El negro, un no color para algunos y signo del vacío original para otros, tiene una digna de ser rememorada. En primer lugar y para la astrología clásica está relacionado con Saturno, el dios grecorromano que devora a sus propios hijos. Preside a la par la lejanía y el submundo, vaga por los muchos infiernos y alude a la tierra yerma e invernal. La nigredo era, para los alquimistas occidentales, el estadio previo a cualquier metamorfosis química o metálica. Si nos detenemos aquí podremos observar ciertas y notables correspondencias: los miembros y soldados del IS, algunos de cuyos jefes se especializan en decapitar, degollar, violar y masacrar a poblaciones enteras, devora en efecto a sus propios hijos. Todos son iraquíes pero unos cuantos deciden por la mayoría inerme. Su vocación infernal lo lleva, como grupo, a destruir aquello que  encuentra sobre la faz del mundo oscureciendo cada paisaje con el lúgubre ánimo de su venganza. Sus hábitos absorben toda luz y no devuelvan nada, se creen a la vanguardia y en realidad están a la zaga de todo movimiento revolucionario. Más atrás no se puede estar.

La decapitación del periodista norteamericano es, a su juicio, la escenificación perfecta de sus rituales de destrucción: los considerados enemigos son ganado, ovejas, no son seres humanos. Criaturas destinadas al matadero. El móvil es el odio y el despecho. En su caso el Islam es el pretexto, una falsa marca de agua, ya que lo que importa es la imposición del crimen y la tiranía por la fuerza. Entre los fascistas que en el siglo XX vestían la camisa negra también hubo asesinos y delirantes del mismo calibre, sólo que surgidos de los jardines y las academias de la ilustrada Europa. Tras la insaciable guillotina, cansada de una sangre de décadas, esa Europa dejó de degollar, y tal vez por eso hoy le repugna ver en las redes sociales el sacrificio de James Foley y lo considera el colmo de la barbarie. Más que ofender a los occidentales lo que el IS busca es seducir a los resentidos, atraer a los fanáticos, sumar a sus filas a cuanto criminal se encuentre sin trabajo, destino ni propósito. Le prometen acciones en la sociedad anónima del desprecio y por supuesto un lugar en el paraíso de las brillantes huríes si mueren combatiendo.

Que parte de los iraquíes y en especial los kurdos lo estén enfrentando en nombre de no se sabe bien qué, es, no obstante, alentador, porque hasta que Islam moderado-si lo hay-no tome en serio las riendas de la guerra contra quienes lo desprestigian día a día, hasta que altos oficiales sauditas, iraníes, egipcios y de otros países musulmanes no se alíen contra el IS, sus propias vidas se verán amenazadas por su negra marea. Tal es el plan, ése el interés de los perversos soñadores del califato. Anegarlo todo. No hay que pasar por alto en ningún momento que la palabra asesino, de hashashin, consumidor de hachís, surgió y se expandió en esa zona del mundo bajo el patronato del Viejo de la Montaña, un líder oculto y seductor. A quienes no tienen nada que perder no les importa tampoco tener poco y nada que ganar, les basta con una magra pitanza y las armas que le concedan la autoridad y la prepotencia que disimulen, por un tiempo, su impotencia y la miseria en la que ha nacido y de la que no consigue salir. Cuando un ejército de desarrapados lucha por su libertad y su dignidad tiene, pese a las piedras del camino, alguna opción de éxito. Pero si el móvil de su lucha es el crimen puro y duro, si únicamente lo mueven la maldad y la intransigencia, si esclaviza y maltrata a los ancianos y a las , ya puede ir contando los días de su existencia. El negro que enarbola acabará por devorarlo a él en la noche sin fin de los siglos. Carbonizado por el fuego que contribuyó a desatar.

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Poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se trasladó a Jerusalén para estudiar Cábala y en 1978 se estableció en Barcelona, donde se licenció en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre Cábala con su profesión de escritor.Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981).En 1976 inició la publicación de Planetarium, serie de novelas que por el momento consta de cinco volúmenes: Sol, Luna, Tierra, Marte y Mercurio, intento de obra cosmológica que, a la manera de La divina comedia, capture el espíritu de nuestra época en un vasto friso poético.Sus ensayos más conocidos son El arte de la naturaleza, Umbría lumbre y El ábaco de las especies. Su último libro, Azahar, es una novela-ensayo acerca de la Granada del siglo XIV.Escritor especializado en temas de medio ambiente, ecología y antropología cultural, ofrece artículos en español para revistas y periódicos en España, Sudamérica y América del Norte.Colaborador de DiarioJudio, Integral, Cuerpomente, Más allá y El faro de Vigo, busca ampliar su red de trabajos profesionales. Autor de una veintena de libros e interesado en kábala y religiones comparadas.