Diario Judío México - Hace un par de semanas cayó en nuestras manos un ejemplar del libro “Detrás del Silencio”, escrito por Hellen Soriano. Nos acercamos a ella para platicar sobre este libro y ver qué hay realmente detrás del silencio.

Foro Judío: Nos inquieta mucho el título, ¿cómo fue que pensaste en él y qué significa?

Hellen Soriano: Una de las cosas que más me impactó durante mis vistas a Cuba fue el sentimiento que me compartieron más de una vez las personas con las que hablé estando allá de la importancia que tiene para ellos el saberse escuchados, el estar seguros de que alguien de fuera de la isla los recuerda y los lleva en sus pensamientos. Eso me llevó a imaginar una gran barrera detrás de la cual están ellos, con unas voces que difícilmente pueden ser escuchadas más allá de las fronteras de su país. Creo que ya llegó la hora de que esas sean escuchadas.

FJ: ¿Y pensaste entonces que era importante ser portadora de sus voces?

HS: Ésa sería una encomienda demasiado grande, pues ellos son muchos y tienen mucho que decir. No puedo ser yo quien hable por todos, pero sí tenía una historia que contar y ésta fue mi forma de hacerlo.

FJ: ¿Cuándo estuviste en Cuba? ¿Cómo fue que llegaste a la isla?

HS: La primera vez que estuve allá fue en diciembre de 2005. Me invitaron Dan Simionescu y Jaime Bernstein del Comité Anshey Cuba, parte de la Fundación Saltiel. Este Comité es el que se encarga de llevar ayudas a nuestros hermanos en la isla.

FJ: Sabemos de él, ellos son quienes han impulsado la campaña “Adopta una familia judía en Cuba”…

HS: Así es, y fue también gracias a ellos que encontré a algunos parientes en Habana, de los cuales no teníamos conocimiento. La segunda vez que fui…

FJ: ¿Cuándo fue eso?

HS: Pocos meses después, en junio de 2006. Esa vez me acompañó Nicole, mi hija, pues me era muy importante que también ella fuera testigo de todo lo que yo había vivido y que también ella conociera a estas personas que eran de su familia.

FJ: ¿Qué opinó ella de todo esto? ¿En qué forma le impactó el viaje?

HS: Te puedo asegurar que es un viaje que jamás va a olvidar (ni tampoco yo). Ir a Cuba es algo que no cualquiera aguanta, es transportarte a un pasado que quedó congelado a finales de los años 50 y no avanzó más. Se asemeja a llegar a una zona de guerra sin tener las armas sicológicas para enfrentar esa experiencia casi bélica. Pero en cuanto a lo que nos causó mayor impacto supongo que hay muchas escenas…

FJ: Pero la más inolvidable…

HS: Fue la mañana que estábamos las tres, mi hija, yo y Deborah, nuestra prima cubana, paradas frente a una tumba en el panteón sefaradí de Guanabacoa.

FJ: ¿Por qué? ¿Qué decía la lápida?

HS: Susana Soriano y una fecha. Una simple lápida con un nombre y una fecha en 1943.

FJ: ¿Qué les representaba eso?

HS: No sólo era prueba contundente de que los Soriano habían vivido y muerto ahí, sino que esa mujer, fallecida hace casi 70 años, hizo que mi hija y Deborah, que apenas se habían conocido un día antes, encontraran a esa bisabuela en común que las volvía innegablemente familia.

FJ: ¿Sabías que iban a encontrar algo así?

HS: No podíamos ni sospecharlo. Una cosa es saber que Alberto Soriano, mi suegro, salió de Cuba y otra más, muy diferente, es encontrar la tumba de su abuela allá.

FJ: Te pone a pensar muchas cosas, ¿no?

HS: Sobre todo que tenemos mucha suerte. Suerte de vivir en un país en el que no tienes que negociar la libertad pues la vives todos los días. Y también lo opuesto, claro. Que la gente que ha vivido ahí ha tenido que pasársela “resolviendo problemas” para sobrevivir diariamente, algo que a nosotros no nos toca hacer.

FJ: Pero volviendo al libro, ¿es ésa la historia que cuentas? ¿La de la familia Soriano de Cuba?

HS: Mira, no puedo dejar de mencionar a la familia, pero creo que más que una historia personal, lo que cuento es la historia de todos los judíos que viven ahí.

FJ: ¿Es una misma historia, la de todos?

HS: Tiene muchos elementos en común, eso ni qué negarlo, pero obviamente cada vida es diferente, cada quien tiene su propia historia que contar.

FJ: Lo común es lo vivido en las últimas cinco décadas, la inmersión en ese sistema de gobierno, lo no común es lo que traía cada quien de sus lugares de origen… ¿algo así como las diferentes comunidades que conforman al yishuv mexicano?

HS: Hasta cierto grado, sí. Aunque hoy por hoy creo que sería muy difícil, o mejor, muy ambicioso, pretender que los judíos de Habana se definan de acuerdo a la comunidad de su origen. Han habido muchos matrimonios mixtos, supongo que obligados por varios factores. En un principio por la prohibición del gobierno de practicar cualquier religión, lo que llevó a que ésa no fuera una consideración a la hora de escoger a una pareja, y ahora probablemente porque son tan pocos los que quedan que no hay posibilidad de que todos encuentren a sus cónyuges dentro de la comunidad.

FJ: ¿De cuántos judíos estamos hablando?

HS: No tengo el número exacto pero yo lo calcularía en unos mil.

FJ: Quedan muy pocos…

HS: Claro, en números totales probablemente 1,000 suene como una comunidad pequeña, pero cuando se trata de ayudarlos, conseguir ayuda para todos es una tarea formidable. Antes de la revolución del ’59 seguramente había 15,000 o más.

FJ: ¿Y qué sentiste cuando hablaste con la gente de allá? ¿Dónde pudiste convivir con ellos? ¿Cómo es que llegaste a conocer sus historias?

HS: Es un honor, creo que aunque suene exagerado no podría definirlo de otra forma. Son gente casi súper humana, capaz de soportar privaciones y carestías que creo que nosotros somos demasiado suaves para aguantar. Y en cuanto a conocerlos, acompañé a Jaime y a Dan a los diferentes templos a repartir las ayudas. En lo que ellos trabajaban, porque eso sí, hacen su trabajo con una entrega y responsabilidad enormes, yo me dediqué a platicar con cuanta gente pude.

FJ: ¿Incluyes en el libro estas historias?

HS: Sí, algunas que me tocaron el corazón muy especialmente.

FJ: ¿Como cuáles?

HS: No quisiera contar demasiado, pero te puedo decir por ejemplo que hablé con un sobreviviente del Holocausto, creo que él es el único sobreviviente que hoy en día vive en Cuba. Una historia suficientemente interesante como para hacer una película tan sólo de su vida: entre campos de concentración, trabajos forzados, reubicaciones a este continente después de la guerra, qué te digo, hay mucha tela de dónde cortar.

FJ: ¡Qué vida!

HS: ¿Verdad? Y también conocí a un par de hermanas bastante mayorcitas (en aquel entonces tenían 81 y 91 años), viviendo en una casa que me recordó a la que alguna vez tuvieron mis abuelos en Cuernavaca.

FJ: ¿Qué te impactó de ellas?

HS: Quisiera que leyeras su historia, pero te puedo adelantar un detalle. Íbamos con Adela Dworin, que hoy es presidenta de la comunidad cubana y al salir pasamos por el jardín. Una masa de vegetación fuera de control pues ninguna de ellas dos tiene la posibilidad de mantenerla en orden ni hay dinero para pagarle a alguien que lo haga. Con las ramas queriéndose meter en nuestros ojos, de repente oímos a Adela exclamar ¡higos!

FJ: ¿Qué eran?

HS: Efectivamente eran higos, pero no creo que hayan medido más de un centímetro, además de estar totalmente amarillos. En el libro menciono incluso que más me parecían limoncitos. Pero Adela se los comió como si fuera una delicadeza culinaria. “Hace años que no me comía un higo”, nos dijo. Creo que estrictamente hablando sigue sin comer un higo pues lo que probó ese día quién sabe a qué le habrá sabido…

FJ: Aprendes a apreciar lo que tienes…

HS: Día con día, hay que dar gracias por muchísimas cosas.

FJ: Gracias a ti por habernos hablado sobre tu libro, seguramente nuestros lectores querrán saber dónde o cómo conseguirlo.

HS: Llamen al 5211-9161 al Comité Anshey Cuba, es la manera más fácil.

FJ: Excelente idea, se lo recomendamos ampliamente a todos nuestros lectores. Es un tema que a todos nos tocará muy de cerca y vale la pena adentrarse en él.

HS: Gracias a ustedes, me encantaría tener la opinión de los lectores una vez que lo lean. Hay mucho que comentar.

Photo Hellen Soriano

Acerca de Hellen Soriano

Directora de la Asociación Mexicana de Amigos de la Universidad Hebrea de Jerusalem, anteriormente, Directora de Prensa, Comunidad Monte Sinai.

Licenciatura en Administración de Empresas, Pace University, Nueva York y Maestría en Comunicación, Universidad Iberoamericana.

Escritora y periodista.

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