El Rabino Natan Vajtpoiguel, contó que una vez se detuvo a observar a un grupo de niños que estaban jugando. Se acercó a ellos y les preguntó sobre el tipo de juego en el que estaban jugando. Los niños lo rodearon y le contestaron que estaban jugando a “las escondidas”.
¿Y cuáles son las reglas de este juego?, siguió preguntando el Rabino.
Los niños comenzaron a explicarle: uno de ellos debe esconderse, y una vez oculto, todos los demás tienen que buscarlo… ¿Y cuál es el resultado del juego?, preguntó el Rabino. ¿Acaso logran encontrar al niño que se esconde?
Seguro, le contestaron. Si nosotros buscamos bien, y nos esforzamos para encontrarlo, normalmente conseguimos lo que esperábamos. Rodeamos todos los lugares posibles hasta dar con el niño escondido.
El Rabino Natan se apresuró para regresar a su casa. Se paró en el medio del salón de estudio y comenzó a dar una conferencia sobre el juego de “las escondidas”.
Vean ustedes, por favor, mis queridos “alumnos”, todo el tiempo nosotros decimos que vivimos en una época en que Dios está “oculto”, y en general, esto nos causa una debilidad espiritual, haciendo que bajemos los brazos.
Porque pensamos que Dios se esconde, se escapa de nuestra vista, y entonces, ¿qué podemos hacer?, ¿de dónde podemos sacar fuerzas para elevarnos?
Pero, observando bien la conducta de los niños, dijo el Rabino a sus alumnos, descubriremos que no tenemos nada que temer… ya que, si Dios se esconde, tenemos en nuestras manos la posibilidad de buscarlo, buscar y buscar, y al final, con seguridad, lo encontraremos…
Y esta es la premisa fundamental que nos toca reforzar y aplicar en estos días. No sentir miedo ante esta realidad, donde Dios no está tan a la vista, donde hace falta mirar con lupa para ver los milagros que, desde luego, sigue haciendo.
En lugar de pensar en el ocultamiento, debemos transportarnos a una situación de “revelación”, o, de acuerdo con lo que escribieron nuestros sabios, de bendita memoria, a un estado de “luz”. Y el que esté decidido a buscar a Dios… lo encontrará.
Hasta los niños más pequeños y simples, ya saben, que cuando uno de sus amiguitos se esconde, es necesario buscarlo, ¡y lo encuentran!
La finalidad de la Creación es que el reconocimiento hacia Dios sea una gran revelación que ilumine y marque el camino a toda la humanidad.
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