« es un país que me duele», asegura el escritor Eduardo Halfon sobre el país que le vio nacer hace 51 años y al que asegura que, a pesar de que sería más sencillo «vivir sin maletas ni cajas de mudanza», no volvería para quedarse, por los problemas estructurales que lo convierten en un lugar «difícil para vivir y aún más para volver».

Halfon (Ciudad de , 1971) vive en la «diáspora» desde hace muchos años, un estado que suele estar presente en su literatura, explica, y no logra «asentarse» ya que en su naturaleza está en la migración que comenzó cuando solo tenía diez años, y que le ha llevado a residir en Estados Unidos, Francia o, actualmente, Alemania.

“No hay un lugar en el mundo donde me sienta en casa. Soy guatemalteco porque nací en y porque mi familia sigue allí, pero es un país muy difícil y violento, con problemas como la falta de educación, de seguridad social, de medicinas, de infraestructura, la corrupción”, señala el escritor.

RELACIÓN A DISTANCIA CON LA LITERATURA CENTROAMERICANA

Para Halfon existen dos razones que explican su relación con la literatura de Centroamérica: la distancia y la “escasa comunicación literaria” entre los países de la región, algo que “puede solucionarse” con eventos literarios como el Festival Centroamérica Cuenta, celebrado esta semana en la Casa de América de Madrid, y del que fue ponente.

«El diálogo literario, político, social, el poder compartir ideas, el tener un escenario, es importante porque Centroamérica son pequeños países literarios. La unión nos hace más fuertes, y los convierte en una región literaria mucho más potente”, explica.

Halfon, que aportó su visión de la ficción y la memoria en el Festival, se adentra en el tema de la paternidad en su última publicación “Un hijo cualquiera”, un libro “escrito por un hijo que ahora también es padre”.

“Todas las memorias que suceden en mis relatos, las de la infancia, las familiares, las colectivas de un país o de un pueblo, suceden en mis relatos de forma interesante. Yo no describo las memorias, parto de ellas pero luego necesito ficción, es una literatura muy cercana a mi vida y a mi pasado”, indica.

Y pone como ejemplo a sus abuelos, presentes en sus libro “El boxeador polaco”, donde narra la supervivencia de su abuelo en el Holocausto o “Canción”, la historia de su otro abuelo libanés, que fue secuestrado por la guerrilla guatemalteca.

PREMIO LITERARIO AGRIDULCE

En 2018 Eduardo Halfon recibió uno de los reconocimientos más ansiados para un escritor, el Premio Nacional de Literatura de su país, que, en el caso de Guatemala, se trata de un premio que “ha tenido una historia complicada”.

“Me lo daba un gobierno con el que yo no simpatizaba, un premio que lleva el nombre de Miguel Ángel Asturias, a quienes los indígenas guatemaltecos consideran racista. No consideraba respetuoso rechazar el premio, por lo que lo acepté, pero busqué una solución para donar la parte económica a quien la necesitaba”, explica.

El escritor donó su premio a la organización no gubernamental Na’leb’ak, que promueve el empoderamiento de niñas y jóvenes de su país, y decidió entregarlo a mujeres debido al contexto que atravesaba en esos momentos, cuando “acababan de matar a 43 niñas de un asilo al que prendieron fuego”, y de esta manera quiso hacer referencia a un país “que no cuida a sus niñas”.

Halfon también se convirtió, en 2007, en uno de los seleccionados por el Hay Festival de Bogotá, como uno de los 39 latinoamericanos menores de 39 años más importantes, además de obtener en 2015 el premio Roger Caillois de Literatura Latinoamericana en Francia. EFE

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