Diario Judío México - Las cifras de personas que a diario se suicidan son impresionantes. Cada 40 segundos, según la Organización Mundial de la Salud, alguien hace algo definitivo para acabar con su existencia.

El comportamiento suicida es esencialmente humano y se ha registrado a lo largo de la historia. Sin embargo, hay regiones, países, etapas de la vida y otras circunstancias que hacen del suicidio un hecho diferenciable. Por ejemplo, no todos los suicidas, aunque parezca paradójico, desean morir; ni tampoco, aquellos que aceptan y expresan la voluntad de quitarse la vida son –ni deberían ser tratados- como enfermos mentales.

Cuando en el 2003 se decidió que el 10 de septiembre fuera el día internacional dedicado a la prevención del suicidio, cuatro países de Europa Oriental acaparaban los primeros lugares. En el otro extremo, América Latina mostraba las tasas más bajas junto con países musulmanes. De África nada se sabía.

Diez años después, el panorama epidemiológico poco ha cambiado a pesar del esfuerzo de muchos individuos, organizaciones civiles, asociaciones de salud mental y algunos gobiernos.

es un ejemplo del reducido o nulo impacto de las campañas contra el suicidio, ya que aún cuando no existe una política nacional para evitar que los mexicanos se quiten la vida por su propia mano, el INEGI reporta que menos de cuatro habitantes de cada 100,000 se suicidan anualmente, mientras que en Corea del Sur y Japón son más de 40 personas de cada 100,000, aun cuando ambos países realizan campañas intensivas, bien financiadas y organizadas para prevenir los suicidios.

Dicen los expertos que es la causa más común de muerte entre los 15 a 24 años de edad. Tan es así, que más jóvenes acaban suicidándose que siendo víctimas de asesinatos y guerras. Aún cuesta trabajo entender que casi la mitad de las muertes violentas en la juventud se deban a suicidio.

Se calcula que al final de esta década morirán 1.5 millones de personas, cada año, por auto-eliminación.

¿Y los viejos se suicidan?

Cada 90 minutos, una persona de 65 años o más acaba con su vida; 16 muertes diariamente, que significan la quinta parte del total de suicidios. Y aunque poco se dice al respecto, los viejos se suicidan dos a tres veces más que los jóvenes. Además, debe sumarse el “suicidio silencioso” que se inicia cuando el viejo decide dejar de tomar sus medicamentos u opta por sobredosificarse, se niega a comer y a tomar agua.

También ocurren “suicidios dobles” cuando se involucra a la pareja y ambos se quitan la vida en una acción concertada. Los viejos, en general, tienen menos probabilidades de ser encontrados con vida y asistidos después de un acto suicida debido al aislamiento social, su fragilidad biológica y al empleo de métodos letales.

A final de cuentas, la desigualdad socio-económica preponderante, el creciente desempleo y la incertidumbre de oportunidades hacia el futuro son los factores de riesgo suicida más poderosos en los tiempos que nos toca vivir.

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Formación Académica:Medico-Cirujano (UNAM)Especialista En Psiquiatria (UNAM)Maestro En Medicina Social (Universidad Autonoma Metropolitana)Diplomado En Derechos Humanos (Universidad De Colima)Actividad Profesional Actual:Responsable Del Programa De Salud Mental Del Consejo De Salud Del Estado De Colima (Ssa)Psiquiatra De La Clinica Hospital Miguel Trejo Ochoa Issste, Colima, Col.Miembro Del Comité Editorial Nacional De La Revista Salud Mental