Diario Judío México - La Semana Santa y la Pascua judía (Pésaj) son una buena oportunidad para examinar el desarrollo de las relaciones judeo-cristianas, principalmente con la Iglesia católica, desde la última mitad del siglo pasado.

El acercamiento inició en los años 60 bajo el liderazgo del papa Paulo VI cuando el Segundo Concilio Vaticano emitió la Declaración Nostra Aetate (octubre, 1965), referente a las relaciones entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas.

En cuestión de las relaciones judeo-cristianas, en su artículo 4º, la declaración rechaza la idea de que todos los judíos de la época de Jesús, los que siguieron y los de la época actual sean responsables de la muerte de Jesús y, deplora el odio, las persecuciones y las manifestaciones antisemitas en contra de los judíos.

Otro acercamiento muy significativo se dio en el papado de Juan Pablo II, quien cultivó el diálogo con los judíos, a quienes llamó “nuestros hermanos mayores” y fue el primer Pontífice que visitó una sinagoga —en 1986 realizó una visita histórica a la Gran Sinagoga de Roma.

Más adelante en diciembre de 1993 se firmó el Acuerdo Fundamental entre y la Santa Sede que condujo al establecimiento de relaciones diplomáticas con el Vaticano, marcando la cima del proceso—.

En las últimas décadas se estableció el diálogo interreligioso, encabezado por representantes de las diferentes corrientes del mundo cristiano por un lado y del Gran Rabinato de por el otro. Uno de los canales de diálogo más importantes es la Comisión Bilateral para las Relaciones Religiosas. Esta comisión judeo-católica —en la que participan altos dignatarios del Vaticano y del Rabinato de — celebró a finales de marzo en Jerusalén su última reunión, encabezada por el cardenal Jorge María Mejía y el Rabino Shear Yashuv Cohen. En este encuentro, el décimo hasta el momento, los participantes debatieron los desafíos que la laicidad plantea a la fe religiosa, principalmente ante fenómenos como el consumismo desenfrenado, ante el enfoque exagerado en el individuo a expensas de las necesidades colectivas o el nihilismo social —todos ellos, naturalmente, acompañados por otros valores positivos que ha traído la laicidad—. La Comisión se enfocó en el papel de la fe y del liderazgo religioso para encontrar la forma de replicar y enfrentar éstos y otros fenómenos negativos, con base en el bien común y a las obligaciones de la sociedad humana.

De hecho, el diálogo interreligioso ha debatido a través de los años varias cuestiones éticas y morales así como la postura de las diferentes bases y fundamentos religiosos ante esos dilemas. Entre esos temas cabe recordar categorías como el valor de la vida humana o la relación de las religiones con la inseminación artificial y con la biotecnología (que ocupan, como se sabe, la manipulación genética).

Además del gran mérito que naturalmente tiene el debate sobre temas éticos y morales, el diálogo interreligioso difunde un claro mensaje de tolerancia y del énfasis de lo que tienen en común las religiones monoteístas y apoya de manera significativa a la creación de una nueva realidad en las relaciones judeo-cristianas y al combate al y a los prejuicios. En los últimos años se han llevado a cabo otros foros para el diálogo interreligioso, con la participación de representantes del mundo musulmán.

En la realidad actual es difícil minimizar el valor de estos intentos honestos de acercamiento, de diálogo y de entendimiento religioso.

* Artículo publicado en la columna “Ideas mediterráneas” en Excelsior el 22 de abril, 2011.
Rodica Radian-Gordon es Embajadora del Estado de en .