Diario Judío México - A mediados del siglo pasado, Groucho Marx comentó con su característico judío neoyorquino: “La vejez no es un tema demasiado interesante. Cualquiera puede envejecer, lo único que necesitas es vivir el tiempo suficiente”.

La punch line marxista aludía a la escasa probabilidad, en aquel entonces, de que el promedio de sobrevida de la población mundial alcanzara siquiera la sexta década de la vida.

Sin embargo, hoy día, las poblaciones de países desarrollados —y de algunas economías emergentes (, por ejemplo)— documentan expectativas de supervivencia de 10 a 15 años superiores a las de hace medio siglo.

No es ningún secreto ahora que en la medida en que la humanidad se hace más vieja y el porcentaje de carga demográfica de la vejez se coloca en una posición cada vez más amplia y creciente, la incidencia de enfermedades, que raramente afecta a jóvenes y adultos jóvenes, tiende a multiplicarse.

Entre estos trastornos de salud destaca un grupo de alteraciones cerebrales que se conocen como demencias. De todas ellas, la enfermedad Alzheimer ocupa el ominoso primer lugar, tanto por su frecuencia como por lo devastador de sus manifestaciones.

Lo alarmante del caso es que, con todo el montón de teorías que se ha gestado durante los últimos 30 años acerca del Alzheimer, un hecho se mantiene constante: todos los medicamentos orientados a detener el proceso mórbido de esta horrible enfermedad no han dejado de fracasar, sobre todo en las investigaciones de gran escala.

Los enormes costos de estos fracasos, sin tomar en consideración las esperanzas frustradas de los pacientes y sus familiares, pudieran haberse evitado si esos mismos resultados negativos se hubieran mostrado a través de investigaciones más pequeñas y menos onerosas.

Al menos ésta es una de las conclusiones a las que ha llegado Lon Schneider, director del Centro Clínico y de Investigaciones sobre la Enfermedad de Alzheimer de la Universidad del Sur de California, quien es coautor de un reciente análisis de un conjunto de investigaciones sobre dicho padecimiento: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3321732/.

De acuerdo con datos obtenidos en ensayos previos, se hallaron resultados sintomáticos positivos con algunas sustancias.

Por ejemplo, recientemente, un grupo de pacientes tratados con dosis óptimas durante tres años utilizando un anticuerpo humano conocido como IVIg se estabilizó cognitivamente, mientras que otros enfermos que recibieron solamente placebo seguían deteriorándose. Además, las imágenes de pacientes tratados con dicho anticuerpo mostraron que sus cerebros se habían encogido menos que el de los otros.

Esto significa, según Schneider, que tal vez no debería tomarse con tanto pesimismo los resultados de los ensayos que están haciéndose con diferentes sustancias y medicamentos para tratar el Alzheimer, sino que lo que se necesita es reorientar y redefinir qué es lo que se trata de lograr y cuáles son los objetivos específicos para determinados grupos de pacientes en distintas etapas de la enfermedad.

*Aviso: a partir de la próxima semana, “Capital mental” dejará de publicarse los días martes para trasladarse a los jueves. A quienes nos leen, por el motivo que sea, quiero expresarles mi sorprendida gratitud.

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Formación Académica:Medico-Cirujano (UNAM)Especialista En Psiquiatria (UNAM)Maestro En Medicina Social (Universidad Autonoma Metropolitana)Diplomado En Derechos Humanos (Universidad De Colima)Actividad Profesional Actual:Responsable Del Programa De Salud Mental Del Consejo De Salud Del Estado De Colima (Ssa)Psiquiatra De La Clinica Hospital Miguel Trejo Ochoa Issste, Colima, Col.Miembro Del Comité Editorial Nacional De La Revista Salud Mental