas de miles de personas morían en el gueto, en su mayoría a causa de enfermedades o de hambre. En 1942, la tasa de mortalidad dentro del gueto fue tan alta que los alemanes construyeron, en la parte sur, un crematorio con capacidad para recibir casi 200 cuerpos por día».

Los cálculos que hace Yad Vashem sobre los judíos asesinados, muertos en condiciones infrahumanas y deportados  a los campos de la muerte estiman que «hasta su liberación en mayo de 1945 pasaron por Terezín 155.000 judíos. 35.440 perecieron en el gueto y 88.000 fueron enviados a campos de exterminio». En definitiva, Theresienstadt o Terezín fue un campo de exterminio o de paso para el mismo fin muy parecido a otros que operaban en Europa del Este, sobreviviendo apenas unos 25.000 de sus encarcelados en todas las diferentes épocas.

La mayor parte de los judíos checoslovacos murió en dos campos de concentración: el tristemente conocido de Auschwitz y el ya citado de Terezín o Theresienstadt, en territorio checo, cercano a Praga, y se encuentra un museo que se puede visitar. Se tienen noticias de que otros 60.000 judíos checos fueron llevados a varios guetos de la Polonia ocupada por los nazis y de los que nunca volvieron. El 90% de los 15.000 niños concentrados para su deportación en Terezín murieron durante el Holocausto, dejando para la posteridad sus 4.500 dibujos de ese tiempo terrible en el Museo Judío de Praga.

Al terminar la Segunda quedaban con vida unos 18.000 judíos checoslovacos, es decir, apenas un 12% de la población que había en la década de los años treinta, constituyendo una de las mayores pérdidas de población en los territorios ocupados por los nazis, aunque la cifra habría que matizarla porque algunos miles llegaron a escapar hasta Italia y Suiza y escaparon de las garras homicidas de los nazis. Tras la llega al poder de los comunistas en Checoslovaquia, en 1948, los escasos judíos que quedaban en Praga tampoco lo tuvieron nada fácil: fueron excluidos de la vida política e incluso algunos de ellos que habían luchado contra los nazis fueron juzgados en una serie de procesos de impronta estalinista y antisemita.

Más tarde, la guerra de los Seis Días, en 1967, provocaría un clima de mayor rechazo hacia el mundo judío y más concretamente contra Israel. No obstante, la vida judía era muy reducida y los censos de los años 50 señalan que en toda la antigua Checoslovaquia vivían apenas 17.000 judíos, cifra que posteriormente se vería reducida y muchos de ellos emigrarían hacia y los Estados Unidos. La invasión soviética del país, en 1968, provocó otra oleada migratoria hacia Occidente. En 1970, tras el aplastamiento de la Primavera de Praga (1968) por los tanques soviéticos, apenas quedaban unos 7.000 judíos en la República Checa; la mayor parte de los que se marchaban lo hacían hacia los Estados Unidos e Israel. Hoy, según datos de la comunidad judía, quedarían en todo el territorio de la República Checa, incluyendo a Praga, unos 3.900 judíos, una cifra insignificante para lo que en el pasado fue esta notable presencia hebrea.

Termino recordando que en la sinagoga de Pinkas de Praga están inscritos en sus paredes, a mano según recuerdo y pintados bellamente, los nombres de más de 77.297 judíos checos y moravos que fueron asesinados durante la ocupación alemana de los territorios de la República Checa. El lugar, en pleno barrio judío, es uno de los más bellos de la ciudad y el listado de asesinados en el Holocausto incluye su fecha de nacimiento, el lugar donde fueron deportados y el de su fallecimiento, bien en las cámaras de gas o por los malos tratos recibidos. Imperdible.

Fotos: Viejo cementerio judío de Praga y sinagoga Pinkas

Fuentes consultadas:

Museo Yad Vashem, centro de documentación:
www.yadvashem.org/es/holocaust/encyclopedia/theresienstadt-checo-terezin.html

Enciclopedia del Holocausto del US Holocaust Memorial Museum:
encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/theres
ienstadt